1611/17, el código del peine. Secciones 10 y 12: Bazar y Vidrio...
Por un segundo, Clara Porta Torrent cierra los ojos y está detrás del mostrador, con el guardapolvo gris, atenta a cada movimiento. Los abre: los años pasaron, pero esos números ya no pueden desligarse de lo que alguna vez significaron.>
Tiendas Industriales Argentinas, en los papeles; Tiendas Israelitas Argentinas, en el imaginario popular. Casa Tía, la imagen de los 18 metros en el corazón de la peatonal, es símbolo de una etapa de florecimiento de la vida comercial santafesina.>
Y las vendedoras, esas señoras que hoy ya pasaron los 60 y cuyo sentido de pertenencia permanece intacto, eran parte de la postal. Los recuerdos están vivos gracias a las reuniones periódicas que mantienen quienes alguna vez se pusieron el uniforme de Tía. Los encuentros comenzaron en 1992 y, desde entonces, se realizaron todos los años, e incluso hasta dos veces en el mismo período.>
"El 29 de julio del 57, por la noche, se hizo una recepción para las fuerzas vivas de la ciudad. Eramos estatuas, impecables. Al día siguiente se abrieron las puertas al público", recuerda Clara.>
Algunas de ellas sólo trabajaron un par de años allí. Sin embargo, se sienten parte de un pedazo importante de la historia. Zunilda Gentile fue empleada durante dos años, en la década del 60, cuando el comercio santafesino era tan pujante que hasta organizaba desfiles para elegir a su reina.>
"Conocí a mi novio en Casa Tía", sonríe, y recuerda aquella vez en que su actual marido viajó desde Córdoba -donde hacía el servicio militar- en la parte trasera de una camioneta, y llegó helado a la puerta del local. Se había escapado, sólo para verla.>
"Fueron épocas muy lindas. Éramos todas muy compinches", recuerdan. Zuni asegura sentirse "muy enganchada" con el grupo, a pesar de que después se fue a vivir a Paraná y permaneció allí durante 23 años.>
"Es que éramos todas chiquilinas. Las que entramos para la inauguración, teníamos entre 13 y 15 años. Era nuestro primer trabajo y teníamos muchas cosas en común", explica Clara.>
Al principio eran 130 las chicas que formaban parte del staff. Luisa Tobelén era una de ellas. Entró a Casa Tía casi por casualidad: "Tenía 15 años y recién llegaba de Villa Ocampo. Dos días antes de la inauguración, que se vislumbraba como un gran acontecimiento para la vida social de la ciudad, acompañé a un par de vecinas a anotarse", cuenta. Su único interés era conocer chicas de las que pudiera hacerse amiga.
"Mi mamá no quería que trabajara, pero yo, ya que estaba, me puse en la cola. Apenas entré, me hicieron pasar para hacer el examen. Y aprobé. A los dos días inauguraban", evoca.>
Luisa comenzó como cajera en el área de Perfumería, y luego pasó a la Administración, donde trabajó durante dos años. "Fue muy poco tiempo, pero la amistad siguió. Salíamos a bailar, nos reuníamos siempre", relata.>
Casa Tía revolucionó el sistema de compras en Santa Fe: era el primer autoservicio de este tipo que abría sus puertas en la ciudad. "Y nosotras éramos las modelos. Estábamos siempre de punta en blanco, maquilladas, con tacos altos y medias finas. Los chicos se paraban en la puerta del negocio a esperar que saliéramos. Ocupaban toda la cuadra...", sonríe María Luisa Grande, y a su memoria acude la imagen de aquel día que fue a trabajar sin maquillaje y tuvo que escuchar los planteos del gerente. También recuerda, con la mirada cómplice de sus compañeras, a los chicos de Sudamérica y Olivetti, los negocios aledaños. "Nosotras también relojeábamos...", confiesan.
María Luisa nació en Italia y entró a trabajar a los 13. "Empecé el 8 de febrero de 1958 y me quedé durante doce años", cuenta la mujer.>
Y al recordar ese primer día revive las sensaciones que la invadieron en ese momento. "Estaba muerta de miedo. No hablaba casi nada de castellano y algunos me cargaban. El jefe me hacía repetir ciertas palabras, y no me salían... En principio me mandaron a la sección Cueros, a vender monederos y bolsos", dice.>
La costumbre de Tía era pasar a sus empleados por diversas secciones, para que aprendieran códigos, precios y artículos.>
De a poco, María Luisa fue perfilando su personalidad, rebelde y frontal. Y también fue convirtiéndose en la organizadora de eventos sociales: cumpleaños, despedidas de soltera, reuniones a las que todos estaban invitados.>
Las mujeres afirman que la relación con los gerentes era, en general, buena. Alejandro, Valentín, Di Lorenzo, Zani, Soria: algunos nombres se destacan entre tantos recuerdos.>
Caramelos de toda clase, chocolatines, alfajores, hebillas, medias, el jugo de naranja exprimido, la navidad, la época de venta escolar, el vendedor de cubanitos en la puerta... Un sinfín de objetos, colores y aromas moldean, en la memoria colectiva, la imagen de ese lugar.
Y en esa construcción no se puede obviar el clásico robo de caramelos y chocolatines. "Es parte de la historia", reconocen las mujeres. De todos modos, ellas no se quedaban atrás: "Nos comimos todo", reconocen entre risas.>
Como en todo trabajo, en la historia aparecen las buchonas, las traidoras, las "chupamedias"; aunque el paso del tiempo tamiza los recuerdos con un barniz de indulgencia.>
María Luisa trae a la mesa de los relatos el recuerdo de aquella vez que la descubrieron con unos panchitos escondidos debajo del mostrador de Perfumería, donde orgullosamente se desempeñaba como primera vendedora. "Me mandaron a vender chocolates a la puerta, durante seis meses, castigada", cuenta.>
El sistema era bastante estricto, con prohibiciones de ingerir alimentos y limitaciones para ir al baño. "Hicimos el servicio militar para damas", resumen las mujeres.>
El 1° de noviembre de 2001 cada una caminaba por rutas distintas. Pero cuando se enteraron del cierre del local, la sensación de tristeza las alcanzó a todas. "De todos modos, ya no era lo mismo de antes. Se había hecho cargo una cadena de supermercados, y la esencia había cambiado. Hasta el día de hoy seguimos extrañando al viejo Casa Tía", coinciden.>
El local, de 1.200 metros cuadrados, pertenecía entonces a la empresa francesa Carrefour, que había tomado el control total de la cadena de ventas minoristas Norte-Tía en el país. El 17 de octubre de 2002, Tiendas Castellanas anunciaba la apertura de una nueva sucursal. Era el principio de otra historia.>
La clientela incluía a algunos personajes que tenían cita fija en el local. Uno de ellos era un señor de 80 años que visitaba Casa Tía todas las mañanas, elegía tres o cuatro mostradores y les dejaba a las chicas bizcochitos de la panadería Teló. Ellas lo invitaban a todas las fiestas y lo contaban como uno más.
"A mí una vez me operaron de apendicitis, y cayó al sanatorio a visitarme con medio kilo de caramelos de chocolate... Era un personaje -recuerda María Luisa-. Todas le decíamos `abuelo'. Él nos adoraba, éramos su familia".>
Por otro lado, para celebrar el acontecimiento, esta noche, a partir de las 22.30 en el comedor del Club Unión, los ex empleados se encontrarán para compartir una velada de recuerdos y anécdotas. Allí celebrarán los 50 años del nacimiento de Casa Tía en Santa Fe.>
El 30 de julio de 1957 abría sus puertas en la ciudad un negocio cuyo novedoso sistema de autoservicio, la variedad de artículos que alojaba y la fama de la belleza de sus empleadas, dejaría marcada una huella en la historia santafesina.>