Sergio Serrichio (CMI)
Aunque las elecciones aporten escenario y personajes y el minué de candidaturas entretenga a la platea, las corrientes de fondo de la política argentina pasan por otros lados. Un buen pronóstico meteorológico vale hoy más que mil encuestas. Y los vericuetos judiciales del "gasogate", como a esta altura podrían empezar a llamarse las investigaciones que empezaron con el escándalo Skanska y que están poniendo en entredicho la trama de fideicomisos, dedazos y complicidades con la que el gobierno encaró la infraestructura y provisión de servicios públicos, a la larga, probablemente licuen más el poder oficial que victorias opositoras en ámbitos locales, como las de Mauricio Macri en Capital Federal o Fabiana Ríos en Tierra del Fuego.
El clima dio un leve respiro, aunque la situación requiere más que buenas temperaturas. La escasez energética estará entre nosotros hasta por lo menos mediados de 2009. El gobierno sigue echando mano a su repertorio de excusas, entre las que puso en primer lugar el alto crecimiento económico, y priorizando los cortes a la industria, para evitar que la crisis llegue sin filtro a las clases medias urbanas. Tal vez ahí -y no en una improbable proyección nacional de Macri- esté el aspecto más preocupante de la derrota oficial en Capital Federal: el electorado porteño, el grupo urbano más privilegiado por el esquema de tarifas eléctricas y de gas del kirchnerismo, le dio la espalda a quien lo mima con precios congelados y provisión sin cortes en un país de energía escasa. >
Como sea, el gobierno está jugado a mantener al menos cuatro meses más (hasta las elecciones) una política energética que ha hecho que las reservas de gas y petróleo hayan caído por debajo de los diez años. Las reservas probadas de gas natural son hoy similares a lo que eran en 1977, años antes del descubrimiento del megayacimiento de Loma La Lata y el nacimiento del mito del país gasífero.
En ese marco, el gobierno acaba de llamar a licitación la construcción del Gasoducto del Noreste (que, según los planes originales de aquél, debió haberse inaugurado el año pasado), profundizó el maniobrismo energético y se topó con nuevos coletazos del escándalo Skanska.>
Si los planes se cumplen, el Gasoducto del Noreste se alimentará con gas de Bolivia, según Kirchner se encargó de asegurar en la cumbre de presidentes del Mercosur, en Asunción, en su reunión con Evo Morales. El problema es que la provisión a la Argentina es la tercera prioridad del país andino, detrás de la suya propia y del abastecimiento contractualmente acordado con Brasil. Las promesas de Evo a Kirchner valen igual que las de éste a Michelle Bachelet, la presidenta de Chile. Cuando un bien escasea, la primera decisión es a quién cortarle primero. Kirchner, que defendió hasta último momento el uno a uno entre el peso y el dólar, para luego pasarse al anti-noventismo ferviente, debería saber que la convertibilidad energética no es técnicamente superior a la monetaria. Cuando no hay (dólares o gas), no hay. A menos, claro está, que cambie el precio.>
Que el reconocimiento de ese dilema está lejos lo demostró el episodio de la Unión Industrial Argentina, cuya conducción nacional morigeró los ímpetus confrontacionistas del interior, para no irritar al gobierno. "No ganamos nada con pelearnos", fue el argumento simple e irrefutable con el que los popes de la UIA sofrenaron el no menos simple e irrefutable argumento de los dirigentes provinciales, que plantearon por qué en vez de cortar 40 ó 45 por ciento la energía a la industria, no hacerlo parejamente, en torno del 10 por ciento, a todo el país. Al final, prevaleció el criterio de no pelearse con un gobierno que odia que lo contradigan. >
Pero el problema del gas no se limita al de las temerosas declaraciones empresarias. También están esos caños por donde fluye, que el fiscal Carlos Stornelli ordenó investigar, por posibles irregularidades en la construcción del gasoducto Patagónico, al secretario de Energía, Daniel Cameron; al subsecretario de Combustibles, Cristian Folgar, y a dos funcionarios que ya perdieron sus cargos por el escándalo Skanska, el ex interventor del Enargas, Fulvio Madaro, y el ex gerente de Nación Fideicomisos, Néstor Ulloa. La canción es siempre la misma: sobreprecios.>
Dos declaraciones sureñas pusieron sobre el tapete cuestiones que el gobierno intenta silenciar. Una, casi desapercibida, fue la del representante neuquino en la autoridad de la Cuenca del Comahue, Elías Sapag (hijo), quien advirtió que, si bien dejaron pasar agua hasta El Chocón, ahora deben privilegiar "el agua para la vida, el riego y las industrias locales. El agua que le hemos concedido a la Nación por fuera de las normas ha sido de ayuda solidaria para recomponer el sistema eléctrico, pero esto no puede durar eternamente", dijo Sapag.
La otra fue la denuncia del ex gobernador santacruceño, Sergio Acevedo, quien calificó como negociado y "profundización de la matriz del menemismo" la prórroga por diez años, con opción a otros veinte, de áreas petroleras en Santa Cruz. La prórroga, concedida por el gobernador de la provincia, Daniel Peralta, puesto a dedo por Kirchner hace poco más de un mes para desactivar la crisis docente, fue a Pan American Energy (por volumen de producción, la segunda petrolera del país), en la que están asociados BP (como desde hace años se conoce a la inglesa British Petroleum) y la familia Bulgheroni. Lo más llamativo, sin embargo, es que la prórroga fue concedida diez años antes del vencimiento de la concesión vigente. �Seguridad jurídica? �Necesidad de horizontes amplios para invertir y explorar? Son argumentos ajenos a la Argentina K.