Si un marciano descendiera sobre la Argentina y observara el tono de cruzada política con el que el gobierno nacional planteó la segunda vuelta de la elección porteña, bien podría pensar que se trata de un país en el que está todo muy claro.
Hay un gobierno de izquierda, inferiría, y una articulada oposición de derecha con aspiraciones de llegar al poder en las elecciones presidenciales de octubre, para lo cual necesita plantar bandera en un distrito clave como el de la ciudad capital. >
La economía, seguiría su lectura, tras un rápido repaso a los principales titulares y a las estadísticas oficiales, sigue en raudo crecimiento, con empleo y salarios en aumento, inflación alta pero en descenso y controlada y algunos problemitas de infraestructura que no eclipsan, ni ahí, la solidez de los excedentes fiscal y comercial, cuya perdurabilidad no está en duda, a la vista de un panorama económico mundial que sigue auspiciando precios altos y firmes para las principales exportaciones del país. >
En verdad, ni la política ni la economía argentinas están tan claras como sugiere la lectura del visitante marciano que -no por casualidad- es la que intenta imponer el gobierno nacional. La realidad es más compleja y está llena de cabos sueltos.
Lejos de un proyecto `progresista' o `de izquierda' en el poder opuesto a uno `de derecha', lo que hay es un polo de poder articulado a partir de las efectividades conducentes del fisco nacional, pero de expresión geográfica dispersa.>
Si así no fuera, un presidente con tanto gusto por el mando como Kirchner no andaría ensayando una Concertación Plural que más que líneas ideológicas o partidarias expresa la dificultad de imponer sus gustos en ámbitos locales. >
La dispersión de las identidades políticas y del poder territorial y la debilidad de la amalgama del presunto proyecto oficial se expresa en un calendario 2007 con 16 citas electorales (contando una eventual aunque improbable segunda vuelta en la elección presidencial) de las que ya se han concretado cinco y en el que dos de cada tres provincias despegaron su turno local con las urnas del que tendrá lugar el 28 de octubre entre el `pingüino o pingüina' y los candidatos opositores. >
El predominio de lo local, precisa el consultor Rosendo Fraga, se expresa en los altísimos porcentajes de respaldo a los candidatos en ejercicio o a los que éstos auspician: 53 por ciento en Corrientes, 57 por ciento en Catamarca, 47 por ciento en Entre Ríos, 46 por ciento en Río Negro, 47 por ciento en Neuquén.>
Hasta ahora, sólo la Capital Federal escapó a la regla de que gana el dueño de casa. Y Macri sacó más de 45 por ciento en el distrito porteño justamente porque opuso una campaña localista a una confrontación abiertamente política, de la que rehuyó con relativa facilidad porque había otros dos contrincantes en escena. >
La elección del próximo domingo en Tierra del Fuego expresa mejor que todas la preeminencia del poder territorial. El gobernador Hugo Coccaro puede llegar a perder, pero justamente porque contra él se coaligaron los intendentes de las dos localidades de la provincia, Río Grande y Ushuaia. >
En un mano a mano contra Kirchner (del que el candidato oficialista en el distrito porteño, Daniel Filmus, es sólo un emisario) a Macri le está costando mucho más atenerse al discurso local. He ahí sus referencias a los funcionarios noventistas del gobierno y a las filmaciones de un acto en Calafate en las que un Kirchner exultante presenta a Carlos Menem como "el mejor presidente de toda la historia, desde Perón". >
�Acaso Macri, Mauricio, sigue siendo portador del demonio porque en la década pasada se benefició de las privatizaciones menemistas, y Macri, Franco, se bañó en las aguas del Jordán con su ingreso al Belgrano Cargas bajo el modelo kirchnerista? Cada ciudadano puede responder como mejor le parece a esos interrogantes, sin necesidad de la traducción oficial.>
La economía también produce perplejidades. El gobierno de la recuperación de los salarios y del empleo suspendió una reunión con la CGT el mismo día en que por la tarde recibió con pompa a los popes de la industria automotriz, que prometieron invertir 3.500 millones de dólares en los próximos años para pasar de una producción de 500.000 a 750.000 unidades anuales.
�Con qué energía, podría preguntar algún incauto, si apenas tres días de frío consecutivos dispararon un racionamiento de gas natural y de energía eléctrica dignos de un invierno que todavía no comenzó? >
La semana que pasó también ofreció una nueva entrega de la saga del Indec, según cuyas estadísticas el pan, las frutas y la carne dieron en mayo el infrecuente espectáculo de precios en descenso. >
En fin, cabos sueltos de una trama que no se completará en octubre, sino que continuará tejiéndose desordenadamente mientras no encuentre un verdadero patrón. >
No menos esquizofrénica luce la defensa de la ministra de Economía, Felisa Miceli, quien para excusar su aprobación de un pago de 587 millones de pesos al grupo Greco no encontró mejor recurso que señalar la paupérrima labor jurídica del ministerio que encabeza en tiempos en que éste era conducido por su antecesor, Roberto Lavagna.
Aún dejando de lado el hecho de que entre la salida de Lavagna del ministerio y el giro al Congreso de la partida, autorizando el pago a la sucesión de los Greco pasó más de un año, el matete se vuelve inentendible si además se tiene en cuenta que el ex ministro de Economía eligió como compañero de fórmula al radical Gerardo Morales.
El senador jujeño fue precisamente uno de los que descubrió, oculto entre los pliegues del presupuesto, un pago tan multimillonario como dudoso y del que el gobierno no hizo desde entonces otra cosa que tomar distancia, pese a que la autorización lleva las firmas de la propia Miceli, del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y del mismísimo presidente Néstor Kirchner.
Sergio Serrichio (CMI)