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La Argentina esta signada por los acontecimientos de la economía mundial porque hasta ahora no se trabajó internamente en temas de coyuntura, como por ejemplo: productividad, innovación, educación, energía y tecnología que seduzcan a la inversión.
El crecimiento observado está ligado a una devaluación del signo monetario, acompañada por una baja capacidad instalada en el sector industrial y precios internacionales muy favorables para los productos que exportamos.>
En los últimos años, el mundo ha crecido a tasas exageradamente elevadas, provocando un desarrollo del 5 % anual en promedio en los últimos 5 años, con tasas de mejora del 3 % anual para el conjunto de países industrializados y superiores al 7 % anual para el mundo emergente.>
El detonante de la mejora a escala mundial está dado por un fuerte incremento en la incorporación al mercado laboral de mano de obra de baja calificación en países como India, Rusia y China, que lleva a una baja generalizada de los salarios reales en el mundo.>
Esta baja en los salarios reales de los trabajadores, combinada con un incremento en la inversión, conduce, dentro del mundo emergente, a un máximo rendimiento del capital o al crecimiento notorio del capital. Mientras, en el mundo desarrollado se observa una fuerte suba de las utilidades por la innovación tecnológica y el mayor valor agregado a los productos que producen.>
En el año 2001, las economías del sudeste asiático comenzaban a salir de la crisis que habían soportado entre 1996 y 1997. La receta era muy simple: un tipo de cambio muy alto, bajos salarios, fuerte ahorro, superávit de la balanza comercial y fiscal, combinado con un incremento sostenido de reservas en los bancos centrales, ya sea por compra genuina o vía emisión monetaria y posterior esterilización con endeudamiento.
Esto derivó en que dichos países cancelaran sus deudas con el FMI, de modo tal de no atarse a recetas económicas impartidas por dicho organismo. La norma es aplicar políticas más proteccionistas, alejadas en muchos casos de la seguridad jurídica y de bajo contenido institucional. Todo parecido con el plan aplicado en la Argentina post devaluación es mera coincidencia.>
Así, los países emergentes del sudeste asiático mostraron una muy notoria recuperación económica, que hoy perdura. Dicha recuperación desató una demanda muy fuerte de productos primarios, llevando a la mayoría de las materias primas a valores récord. >
La suba de las materias primas y la fuerte liquidez instauraron dos problemas económicos en el mundo, que pueden ser el virus de la próxima crisis. El primero es la inflación y el segundo, las burbujas financieras que se pueden producir, dado el escenario de alta liquidez internacional.>
En los últimos años, la fuerte liquidez y la aparición de gran cantidad de instrumentos financieros potenciaron las subas de las materias primas, como también de las acciones en los mercados de valores. Esto se dio en el marco de una fuerte concentración de los negocios a escala mundial, producto de las fusiones y absorciones de grandes compañías, que en muchos casos se llevaron adelante utilizando créditos que eran obtenidos a tasas de intereses inferiores a las utilidades esperadas.>
Como esos préstamos son a tasa variable, una suba de los tipos de interés podría cambiar dramáticamente el punto de equilibrio en estas compañías, al pasar a una situación financiera más precaria y ganancias más ajustadas, lo que llevaría a una desmejora notable en el valor de la compañía en bolsa.>
La inflación es otro gran problema para el mundo actual. En los países emergentes, el crecimiento de las reservas vía emisión monetaria y posterior endeudamiento tiene a futuro un límite. Las reservas de China igualan el total de las importaciones y exportaciones. La liquidez es muy elevada en dicho país y los excedentes son volcados mayoritariamente al ahorro; aplicados a la compra de acciones, esto conduce a que la bolsa de Shanghai muestre en sus cotizaciones una exuberancia irracional en los valores, lo que puede llevarnos a un final no deseado. Algo similar ocurre en muchos países emergentes. Incremento de las reservas, emisión desmesurada de la moneda doméstica, incremento del endeudamiento interno y tipo de cambio ficticiamente elevado llevarán, más tarde o más temprano, a un ajuste de la economía.>
Si a todo esto le sumamos que los países desarrollados, para combatir la inflación, suben los tipos de interés de corto plazo, cambia el costo de oportunidad para las inversiones. Resulta más atractiva la inversión en activos de renta fija frente a las acciones que muestran baja en los márgenes de rentabilidad, producto del impacto de la inflación en los negocios.>
La baja calidad institucional e inseguridad jurídica de los países emergentes hacen que los excedentes de fondos se terminen volcando hacia la economía americana, financiando el consumo de dichos países, que hoy también han comenzado a sentir los problemas de inflación y exagerada valuación de sus activos.>
En Estados Unidos y Europa, la suba de los tipos de interés ha afectado al ciudadano medio al aumentarle el precio de lo que pagan por sus hipotecas, créditos prendarios y préstamos personales. Si a esto le añadimos la fuerte suba de energía y combustible, tenemos menos dinero destinado para el consumo en el mundo desarrollado.>
Esto podría provocar una desaceleración en Estados Unidos y Europa que traiga como correlato una desmejora en el crecimiento mundial.>
Amenazas y oportunidad
Si en el corto plazo el mundo económico supera las amenazas (inflación y probable burbuja financiera) y el precio de los productos primarios sigue creciendo, nuestro país está llamado a superar las dificultades actuales dado el viento de cola que recibirá del exterior. Si por el contrario, el mundo asiste a un ajuste natural y normal luego de varios años de crecimiento, Argentina se encontrará en un escenario en donde habrá perdido la oportunidad de sumarse al crecimiento mundial y quedará expuesta ante los vaivenes de la coyuntura. En este contexto le será muy difícil superar los desafíos de corto plazo y estaremos ante la posibilidad de un nuevo y doloroso ajuste económico.
Los países emergentes crecieron al amparo de una política monetaria común. En la década del 90, el escenario mundial estaba invadido por un flujo de capitales que viajaba rápidamente de un lugar a otro del planeta. La primera crisis financiera se dio en México, en el año 1994, cuando se produjo el conocido efecto tequila, fruto del desajuste de las cuentas públicas y del uso excesivo del crédito a corto plazo, lo que concluyó en el colapso del sistema financiero mexicano, que lo colocó a un paso de la cesación de pagos.
La respuesta del FMI fue una rápida asistencia crediticia, apoyado por el BID, Banco Mundial y las principales potencias del mundo, acercando a México un caudal de dinero que echaba por tierra la posibilidad de cesación en los pagos de deuda.
Luego del efecto tequila, el 2 de junio de 1996, sobrevino la crisis en Tailandia con la devaluación del Baht, que más tarde arrastró a Corea, Hong Kong e Indonesia, lo que se conoció popularmente como el efecto arroz. En este caso, también los organismos financieros internacionales cooperaron con un salvataje de créditos para sacar a la región del colapso.
El 17 de agosto de 1998, se decretó la cesación de pagos en la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, lo cual provocó parálisis a muchos operadores del mundo.
El 12 de enero de 1999, se produjo la devaluación del real en Brasil y esto trajo consigo otro megapréstamo para salir del problema financiero. Al efecto caipirinha le sucedió la crisis de Turquía, que fue la que obtuvo el último salvataje de los organismos financieros internacionales.
El 10 de setiembre de 2001, un día antes del atentado contra las torres gemelas, la Argentina recibió el último crédito internacional de los organismos financieros de crédito. Luego del atentado a Estados Unidos, los organismos financieros internacionales se dieron cuenta de que no servía de nada asistir crediticiamente a países en crisis y se cambió la óptica para instaurar un nuevo modelo.
Los americanos no pagarían impuestos para luego utilizar estos fondos públicos con el objetivo de socorrer a economías en crisis, fruto del despilfarro de sus gobernantes. Así, nace una nueva etapa en el mundo durante la cual se terminan los salvatajes financieros, casi en el mismo acto en el que el gobierno argentino lo necesitaba en los finales del año 2001, lo cual derivó en el fin del mandato de Fernando de la Rúa y el comienzo de una de las crisis más profundas que vive la República Argentina.
Salarios aquí y allá
En la India y en China la hora por trabajador es equivalente a un dólar. Por ende, la producción se focalizó en grandes cantidades producidas de bajo valor agregado. En Estados Unidos y Europa, el costo de la mano de obra asciende a no menos de 15 dólares la hora, por lo tanto la producción apunta a productos innovadores, dotados de tecnología y con alto valor agregado. Ambos escenarios trajeron como consecuencia una fuerte mejora en la rentabilidad del capital, lo que produjo una fuerte liquidez a escala mundial.
(*) Director del Instituto de Investigaciones EconómicasFundación Libertad
Salvador Distéfano (*)