Rubén Monerris.
La mayoría de las personas que deciden visitar Jujuy siempre lo hacen entusiasmados por la propuesta de sus paisajes, por el atractivo multicolor de sus cerros quebradeños y cuando llegan a estas tierras, se dan cuenta que la provincia es mucho más que eso, no sólo en los paisajes sino también en su riqueza arqueológica, histórica y cultural.
Pero no queda allí la sorpresa, porque a medida que pasan las horas se van dando cuenta que lo intangible, lo que no alcanzan a ver, resulta tan valioso y atractivo como aquello que pueden llevar de recuerdo en una fotografía o en una filmación. Se trata de la calidez de sus pobladores, y del respeto con que mantienen y cumplen con las costumbres y creencias de sus milenarios ancestros.>
Al recorrer caminos y senderos de la Quebrada, los Valles, las Yungas y la Puna se encuentran con cuadros imposibles de haber sido pintados por cualquier mortal y también imposibles de repetir.>
Uno de ellos es la región de la Puna, donde uno realmente se puede sentir cerca del Altísimo y ver reflejada su humanidad en los espejos del cielo. No hay mejor metáfora para explicar la conjunción entre la impecable blancura de las Salinas Grandes y el azul eterno del firmamento.>
Así como fue transitada en su momento por el Inca, construyendo su famoso camino, o más acá en el tiempo por el conquistador español en lo que llamó el Camino del Despoblado, actualmente existen varios circuitos en los que es posible conocer una historia que comenzó antes de la llegada de Cristo a la tierra.>
Y agosto es, quizás, el mes de mayor expresión en Jujuy. Es cuando la Pachamama está presente prácticamente en todo acontecimiento, es cuando se conmemora la gesta del Exodo Jujeño, se venera a San Salvador (patrono de la ciudad capital) y a Santa Rosa de Lima (patrona del pueblo de Purmamarca), pero es el 15 de Agosto, en la fiesta de la Asunción de la Virgen María que se cumple con una de las costumbres que perdura desde que el español pisó estas tierras, el Toreo de la Vincha en el pueblo puneño de Casabindo.
A diferencia de lo que pueda pensar, suponer o temer cualquier foráneo, esta es la única fiesta taurina de la Argentina, y es totalmente incruenta, porque no se trata de dañar al toro sino más bien jugar con él -como quien enfrenta los problemas de la vida-, despojarlo de la vincha roja adornada con monedas de plata que tiene sujeta a su cornamenta, y ofrendársela a la Señora, que preside la corrida desde un sitial de honor.>
Casabindo celebra este hecho de una manera muy especial, puesto que desde el día anterior comienzan a congregarse en el poblado los Misachicos y las bandas de Sikuris que peregrinan desde localidades vecinas, y algunas desde lugares más alejados cumpliendo una promesa de años.>
Poco a poco van llegando desde las comunidades vecinas como Cochinoca, Doncellas, Aguas Calientes, Tambillos. Recorren a pie entre 30 y 50 kilómetros, con sus vírgenes sobre los hombros en sencillas angarillas hasta llegar a la iglesia de Casabindo, un lugar escondido de los mapas y protegido por los cerros andinos.>
Estos seres de piel curtida por el tiempo y pasos lentos y sabios se detienen en la calle principal, frente a la iglesia, se miran entre sí, y sin decir palabra se separan. Algunos, en su mayoría mujeres, están dentro de la iglesia con las "mamitas" (como llaman popularmente a las vírgenes), dedicadas a adornar y vestir a la Virgen, la homenajeada de este día.>
La veneración por la Señora no queda solamente en esos gestos llenos de devoción, sino que también se suma la veneración de los Samilantes, u Hombres Suris ataviados con sus trajes de plumas de esta avestruz del Norte y cascabeles en las rodillas y piernas mientras otras mujeres cumplen con el ritual de la Cuarteada, aferrando un cuarto de cordero con piel que tiene que desmembrarse antes de que termine la ceremonia, para lo que dan vueltas, se agachan, ruedan sobre sí mismas y dan más vueltas, con la mente puesta en quién sabe qué pensamientos o plegarias.
Después de la ceremonia religiosa central comienza la Toreada, para la cual ya están encolumnados esperando su turno los improvisados toreros, que como única defensa llevan un poncho puneño y su fe para enfrentar al animal y conseguir la ansiada Vincha que se la ofrecerán a la Virgen y lograr su gracia.>
El Toreo de la Vincha es un acontecimiento de proporciones en la provincia al que concurren tanto jujeños como salteños, tucumanos y hasta bajan algunos desde las ciudades bolivianas de Villazón o Tarija, y por supuesto, numerosos extranjeros ávidos de conocer una costumbre que se mantiene viva desde la época de la Conquista.>
Este encuentro, que sucede una vez al año, es el momento que aprovechan los pobladores de la región para instalar una feria callejera donde se venden colchones, ollas, frutas, ponchos, jabón, todos productos elementales que quizás sólo en este lugar y en esta oportunidad pueden adquirir los que llegan desde lo profundo de la Puna. Otro es el cuadro que ofrecen los puestos levantados en los espacios abiertos que rodean la iglesia, donde se venden asado de cordero, locro y empanadas, acompañados con abundante chicha.
Además de compartir esta celebración, es casi una obligación admirar los cuadros de pintura cuzqueña, obras de Arte Religioso que alberga la Iglesia de Casabindo -declarada como Monumento Histórico Nacional y bautizada la Catedral de la Puna- entre los que se destaca una serie de los Ángeles Arcabuceros.>
Cerca de las seis de la tarde, cuando Inti avisa que enseguida se esconderá detrás de la gran cordillera, el frío y el viento anuncian que la fiesta ha terminado y la caravana de autos levanta una nueva polvareda que se pierde en la lejanía del altiplano. En la noche, los ínfimos arroyos se congelan y Casabindo, en medio de la nada, vuelve a sumirse en el silencio y la oscuridad absoluta, custodiada solamente por las estrellas.>
Cómo llegar. El pueblo de Casabindo está ubicado en plena Puna jujeña, a 271 kilómetros de San Salvador de Jujuy y a 49 kilómetros de Abra Pampa. La altura sobre el nivel del mar llega a los 3.377 metros. Más allá de que la temperatura durante el día es agradable, entre 20 y 25� C, al tiempo de la oración desciende rápidamente y en la noche se ubica entre los 5 y 10� C bajo cero.
Se puede llegar vía aérea o por colectivo hasta la capital jujeña y continuar en vehículo por la Ruta Nacional 9 hasta Abra Pampa. Allí, se ingresa a la Ruta Provincial 11 para transitarla durante 50 kilómetros hasta Casabindo.>
La otra alternativa es ir por la Ruta Nacional 52, ascender la Cuesta de Lipán, cruzar el empalme con la Ruta Nacional 40, y unos 20 kilómetros más adelante, cruzando las Salinas Grandes, a mano derecha, está la conexión con la Ruta Provincial 11, que llega hasta Casabindo pasando por pueblitos como Rinconadillas, San Francisco de Alfarcito y Tusaquillas.>
En micro de línea hasta Abra Pampa y desde allí se pueden utilizar transportes privados de la zona. Otra alternativa es aprovechar los viajes especiales que preparan las agencias de turismo tanto de la capital como las de los pueblos de la Quebrada. Para los que optan por la movilidad propia, los caminos son pavimentados en un 70 por ciento de trayecto y el resto, de tierra, en buenas condiciones.
Alojamiento. La oferta de alojamiento en Casabindo es muy pequeña, al igual que en Abra Pampa. Lo ideal es alojarse en Purmamarca, Maimará, Tilcara, Huacalera, Uquía o Humahuaca, por lo menos el día anterior.>
Gastronomía. Durante la festividad en Casabindo, la oferta de comidas está basada en platos regionales, como locro, asado de cordero, empanadas y tamales. Algunas agencias de turismo incluyen el catering en la excursión.>