Toco y me voy
El regreso del guerrero
Dibujo: Luis Dlugoszewski lzewski@yahoo.com.ar. 

Y bien, mis chiquitos: las peñas son para toda la vida, pero yo me despido en ésta, tratando de reflejar el arduo regreso a casa. Me respaldan siglos de literatura. No vas a creer ahora que sos el primero que vuelve al hogar después de andar de correrías.

Para empezar, en el evangelio de Lucas tenés el ejemplo del hijo pródigo bíblico. El vago anduvo de joda despilfarrando la fortuna paterna y cuando volvió a casa, igual lo recibieron con un cordero recién carneado, aun contra el asombro o el reproche de quienes sí se quedaron laburando. Se me dirá de entrada que al vago en cuestión no lo recibió la esposa o la novia, sino el padre, un buen tipo sabio.

También contamos con el caso de Agamenón. El tipo era, nada menos, el jefe de la peña troyana: el encargado de conducir la toma de Troya, porque para tomar, cuando uno sale, hay que tomar en grande. Cuando vuelve a casa, aunque se trate de unas horitas, arde Troya. Su adorada esposa, Clitenmestra, tramó con Egisto (meta trama y trama mientras Agamenón conquistaba Troya: la corona que llevaba no sólo era de metal) y al regreso del héroe lo recibieron con toda la pompa, le hicieron pisar una alfombra roja y lo atendieron al vago como si fuera no sólo el rey del reino sino también el rey de la casa. íMinga! En la primera de cambio, lo liquidaron al vago.>

Y de la misma peña, tenés al súper capo de Ulises. No sólo que fue de joda a Troya, sino que extendió su peña de amigos por diez años más, so pretexto de que no encontraba el camino de regreso o había sirenas (bueno, también gigantes, magas) y mientras tanto su fiel esposa lo esperaba tejiendo... íVamos! íAprendan, ustedes, quejosas! Llegamos dos horitas más tarde y tenemos ya instalado al mejor amigo (al nuestro o al de ella: a veces es el mismo) consolando, y el bueno de Ulises anduvo una década afuera y lo esperaban con los brazos abiertos. Peñas eran las de antes y todo tiempo pasado fue mejor...>

Más tarde estuvieron las cruzadas. Tooodos a la peña de Medio Oriente y las chicas esperando el regreso de los señores. Algunas debían soportar cinturones de castidad. Otras de cantidad, porque no es cuestión que el cinturón se oxide.>

Ahí tienen la exquisita de humor serie de Olaf, el vikingo. Su sapiente esposa lo mandaba dos por tres a invadir algún país, porque en la casa todo el tiempo y haciendo pelusa, era insoportable.>

En el cine, Holly Honter, en "Detrás de las noticias" es una eficiente editora televisiva, que toma un cuadro para ilustrar una nota de un soldado que emprendía el siempre difícil camino a casa. Luego, más cerca, tienen los tangos y las sambas dolientes, de los tipos que regresan al pago y a la casa después de años de andar yirando.>

Tanto preámbulo para decir que nuestro héroe contemporáneo vuelve por fin a casa después de una noche de peñas, tratando a los gritos de apagar tanta euforia y buen momento.>

La salida de peñas es como un vuelo: el peligro está al salir y al aterrizar. En el medio, todo bárbaro. Hay cierto riesgo cuando viene descendiendo y carreteando buscando la pista para el aterrizaje. Hay que apagar los motores, incluso cuando se trae mucho combustible encima.>

Uno de los problemas del regreso, en consecuencia, es bajar los decibeles de adrenalina, porque a nadie le gusta saber que uno la pasó bomba fuera de casa y sin ella, más allá que también ella la pasó bomba sin nosotros.>

Otro problema que parece nimio es el de la llave y el preciso movimiento que se necesita para, de una, acertar con la llave justa, acertar con la cerradura, acertar con el giro o con los dos giros, y acertar con todos esos movimientos en relativo silencio. Demasiadas cosas para dos tubos de totín de despareja calidad. También tenés las arteras que "se olvidan" la llave puesta del lado de adentro, lo que es una especie de controlador fiscal del exacto horario y condiciones del regreso: tenés que tocar el timbre.>

Hay quienes afirman que nada mejor para refrescar al mamado que el julepe del regreso. Y que hay tipos que hacen milagros descambiándose en silencio -aun con problemas de equilibrio- y acertando con la circulación dentro de la casa a oscuras, sin chocar nada. Es el regreso del guerrero. Literalmente, estamos de vuelta.>

Texto: Néstor Fenoglio[email protected]