13 horas. El último grupo de comedor terminó su almuerzo y se retira con algarabía. Enseguida, las encargadas de cocina y porteras ponen mano a la obra para lavar platos y ollas, y dejar limpias las mesas y pisos. Un fuerte olor a cebolla del guiso que se preparó como menú del día impregna el ambiente. A las 13.15, hora exacta, ingresan los alumnos de 6to. grado para atender las clases del día. Apoyan sus cuadernos en las mismas mesas donde minutos antes almorzaron decenas de chicos.
Es que la escuela de EGB N° 95 Simón de Iriondo de Alto Verde crece en matrícula pero no en espacio. Por eso, desde hace tiempo, a un curso del turno tarde le toca en suerte dictar clases en el comedor escolar.>
"Las condiciones para que los chicos aprendan no están dadas. Algunos no alcanzan a ver el pizarrón y lo que observan alrededor no parece un aula, de hecho, no lo es", dijo la maestra de 6to.>
"Faltan salones y los que hay son pequeños para la cantidad de alumnos que tenemos. Me dijeron que esta escuela estaba entre las peores de Santa Fe en cuanto a estado edilicio", se quejó Blanca Dovis, directora de la institución educativa que se erige en la Manzana 2 de Alto Verde.>
El edificio está ubicado sobre el terraplén defensivo y su patio delantero ofrece una vista sin igual del río y del puerto emplazado sobre la orilla de enfrente. Sin embargo, esa bella postal autóctona se desdibuja apenas se cruza el umbral.>
El viejo edificio, de más de 80 años, acusa el deterioro del uso intenso, el paso del tiempo y la falta de reparaciones importantes. Paredes con desprendimiento de mampostería y pintura derruida, aberturas de madera con trozos faltantes, cielorrasos húmedos y rotos, bebederos sin canillas. Todo el lugar da la sensación de estar desprolijo, por más que el personal de portería se esfuerce en la limpieza.>
"A mi entender, acá se necesita una construcción nueva; de hecho, hay proyectos que datan de años anteriores, para la concreción de un edificio nuevo. Sostengo que no sirve seguir emparchando este inmueble porque, por más plata que se le ponga, las mejoras no se notan", indicó la directora.>
Está a punto de finalizar una etapa de obras prioritarias que se pudo llevar adelante con un subsidio de 23 mil pesos otorgado en febrero por el Ministerio de Educación de la provincia.
La inundación demoró los trabajos que ahora están por culminar y que consistieron en: reparación de las rejas que protegen el frente de la escuela, colocación de membranas en algunas partes del techo donde había filtraciones, refacción de un pequeño sector del cielorraso caído, y recambio del cableado eléctrico, ya que se cortaba a menudo la electricidad.>
"Nos han prometido que apenas finalice esta etapa, podremos obtener otro subsidio y avanzaremos con la pintura", dijo Dovis.>
Las mejoras introducidas hasta el momento no lograron cambiarle la cara a la escuela que, a simple vista, se nota que requiere una intervención mayor en infraestructura y reposición de mobiliario.>
La escuela primaria tiene unos 530 alumnos en los dos turnos. Pero allí también funciona el jardín de infantes -que comparte el patio y baños con los alumnos de EGB-, un taller, una nocturna y probablemente en poco tiempo más se sume una escuela de enseñanza media para adultos (Eempa).
Por esos muros, pasan 800 personas por día, sin contar las tres aulas radiales de la escuela Monteagudo que utilizan un pequeño espacio, al final de un pasillo.>
El uso intensivo, sumado a las pésimas condiciones edilicias, no contribuyen a que esos 500 chicos provenientes de familias humildes cuenten con un espacio agradable y adecuado para aprender.>
El único
reducto que causa orgullo a la comunidad educativa es el aula de informática nueva, que se edificó en planta alta a través del Programa Integral para la Igualdad Educativa (Piie), que es nacional. Allí, están las computadoras que se cuidan como oro y que próximamente tendrán acceso a internet gracias al aporte de la Universidad Nacional del Litoral.