Mesa de café
Esperando las elecciones
Por Erdosain

El Flaco Abel deja el diario sobre la mesa con un gesto de fastidio: -Estoy harto de leer cómo se habla de corrupción sin que nunca nadie vaya preso. Miro la tapa y leo que Uberti ha renunciado y que nadie sabe nada de Antonini el portador de los 800.000 dólares. José, cuyas simpatías por el gobierno son cada vez más ruidosas, plantea que no hay impunidad, que Uberti renunció y que el resto de la culpa es de los venezolanos.

-Que son los grandes amigos del gobierno, advierte Marcial, para luego agregar que a ciertos políticos y a ciertos gobiernos sin duda hay que juzgarlos por los amigos que tienen. Yo intervengo para plantear que, más allá de la buena o mala fe de los gobernantes, ningún gobierno se puede mantener en el poder con un escándalo de corrupción por semana.>

José está a punto de responder, pero todos preferimos hacer silencio porque Quito, el mozo, se ha acercado con la bandeja y hoy nadie tiene ganas de escuchar las burradas que puede llegar a decir, sobre todo cuando nos enteramos de que a primera hora le preguntó a Abel por qué este gobierno persigue a la Iglesia Católica, y cuando Abel, sorprendido, le planteó a título de qué hacía semejante pregunta, la respuesta fue directa: porque ahora quieren meter preso a un sacerdote como Von Wernich que es un hombre bueno, motivo por el cual todos decidimos, por lo menos durante ese día, sancionarlo no dirigiéndole la palabra.>

Como para cambiar de tema menciono que la decisión del gobierno de pagar un premio de 300 pesos a los trabajadores estatales me parece un buen acto de propaganda electoral. Marcial, que no es peronista, pero es empleado público, considera que Obeid ha hecho lo que correspondía.>

-Tal vez haya hecho lo correcto -tercia Abel-, pero yo ya soy demasiado grande como para chuparme el dedo y creer que es casualidad que se acuerde de dar un premio dos semanas antes de las elecciones.>

-En los tiempos en que el peronismo estaba proscripto -señaló- los peronistas le decían a sus seguidores que cuando los partidos antiperonistas los invitaran a comer un asado fueran, comieran bien y antes de irse se despidieran cantando la "marchita". José sonríe y mueve la cabeza como dándome la razón en lo que digo.>

-Lo que habría que hacer ahora -considera Marcial- es cobrar el aumento y después votar por Binner.>

José recuerda que en 1945 los dirigentes de la Unión Democrática se opusieron al aguinaldo otorgado por Farrell. -Ese día perdieron las elecciones, aclara. -Sobre todo cuando un conocido dirigente empresario de entonces anunció que si ganaba Tamborini, el primer decreto sería anular el aguinaldo.>

-Quedate tranquilo que ahora no vamos ni a decir ni a hacer eso, informa Abel, porque si en el 45 los gorilas éramos nosotros, ahora parece que los gorilas son ustedes...>

-Y en la ciudad �a quién hay que votar?, preguntó.>

-El voto es secreto, dice Marcial y se ríe. José por supuesto, vota por los peronistas, pero aún no se ha decidido por cuál de los dos. Abel por su parte dice apoyar a Barletta y como para hacerlo poner nervioso a José le dice: -Sigan dudando y peleándose entre ustedes que dentro de un mes nos vamos a quedar con la provincia, con Rosario y con Santa Fe.>

-Y al mes siguiente volvemos nosotros como siempre, corrige José.>