SOCIEDAD / INSTITUCIONES & PERSONAS
Un lugar en el mundo
Casa de Juan Diego.

Este año cumple dos décadas el proyecto que surgió para ofrecer una alternativa a chicos y chicas que trabajan o viven en la calle. Una situación mucho más compleja que sigue demandando casi lo mismo: límites y opciones, pero también mucho afecto.

Un colorido letrero ubica a quien transita por calle Junín 2141. Apenas se traspone la entrada, otro cartel -colgado justo sobre las mesas del comedor que hace de lugar de encuentro al mediodía- da la bienvenida. Es La Casa de Juan Diego. E intenta ser precisamente eso, una casa que proporciona cobijo a los chicos y chicas que se desplazan desde los barrios hacia el centro para trabajar en la calle o pedir monedas. Con ese espíritu, cumple este año dos décadas, aunque en un escenario diferente, con una población de niños y jóvenes que fue creciendo y un trabajo que se fue tornando cada vez más complejo.

Se pueden ver más carteles en la casa; entre los cuales, pegado a la pared hay un afiche que lleva escritas las reglas para quienes la habitan. "Prohibido irse a las manos", "mantener la casa en orden" y "no venir drogados" son algunas de las consignas que ellos mismos escribieron y -admiten- a veces cuesta cumplir. Porque en Juan Diego, como en toda casa, hay espacio para aprender y para jugar, para el afecto -que se demanda constantemente- pero también para los límites.>

Gustavo Vogel es el director desde hace casi un año y el aniversario lo encuentra en la sede del barrio Candioti Sur. Bajo la forma de una asociación civil, Juan Diego tiene un sello y en él llama la atención el dibujo de una casa. "De alguna manera creo que eso es lo que los chicos encuentran acá. Ellos salen de su familia, de su ámbito barrial y la calle es la calle, donde no hay nada y hay todo", reflexiona Vogel.>

Una vez allí, las actividades se organizan en talleres (herrería, carpintería), un grupo de teatro y un aula radial. "A veces, renegamos porque no vienen, pero hay que entender que son chicos en los que la rutina no existe". El objetivo es que "tengan en cuenta que hay una alternativa diferente a la calle. Para ello, les ofrecemos un ámbito donde se puedan relacionar de una manera diferente, donde los recibamos de buena manera, como a personas, sin ver sólo la mochila que traen sino llegando al niño o al joven que hay en ellos, poniendo pautas para que esa relación transcurra en un marco acordado, que reciban afecto y también límites". Como en cualquier casa, como con cualquier chico.>

De la vida diaria

En medio de la charla, irrumpe Esteban. "Gustavo, te estamos esperando, dale, vení. Tengo que pedir monedas a un señor que viene por la calle". El flamante taller de teatro está a punto de "estrenar" el primero de sus trabajos. Una dramatización sobre un fragmento de la vida cotidiana.

Gustavo accede y en el patio empieza la función. No es fácil, los chicos no se deciden a recrear una vez más la escena. Finalmente, Esteban se anima: primero está dormido en un banco, se levanta, va al baño, se lava la cara, sale a la calle y le pide plata a un señor. En algún momento, termina discutiendo con su coprotagonista, Maximiliano. Pelean y luego se abrazan.>

"Dramatizamos una pelea de teatro, terminamos abrazados y nos sacamos una foto", sintetizan, cuando se les pide que pongan en palabras lo que acaban de hacer. El sentido de todo el trabajo es que "se pueden solucionar las cosas por las buenas". La foto que se sacaron es para Nosotros.>

La charla sigue en la oficina del primer piso, esta vez con el golpeteo de martillos de fondo que provienen del taller de carpintería, donde -a fuerza de paciencia y esfuerzo- van tomando forma muebles sencillos que, quizá en el futuro, posibiliten un oficio. Los talleres funcionan en el marco del Área no Formal del Ministerio de Educación: "podemos capacitar en un oficio pero no lo planteamos como un primer objetivo", aclara Vogel. La meta es, en todo caso, que los chicos realicen una actividad, que asuman una responsabilidad y ocupen su tiempo para una tarea positiva. "La frutilla del postre sería que podamos otorgar un certificado de capacitación".>

La realidad, más allá de los proyectos

En la casa, hay chicos y chicas en un número no del todo definido. "siempre se caracterizó por ser una población fluctuante pero este año, así como queremos que vayan asimilando cada vez más las actividades, pretendemos que la población vaya siendo un poco más estable. Creo que tiene que ver con lo que encuentran y si eso que encuentran es cada vez más significativo...". "Nosotros queremos que los chicos vuelvan a los barrios y que el tiempo que destinan a la calle lo ocupen en otras cosas", resume Vogel y la apuesta aparece como todo un desafío.

Es que los chicos y chicas terminan en la calle luego de emigrar de su casa por tantas razones como historias particulares existan. Vogel confió en seguir contando con la casa de calle Ituzaingó, donde algunos chicos pasan la noche y vuelven a Juan Diego por la mañana limpios, alimentados, descansados y mejor predispuestos para incorporarse a las actividades desde el inicio. "Si un chico viene sin dormir, quizá perseguido durante la noche o después de pasar quién sabe por qué cosas, no podemos pretender que vaya a clases".>

"Tampoco se puede esperar que un chico que viene de San Agustín llegue a las 8 de la mañana, mucho más si no tiene el hábito de los horarios o no hay nadie que lo despierte", asume Vogel. Cuando no se cuenta con medios adecuados, la distancia es un escollo real y palpable. Este año se inició un proyecto para alfabetizar a las madres de los chicos: "Son mamás de entre 30 y 40 años que están en la calle o lo están sus hijos y la experiencia es interesante porque permite retomar el vínculo entre ambos". Precisamente, una de esas mamás se levanta a las 5 de la mañana, llega con sus hijos y después va a la escuela.>

También hay dos chicas que el año pasado cursaban 8° y 9° año -respectivamente- y quedaron embarazadas. Para que puedan completar su escolaridad, se coordinan actividades con escuelas de la zona, mientras los bebés quedan en una sala durante el tiempo en que las madres van a clase.>

Es el caso de Patricia, a quien el mediodía encuentra amamantando a Brian, su segundo hijo. Allí lo deja para ir a la escuela Grilli, donde cursa el 9° año.>

Sujeto de derechos

Maximiliano tiene el 5° año incompleto. "Me hice el loco", dice, "pero ahora ya empecé". "A la casa vengo porque está lindo acá y no ando en la calle. Si estoy en la calle me lleva la policía y acá tengo un espacio para bañarme y para comer, porque en otro lado no te van a dar esto". En cuanto a las reglas escritas en la pared, confiesa que "cuesta cumplirlas, a veces se puede y a veces no".

"En realidad -explica Vogel- trabajamos para que los chicos vuelvan a su familia, a su barrio y para eso estamos realizando algunas visitas a fin de conocer las realidades de los chicos".>

Pero para que un cambio sea posible es necesario desterrar estigmas: "cambiar el `pobrecito' por el chico sujeto de derecho y de deberes. Y seguir adelante aunque no responda como uno quiere. Es difícil, porque uno también trae su mochila".>

Veinte años atrás

Una mirada retrospectiva

A poco de egresar de la Escuela de Servicio Social, Graciela Casina fue convocada por el padre Gabriel Carrón y la Hermana Alejandra -ambos de Pastoral Carcelaria- para sumarse a un proyecto que pretendía dar respuesta a la situación de chicos que estaban en la calle y no tenían ningún tipo de atención. También convocaron a un grupo de profesionales para que sumen, desde sus respectivas disciplinas, sus aportes.

Fue hace dos décadas. "Entonces preocupaba la cantidad de chicos que estaban en la calle con carritos o en los colectivos vendiendo estampitas -cuenta Graciela-. Allí se vio la posibilidad de abrir una casa que sea un lugar de paso para los chicos y donde se pueda generar un primer vínculo para relacionarnos con las familias y la comunidad de los barrios", principalmente Barranquitas, Villa del Parque y Santa Rosa de Lima.>

"Trabajamos mucho con un equipo para evaluar desde dónde se iba a abordar la problemática, sin ver a los chicos como personas aisladas sino como parte de una familia y una comunidad. Nos interesaba acompañarlos para que estén lo menos solos posibles y para que recuperen vínculos que estaban deteriorados". Luego se coordinaron acciones con la Casa de Derechos Humanos, siempre con el objetivo de "fortalecer la dignidad de los chicos como personas desde una perspectiva de inclusión social, con sus derechos y responsabilidades".>

Más tarde se creó un comedor en Barranquitas (Juan Diego II) donde se realizaban talleres de carpintería y panadería, además de satisfacer la alimentación con la organización de madres y padres. A su vez se articuló con la escuela Cristo Obrero que tenía un grado radial. >

"Muchos de los chicos difícilmente podían ser contenidos en las escuelas porque tenían otros intereses y relaciones. Tuvimos varias reuniones con la escuela y surgió una iniciativa conjunta de crear un grado barrial taller, donde a la alfabetización se sume el aprendizaje de un oficio que genere un ingreso más atractivo. Todo esto significó una transformación de las instituciones", comenta Graciela.>

Otro paso más fue una casa para adolescentes en Santo Tomé, que oficiaba como una transición de los chicos desde la salida de instituciones hasta su regreso a las familias y su incorporación a la actividad laboral.>

Dos décadas después de iniciado aquél proyecto, Casina reconoce que "la problemática es ahora más compleja, hay más chicos en la calle y muchos no vuelven a su casa".>

Con varios años de trabajo en la Casa y conocimiento de la problemática, sostiene que quizá no haya continuidad de políticas en el modo de trabajar con estas poblaciones. Y reflexiona: "siempre se inician cosas nuevas y no se recuperan otras experiencias y trabajos para analizarlas en la complejidad actual".>

Aniversario

Convocatoria

Este año se cumplen dos décadas desde que comenzó a funcionar la Casa de Juan Diego.

A las personas que estuvieron vinculadas con la institución y les interese participar en la organización del aniversario, se las invita a ponerse en contacto con integrantes de la Casa.>

Aportes

Nuevas necesidades

Si bien se solventa con subsidios del Estado y aportes privados, la casa siempre demanda gastos de insumos y, en la medida en que las actividades dan resultados, se suman otras nuevas, cuestión que genera -a su vez- más costos.

"Sería bueno contar con gente que pueda hacer algún aporte, regular u ocasional. Quizá haya empresas o comercios importantes que puedan colaborar", confió su director Gustavo Vogel.>

Nombre

El origen

La casa lleva el nombre de Juan Diego, el aborigen mexicano al que se le apareció la Virgen de Guadalupe en 1531 y que fue definido por su pueblo como "un indio bueno y cristiano".

Fue beatificado en 1990 por el Papa Juan Pablo II.>

textos de Nancy Balza.