Crónica política
¿Macri o Kirchner?
Por Rogelio Alaniz

Cuando Kirchner le recuerda a Macri que su familia hizo negocios millonarios en los tiempos de Menem, dice la verdad. Y cuando Macri le recuerda a Kirchner que en esos mismos años él fue uno de los gobernadores más obsecuentes de Menem, también dice la verdad. Hoy Menem lo apoya a Macri, pero Kirchner sigue haciendo negocios con papá Francisco. Allí terminan las coincidencias, porque si bien es muy probable que Macri sea de derecha, está fuera de discusión que Kirchner no es de izquierda.

Es verdad que para seguir avanzando en esta discusión sería interesante ponerse de acuerdo sobre qué es ser de izquierda o de derecha en el siglo XXI, un concepto que hace cincuenta años estaba muy claro, pero que en la actualidad genera tantas discusiones que los más pragmáticos han decidido dar por finalizado el debate, postulando que el concepto se agotó y hoy hablar del tema es tan interesante como discutir el sexo de los ángeles o la importancia de la lechuza amarilla en la preservación del medio ambiente en Alto Verde.>

En lo personal, creo que la categoría izquierda-derecha puede decir algo sobre la conformación del escenario político en determinadas circunstancias, pero de allí a creer que toda la realidad social se resume en esas categorías hay una gran distancia, sobre todo después del derrumbe del Muro de Berlín y la certeza de que los paraísos que pregonaba la izquierda fueron lo más parecido a la imagen que el Dante nos dio del infierno.>

El tema merece un debate académico más amplio, pero tal como se utiliza en la jerga política callejera no hay que tener complejos de decir que en la mayoría de los casos funciona más como un insulto o una descalificación que como un dato consistente de la realidad. Acusar a alguien de derecha es más un adjetivo que un sustantivo; del mismo modo que acusar a alguien de fascista, no porque los derechistas y los fascistas no existan, sino porque el concepto se ha manipulado tanto que ha perdido consistencia teórica.>

Se puede aceptar que Macri sea de derecha, siempre y cuando luego se responda a la siguiente pregunta: "¿Y qué tiene de malo que un candidato de derecha se proponga gobernar un distrito como Capital Federal, en donde a la mayoría de sus habitantes le importa muy poco que Macri sea de derecha? Se podrá responder diciendo que un candidato de derecha va a hambrear al pueblo, que va a entregar el Estado municipal a la voracidad de los ricos y que, llegado el caso, va a recurrir a las armas para hacer valer sus derechos. Si ése es el miedo, modestamente estoy en condiciones de decir que en el actual contexto histórico la derecha en la Argentina no quiere ni puede recurrir al terror o a las formas más irritantes del privilegio para sostener sus intereses.>

Con respecto a la supuesta corrupción de llamado "Grupo Macri", diría que lo que hay que hacer es controlarlos, con el mismo celo con que hay que controlar a los funcionarios del gobierno "nacional y popular", porque no vaya a ser cosa que el calor de las elecciones nos haga olvidar el caso Skanska. Agregaría -por último- en homenaje a la teoría política, que una de las revelaciones gratas de la posmodernidad es que nos ha demostrado que la izquierda -a la hora de hacer negocios- puede ser tanto o más corrupta que la derecha.>

Quiero ser más drástico en mis apreciaciones: para el vecino de Capital Federal, gane Macri o gane Filmus, la gobernabilidad deberá sostenerse sobre parámetros más o menos parecidos. Si Macri fuera un derechista ávido de sangre y riquezas, deberá correrse al centro porque la sociedad no le permitirá saciar sus supuestos instintos de burgués y explotador. Y si Filmus fuera la reencarnación del Che Guevara, tampoco podrá cumplir con su programa porque el único valor que los porteños le reconocen al Che es el del póster o la litografía.>

Entonces, ¿da lo mismo uno u otro? Creo que no. Para un porteño de ley, Macri responde por él mientras que Filmus es apenas el cadete de Kirchner. Supongo que cada ciudadano tiene derecho a decidir de acuerdo con referencias que pueden ser diversas y hasta contradictorias. Pero lo que importa a la hora del análisis es responder por qué más del cuarenta por ciento de los porteños optó por Macri, un candidato supuestamente patronal y reaccionario. Explicar los motivos de un triunfo electoral no significa reducir la realidad al vulgar apotegma peronista "el pueblo nunca se equivoca", porque si así fuera el debate estaría cerrado hace rato y Macri sería la encarnación nacional y popular de la nueva Argentina.>

Como nunca creí en esas ramplonerías populistas es que me preocupo por indagar los motivos de una preferencia, no porque allí esté la verdad -la verdad es un concepto teórico que discuten los filósofos y que no está en juego en una elección- sino porque esas preferencias suelen ser el síntoma de algo que debe dilucidarse.>

Da la impresión de que los porteños votaron a favor de Macri, pero también en contra de Kirchner y sus abusos y torpezas. Si a Telerman le fue mal es porque no pudo expresar esa tendencia opositora. Se podrá decir que el electorado porteño vive de espaldas a la nación o que siempre fue gorila, pero esos argumentos se parecen más a la resignación del derrotado que al esfuerzo por entender lo que ocurre.>

En el voto a Macri, sin duda confluyen derechistas, liberales, conservadores y más de un progresista, pero fundamentalmente asiste allí ese verdadero árbitro de las elecciones que es el electorado independiente, que por un lado ha dejado de ser el voto cautivo de partidos tradicionales hoy en crisis; y, por el otro, suele estar más interesado en las cuestiones prácticas de la gestión de gobierno que en las escabrosidades ideológicas a las que recurrimos los analistas políticos con tanta frecuencia.>

Si las categorías políticas valen -creo que con la precaución del caso efectivamente vale- el apoyo porteño a Macri pude ser calificado de republicano desde el punto de vista institucional, y modernizador desde el punto de vista de la gestión del poder. Una vez más es necesario recordar que se puede ser de derecha -y Macri lo es- y al mismo tiempo estar a favor de gestiones administrativas modernizadoras en una ciudad que hoy dispone de un nivel de ingreso parecido al de París.>

El oficialismo está en su derecho a dar el debate en los términos que mejor le parezca, siempre y cuando admita que nosotros también tenemos el derecho a no creerle. Yo no voto en Buenos Aires, pero creo que los analistas políticos que disponemos del privilegio de escribir o hablar para hacer conocer nuestros puntos de vista, también debemos decir a quiénes votamos o votaríamos. No es una obligación jurídica; es, si se quiere, una opción ética.>

Pues bien, conocidos los resultados electorales pensé que en la segunda vuelta lo votaría a Filmus, tal vez porque me interesan los intelectuales, o tal vez porque si bien me he reconciliado con la derecha, esa reconciliación no llega al punto de darle el voto. Así pensaba hasta que lo escuché hablar a Kirchner y argumentar a los Fernández. Me convencieron, sus palabras me obligaron a decidirme: votaré en blanco y si siguen hablando tal vez logren el milagro de convencerme de que lo mejor que puedo hacer es votar por Macri. Algunos pecados puedo darme el lujo de cometer; después de todo siempre fui un muchacho soltero.>