El Vía Crucis de los ferrocarriles
Por Andrés Alejandro Andreis(*)

Quizás el error más grave que cometimos los ferroviarios -entre los cuales me incluyo- es habernos retirado escuchando las voces de sirena, que nos ofrecían retiros voluntarios con indemnizaciones que nos aseguraban realizar emprendimientos personales para un mejor bienestar económico. La mayoría no pudimos alcanzar esa meta. Los que fracasaban comenzaron a ingresar en el incipiente ejército de desocupados. Esta fue la primera prueba piloto de Menem y Cavallo para desprenderse de las empresas públicas, dejar el tendal humano afuera, para luego concesionarlas a grupos empresarios que iban a transformar al famélico ferrocarril del Estado, brindando servicios cómodos y eficientes, eliminando de esta forma $ 1.000.000 diarios de déficit que producía.

Al poco tiempo, puesto en marcha el ferrocarril privatizado, repintó con otros tonos las viejas locomotoras diesel y con logos espectaculares que distinguían a las nuevas empresas. Más adelante, se comenzó a notar la irresponsabilidad de los concesionarios al no cumplir los compromisos que significaban los cuantiosos subsidios que la Nación les otorgaba en compensación para levantar el gigante caído.>

A algunas empresas que explotaban el rubro cargas les fue mejor, porque utilizaron con mucha habilidad infraestructuras de vías, material rodante y tractivo que aún se encontraba en buenas condiciones. Pero el país todo sufrió el abandono de vías, depósitos, estaciones y talleres. Fue el crimen más organizado que se cometió contra los ferrocarriles.>

Domingo F. Cavallo, uno de los ideólogos de la destrucción de una de las empresas más grandes de Sudamérica, fijó su residencia lejos de la patria, no sin antes dejarla postrada económicamente.>

Que nadie se rasgue las vestiduras

En los primeros años de 1990, Menem, ofreció a las provincias la explotación de ferrocarriles dentro de sus respectivos territorios contando con el material rodante y tractivo disponible dentro de ellas. Muy pocas aceptaron el reto, como las provincias de Buenos Aires, Río Negro y la del Chaco, esta última con gran valentía y decisión creó la empresa provincial Sefecha que restableció en parte los trenes de pasajeros incluyendo la llegada a Los Amores en el extremo norte de Santa Fe. Los servicios fueron cubiertos con coches livianos adquiridos en España.

A los gobernadores del resto de las provincias no les interesó, ni tan siquiera preservar el rico patrimonio ferroviario que nos legaron los grandes constructores de nuestros ferrocarriles que contribuyeron a engrandecer la República. Los que ostentaban cargos en el Parlamento por entonces, callaron sumisos y obsecuentes en aquel fatídico 1989 levantando las manos para decretar la pena de muerte de los ferrocarriles estatales, a través de las mal recordadas leyes de Emergencia Económica y Reforma del Estado. El mea culpa de los que integramos el plantel técnico, administrativo y operativo de la Empresa es no haber defendido con fuerza, dignidad y entereza lo que era nuestra fuente de trabajo. La indiferencia de muchos intendentes, jefes comunales, senadores, diputados provinciales y nacionales que no hicieron oír su voz de protesta ante tamaña agresión contra los ferrocarriles.>

Pero la historia que hoy se está elaborando sobre estos hechos lleva implícitos muchos nombres que en la actualidad gozan de gran predicamento político, pero que en su momento callaron y fueron cómplices al permitir que sucumban muchos pueblos ante el retiro de este vital e insustituible medio de transporte. Por su parte, la prensa sensacionalista creaba el clima propicio con sus mordaces críticas, mientras la televisión, con algunos periodistas amigos del poder nos brindaban las recetas de la privatización.>

Finalmente, el Estado, aviesamente, para convencer a los usuarios que es inepto, cesa la inversión, precipitando anticipadamente al derrumbe de los ferrocarriles argentinos.>

Errática conducción ferroviaria

Con las erróneas privatizaciones perdimos muchos técnicos y obreros especializados, los ingenieros en ferrocarriles comenzaron a escasear, muchos emigraron y el interés en el estudio de la materia decayó ostensiblemente en la formación de nuevos técnicos e ingenieros ferroviarios. Entre los obreros de oficio, la mayoría se retiró y otros se jubilaron. De esta forma quedaron muy pocos operarios para reparar locomotoras, así como ingenieros en el departamento Vía y Obras señalización y cambios. íCuánto material humano se perdió que en la actualidad hubiese sido tan útil! Los muchos problemas de orden técnico hoy en los ferrocarriles privatizados se originan en la falta de personal calificado. Muchas demoras, interrupciones de servicio, descarrilamientos, etc., se deben en parte a lo aludido, al margen de la falta de inversiones.

Lo ocurrido en Haedo y más recientemente en Constitución descubre la falta de control del Estado sobre las empresas concesionadas.>

Se habló tanto en tiempos de los ferrocarriles estatales -que lógicamente debemos admitir que funcionaban con muchísimas falencias- sobre el déficit mencionado, sin hacerse referencia que hasta 1989 teníamos 35.000 kilómetros de vías operables, los trenes de carga y pasajeros cubrían en su totalidad el territorio nacional. Hoy hay más de 18.000.000 de pesos de subsidios para solamente cubrir las líneas de Capital Federal y no alcanzan para hacer llegar un tren de pasajeros a La Quiaca. Desconcertante y absurdo. Las voces de los que saben nunca fueron escuchadas en los ámbitos políticos porque había que favorecer a la militancia interna del partido. El Museo Ferroviario de Santa Fe, que tuve el honor de presidir durante muchos años, señaló pautas al respecto a través de la humilde y sabia concepción en materia ferroviaria de sus integrantes.>

A partir de los hechos de dominio público, si el gobierno decidió el concesionamiento a nuevos operadores ferroviarios deberá vigilar de cerca el funcionamiento de los servicios y una correcta distribución de los subsidios. Se deberán crear dentro de las mismas empresas escuelas de capacitación con tecnologías de avanzada, con adiestramiento periódico de su personal.>

En definitiva, una política ferroviaria sustentable en el tiempo, cubriendo paulatinamente a la Nación con nuevas infraestructuras de vías, ya que las rutas y calles ciudadanas, en su mayoría degradadas, ya están saturadas de tránsito, contaminación y con decenas de muertes diarias. Más que trenes de alta velocidad -que es una lógica en este tipo de transporte-, la sociedad exige además, trenes cómodos, seguros y eficientes, cumpliendo rigurosamente los horarios establecidos.>

(*)Museo Ferroviario Regional de Santa Fe>