Luis Tarullo (DyN)
El sol puede ser tapado con las manos en un entretenimiento pasajero de la vida común y corriente, pero si se pretende extender el juego al mundo político y económico se corre el riesgo de terminar escaldado. Estas figuras pueden aplicarse perfectamente a lo que está ocurriendo con la doble indemnización y los accidentes de trabajo, ya que a ambas cuestiones -centrales, por cierto- se les puso sordina ante la presencia de un intenso y fundamental año electoral.
Pero los temas resurgieron sorpresivamente en momento y lugar inesperados: durante la visita presidencial a México. Allí el jefe del Estado, Néstor Kirchner, tuvo que responder a la pregunta de un ejecutivo azteca sobre el doble resarcimiento -en realidad del 150 por ciento- y aseguró que la indemnización aumentada caducó. Y también mostró su optimismo acerca de una resolución sobre la nueva ley de riesgos de trabajo.>
Entonces, automáticamente, se desató el debate y, otra vez, las discrepancias sobre si la indemnización por despido sin causa debe seguir siendo superior al 100 por ciento.>
Representantes gubernamentales, sindicales y empresariales retomaron la discusión sobre manidas cuestiones, como la inclusión o no en el lote de desempleados de las personas que cobran planes sociales.>
Si se las considera prestadoras de trabajo a cambio de los subsidios, entonces la desocupación es de un dígito. La indemnización volvería a ser la original. Si se los engloba como personas sin trabajo, el desempleo supera el 10 por ciento. El resarcimiento debería mantenerse en la categoría de "doble".>
Y no podía estar ausente la interpretación legal de la normativa vigente al respecto: si hace o no falta una resolución aclaratoria sobre la caída del beneficio especial o si concluye automáticamente.>
La aparente salida se inscribe en la tradición de tirar todo para adelante: según se dijo desde el gobierno, la "doble" caerá cuando la desocupación descienda a un dígito, con o sin beneficiarios de planes sociales incluidos. Así es posible que se llegue sin nuevos debates inesperados a los comicios. Pero como la cuestión es lo suficientemente inestable, trascendió que, a tono, también habría doble interpretación en el campo empresarial. Y entonces habría quienes pagarían la indemnización simple y otros la bonificada, estos últimos con el fin de evitar litigios en los tribunales.>
Por otra parte, también quedó en las gateras el tema de la nueva ley de accidentes de trabajo, habida cuenta de las discrepancias entre empresarios y sindicalistas, las cuales el gobierno confía en superar con su intervención. El debate, al menos públicamente, se muestra paralizado. De vez en cuando se deja trascender que podría haber avances en la discusión, pero no hay muchos que se hagan cargo de asegurar que habrá una salida inmediata, con lo cual es legítimo pensar que no pasaría nada por ahora.>
Uno de los puntos centrales de fricción es -para continuar con la imagen de la duplicación- la llamada "doble vía" para cobrar las indemnizaciones por accidentes laborales.>
Desde el ámbito gremial se sostuvo la posibilidad de que los trabajadores cobren lo que establece la ley y puedan acceder luego al reclamo judicial. Una postura que tiene la férrea oposición de los empresarios, que defendieron la posibilidad única de recibir lo que establece la ley.>
Hasta las últimas conversaciones conocidas, había surgido -trascendió que era una idea que podía auspiciar la administración- una alternativa salomónica: optar por uno u otro camino, lo que se dio en llamar la "vía excluyente". En otras palabras, si se cobra lo que dice la ley de ART se renuncia a la acción en tribunales, y viceversa.>
Para ello, se habría promovido incluir en la nueva legislación un resarcimiento por un valor aproximado a lo que podría cobrar el trabajador si litigara en la Justicia, con lo cual se desalentaría la concurrencia a los tribunales.>
Pero la irresolución de ambos temas -indemnización y accidentes de trabajo- acarrea no sólo problemas para empleadores y empleados, sino que aumenta la incertidumbre para quienes pueden tener la voluntad de arrimar inversiones al país.>
De esta manera, los potenciales capitalistas sienten que vuelven a tener ante sus barbas uno de los obstáculos que más inconvenientes han generado a la economía, cual es la inseguridad jurídica. Por ello, la pregunta del empresario en México fue lo suficientemente demostrativa acerca de las dudas que persisten en quienes ven en la Argentina un posible destino de su dinero.>
Y las inversiones, se sabe, cuando no son meramente especulativas, son multiplicadoras de trabajo.>
Por eso, máxime cuando el crecimiento de la economía puede augurar un cielo despejado, es definitivamente desaconsejable tratar de tapar el sol con las manos.>