Cuentan que más de un turista, al recorrer las calles londinenses, se empeñó para encontrar una dirección: el 221 B de la calle Baker. Tarea vana, ya que este lugar sólo existió en la imaginación de sir Arthur Conan Doyle. Pero, ¿de dónde proviene entonces el interés del visitante para, al menos, divisar ese emplazamiento? Es que en ese pequeño apartamento el escritor situó la vivienda de uno de sus personajes más famosos: el detective Sherlock Holmes, aquel rígido caballero inglés que, con sus infalibles métodos, sentó para siempre las bases del moderno relato policial.
Descendiente directo del Auguste Dupin creado por Edgar Allan Poe, y precursor del Hércules Poirot de Agatha Christie, del inspector Maigret de George Simenon, del Arsenio Lupin de Maurice Leblanc y tantos otros, Sherlock Holmes es uno de esos entrañables personajes de tinta y papel que alcanzaron a adquirir vida propia y que, con el paso de los años, llegaron a ser incluso más reconocidos que la propia figura que los creó.>
Los orígenes de Holmes o, mejor dicho, las primeras tentativas que concretó sir Arthur Conan Doyle, provienen del año 1886, cuando en algunos apuntes el escritor hace ciertas referencias a un personaje llamado Ormond Sacker (más tarde, devenido en el doctor Watson), que habitaba en el número 221 B de Baker Street, junto a Sherringford Holmes (luego, Sherlock).>
Según los estudiosos de la obra de Conan Doyle, éste se encontraba inspirado en una persona de carne y hueso: el doctor Joseph Bell, a quien el escritor admiraba por su notable capacidad deductiva. En tanto que el apellido Holmes surgió de la figura de Oliver Wendell Holmes, conocido escritor norteamericano contemporáneo de Doyle.>
Pero la verdadera historia arranca con "Estudio en escarlata", una novela publicada por primera vez en 1887, hace 120 años. En esa obra -que pasó casi inadvertida para el público en el momento de su aparición-, el doctor Watson, recién recibido de médico y repatriado de la guerra de Afganistán, decide compartir el alquiler de un apartamento con un excéntrico caballero de extrañas costumbres, conocido por la precisión casi sobrenatural de sus deducciones y su capacidad para resolver los crímenes más complejos; personaje al que, desde entonces, acompañará en cada aventura como un incondicional y admirado seguidor: el definitivo Sherlock Holmes.>
Con aquella primigenia novela, Conan Doyle dejaría inaugurada la estructura que mantendría casi inalterable en la mayor parte de los relatos cortos que, durante casi cuatro décadas, dieron cuenta de las aventuras del detective privado más famoso de la historia: la llegada de un visitante al apartamento de la calle Baker; el planteo del problema; la investigación de Holmes acompañado por Watson como cronista, y la resolución, planteada mayormente con un aire de velado triunfalismo por Holmes.>
Poco después de aquella novela -hoy mítica- donde presenta a los personajes, el autor escribió una segunda obra que tituló "La señal de los cuatro", que también pasó casi desapercibida. Entonces, en una actitud acorde con su flema británica, Conan Doyle no se dio por vencido y varió sus estrategias: redujo ampliamente la extensión de los relatos y comenzó a publicar las historias en forma periódica en The Strand Magazine, desde 1891.>
A partir de entonces, el personaje caló profundamente en el público, que empezó a consumir con avidez las historias.>
Sherlock Holmes es un auténtico "producto" de la época victoriana. En sus costumbres y hábitos, se advierte en su plenitud aquella época de la historia británica. Holmes y, en menor medida, Watson son personas muy cultas, avezados en la lectura de los clásicos y muy amantes de la música. De hecho, Holmes se presenta como un experto ejecutante de violín e, incluso, escribe algunas melodías. Y, además, a tono con su tiempo, tiene ideas imperialistas, como afirma en una de sus aventuras.
En sus métodos, el auge del positivismo (sistema que se afirmaba sobre la necesidad de datos y la imposibilidad de un conocimiento que vaya más lejos que el científico) se presenta en todo su esplendor. De hecho, el detective conoce en profundidad diversas ciencias, por ejemplo, la química, a la que maneja a la perfección. Y cuenta en su haber con una gran cantidad de monografías sobre diversos temas, que pueden parecer a simple vista irrelevantes, pero en la práctica le ayudan para resolver varios de sus casos. Por ejemplo, un trabajo completísimo sobre los distintos tipos de tabaco y sus características.>
En este sentido, el gran mérito de Conan Doyle es el de ir desplegando en cuentagotas el vastísimo saber de Holmes, lo que permite sorprender al lector aventura tras aventura.>
Pero, sin duda, lo más llamativo es la conciencia puramente "práctica" del personaje, quien desdeña todos aquellos conocimientos que le resultan innecesarios para su trabajo cotidiano. Incluso, en algunas de sus primeras charlas con Holmes, Watson se sorprende ante la absoluta indiferencia del detective respecto de "si la Tierra gira alrededor del Sol, o si es el Sol el que gira en torno a la Tierra" o ese tipo de saberes, a los que considera fuera de su esfera de interés.>
La relación autor-personaje que protagonizaron Conan Doyle y Sherlock Holmes es una de las más interesantes de la historia de las letras. De hecho, en el último relato de la recopilación conocida como "Las memorias de Sherlock Holmes" -donde constan varias de las mejores aventuras holmesianas-, éste se precipita al vacío mientras lucha con su archienemigo, el criminal profesor Moriarty, y aparentemente muere, en "La aventura del problema final".
De esta manera, el autor dejaba entrever su profundo fastidio hacia un personaje al que -en cierto modo- se sentía "encadenado", limitando su vocación de avanzar por nuevos senderos literarios. Pero surgió algo que Doyle no había previsto: el personaje había alcanzado un grado tan alto de popularidad que el público reaccionó en forma tan furibunda que se vio obligado a revivirlo y embarcarlo en otros 34 casos.>
Pocos años antes de su muerte, Conan Doyle se despidió para siempre de su personaje, en el prefacio de uno de sus libros, siempre con una especie de enojo, velado pero asequible. "Los caballeros decrépitos que se me acercan y declaran que sus aventuras fueron las lecturas de su adolescencia no encuentran en mí las respuestas que parecen esperar", plantea. Y, más adelante, es más explícito aún: "Esa figura pálida, de rostro bien recortado y miembros desmañados, ocupaba una proporción exagerada de mi imaginación", propone.>
Pero la despedida de Conan Doyle no era sólo el capricho de un escritor veterano. Eran los años veinte, y ya los móviles del crimen no eran tan claros: los métodos holmesianos y el dominio profundo de las ciencias parecían incompletos ante un mundo que empezaba a mostrar cambios cada vez más bruscos. Mientras tanto, en los Estados Unidos, un tal Dashiell Hammett publicaba una novela llamada "Cosecha roja". Y ya los detectives privados no serían los mismos.>
Sherlock Holmes es uno de los personajes literarios que -junto con el conde Drácula- consigna mayor cantidad de adaptaciones al cine, en historias que se pueden clasificar dentro de los géneros más variados, no sólo el policial.
Tal vez el actor que interpretó al detective londinense de la manera más convincente haya sido Basil Rathbone, quien protagonizó por los años cuarenta algunos filmes como "Sherlock Holmes and the Secret Weapon" y "Sherlock Holmes and the Voice of Terror", acompañado siempre por Nigel Bruce en la piel del infaltable doctor Watson.>
Es, por otra parte, un verdadero deber, al hacer una crónica de los Holmes de celuloide, recordar la inquietante interpretación del actor Peter Cushing en "The Hound of the Baskervilles", dirigida por el maestro del terror de la Hammer, Terence Fisher, coprotagonizada por otro notable actor, como Christopher Lee (quien fuera Drácula bajo las órdenes del mismo director).>
Existe también una perlita cinematográfica producida en los años setenta, llamada "La vida privada de Sherlock Holmes", dirigida por el gran Billy Wilder (el recordado autor de "Una Eva y dos Adanes"), donde Robert Stephens encarna al brillante habitante del 221 B de Baker Street.>
El actor español Javier Marzán hizo una de las adaptaciones para el teatro de "El sabueso de los Baskerville". Esta obra es la más elaborada de las novelas holmesianas.
En esta aventura, Holmes debe resolver los acertijos que plantea la aparición de un perro aparentemente fantasmal en un oscuro páramo inglés.>
"La aventura del vampiro de Sussex" es un ejemplo de la capacidad de Conan Doyle para generar misterio, y una perfecta muestra de las diferencias entre el relato de horror y el policial.
textos de Juan Ignacio Novak.