Rogelio Alaniz
La visita de Hugo Chávez a la Argentina es un buen pretexto para hablar de él y del sistema político que funciona en Venezuela. En su reciente viaje a Europa Cristina Fernández justificó las relaciones con Chávez, comparando las relaciones que los gobiernos de Europa mantienen con Putin, el presidente ruso. En los dos casos lo que se impone es el interés nacional o el interés por el petróleo, para ser más directos.
Desde esa perspectiva, los argumentos de la senadora son inobjetables. ¿Por qué los argentinos debemos privarnos de mantener buenas relaciones con Chávez cuando Estados Unidos, por ejemplo, es el primer cliente petrolero de Venezuela sin que a nadie se le ocurra por ello acusarlo a Bush ni de comunista ni de populista?>
Sin embargo, la legitimidad de este razonamiento, inspirado en la realpolitik, se parece más a un pretexto, a una manera elegante de salir del paso que a un argumento serio, salvo que Cristina considere que Chávez es más o menos como Putin, una consideración que el gobierno argentino no se animaría a hacer por dos motivos: porque existe una real solidaridad ideológica con el régimen venezolano y porque esa solidaridad ideológica se nutre de las semejanzas entre el populismo creado por el general Perón en 1945 y el populismo militar impuesto por Chávez a partir de 1998.>
A la hora de estudiar un sistema político importa tratar de despojarse hasta donde sea posible de las anteojeras ideológicas y de las consignas que a favor y en contra de ese sistema elaboran los diferentes intereses comprometidos. No se trata de ser neutral, sino de comprender la naturaleza y las modalidades de un sistema político que cuenta con la adhesión de importantes sectores de la población.>
La advertencia es pertinente porque existe una derecha conservadora y oligárquica que odia a Chávez, lo demoniza, sin advertir que con sus diatribas fortalece su poder político y sin hacerse cargo de que en más de un caso ha sido esa derecha conservadora la aliada y beneficiaria de un sistema político democrático y liberal corrompido. Fue ese sistema, con su venalidad, el que preparó las condiciones para la llegada del chavismo al poder con el aplauso de la mayoría.>
Por el otro lado, la propaganda chavista presenta al régimen como una verdadera revolución socialista -socialismo del siglo XXI-, revolución que se manifestaría en los altos niveles de participación y justicia social impuestos y en el proyecto de integración latinoamericana que reivindica la tradición bolivariana.>
Así planteadas las cosas, y si los marcos conceptuales elaborados por la tradición socialista no están equivocados, en Venezuela, más que una revolución en clave marxista, pero también en la clave de la modernidad, lo que ha habido es un desplazamientos de élites en el poder. Su manifestación institucional es el pasaje de la cuarta república a la quinta república, de la república fundada mediante el acuerdo entre Acción Democrática y el Copei a la república bolivariana o chavista.>
El régimen de propiedad de los medios de producción no se ha alterado, tampoco la relación de clases en el interior del Estado. Respecto de las políticas de distribución de la riqueza, lo que predomina tiene más que ver con el asistencialismo y el clientelismo de origen cristiano y populista que con políticas socialistas en cualquiera de las versiones clásicas: leninista o socialdemócrata.>
La centralización del poder en Chávez está más cerca de un régimen populista de matriz militar que de un régimen totalitario tal como lo fundara Stalin o lo reprodujera Castro en Cuba. El sistema chavista es fundamentalmente un orden militar en donde las principales responsabilidades de poder están en manos de uniformados y el respaldo real, material, de ese poder está dado por las Fuerzas Armadas.>
El sistema ha abierto la participación de civiles en el poder, pero en lo fundamental lo que se impone es la disciplina castrense. ¿Es un sistema democrático? Si por democracia entendemos el gobierno elegido por el pueblo, sin duda que el chavismo es democrático. Desde 1998 a la fecha ha contado con la adhesión del voto popular. Hasta sus adversarios le reconocen capacidad para comunicarse con la sociedad y convicciones para defender un discurso que lo tiene a él como principal protagonista.>
El chavismo es popular pero no es republicano. Temas tales como la división de poderes, los controles institucionales, están reducidos a su mínima expresión. Chávez no destruyó las instituciones republicanas, las ocupó y las reformó de acuerdo con sus intereses. La retórica participativa no es más que un recurso verbal, un objeto de manipulación que vale siempre y cuando exprese la adhesión al caudillo. De hecho, el poder en Venezuela empieza y termina con el presidente.>
La concentración de poder no ha dado lugar a un Estado eficaz. Las instituciones estatales no funcionan o funcionan mal. El reciente informe de Transparencia Internacional ubica a Venezuela como uno de los países más corruptos de América Latina. El desplazamiento de las estructuras partidarias y corporativas de la cuarta república no significó un punto final a la corrupción; ahora los negocios los realizan otros grupos corporativos en alianza con burócratas estatales y militares.>
Sin duda que la renta petrolera es una de las claves que permite el funcionamiento del sistema. A la disponibilidad de excepcionales reservas de petróleo se sumaron en este caso el aumento del precio del barril, gracias, curiosamente, a la intervención de Estados Unidos en Irak. Cuando Chávez llegó al poder, el petróleo estaba en ocho dólares; ahora araña los ochenta dólares. Bush lo hizo. Esa colosal diferencia de precios es lo que le permite a Chávez adquirir una investidura de estadista latinoamericano, o, para decirlo en términos más directos, ser una suerte de Papá Noel, con la billetera cargada de petrodólares.>
Decía que en Venezuela la corrupción no ha desaparecido, sino que se ha desplazado. Tampoco la batalla contra la pobreza ha provocado resultados importantes, aunque más no fuere a la altura de la verborragia oficial y de los recursos económicos disponibles. La pobreza no creció, pero tampoco descendió significativamente.>
En donde sí hubo cambios significativos fue en salud y educación, sin duda porque el gobierno privilegió estas áreas y porque contó con el apoyo y el asesoramiento de un verdadero ejército civil de funcionarios cubanos. Al respecto hay que decir que su intervención en la vida interna de Venezuela incluye, además de las políticas sociales, tareas de espionaje y contraespionaje que los cubanos saben hacer muy bien.>
Los problemas de Venezuela para el mediano y largo plazo se expresan en dos niveles: desde el punto de vista económico, la dependencia de la renta petrolera para financiar sus proyectos, dependencia que no tiene miras de alterarse; y en el orden político, la creciente polarización social entre dos bandos cada vez más irreconciliables. En este tema, el chavismo también recuerda al peronismo de los años cincuenta.>
En Venezuela, más allá de que en la oposición militan sectores relacionados con los privilegios más irritativos del antiguo régimen, también se han sumado al antichavismo amplios sectores de las clases medias, intelectuales y grupos económicos que han quedado excluidos de los beneficios del sistema. Es la experiencia histórica la que enseña que una nación dividida tarde o temprano encuentra la alternativa de la unidad por el peor de los caminos: el golpe de Estado o la guerra civil. En todos los casos, los desenlaces a estas antinomias incluyen un increíble despilfarro de recursos y una herida en el tejido nacional que demora generaciones en cicatrizar.>
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