Las elecciones celebradas este domingo en las provincias de San Luis y La Rioja ponen en evidencia los límites y los alcances de los liderazgos tradicionales en sociedades atrasadas. Mientras que en San Luis se impuso Rodríguez Saá con un porcentaje de votos que recuerda los comicios paraguayos en tiempos de Stroessner; en La Rioja, el régimen caudillista fundado por Carlos Menem hace más de treinta años, se terminó de derrumbar.
Sin duda que existen significativas diferencias entre La Rioja y San Luis. Las dos en su momento fueron provincias pobres, con altos índices de desocupación y exclusión social, pero hoy San Luis exhibe un escenario social y económico diferente, producto de promociones industriales que la han beneficiado y en donde sin duda el poder montado por los Rodríguez Saá permitió aprovechar al máximo estos privilegios.>
En el caso de La Rioja, los diez años en el poder de Carlos Menem no produjeron beneficios estructurales. El clientelismo se incentivó en una escala más alta, pero en términos de desarrollo la provincia mantuvo los tradicionales índices de atraso. El aparato clientelar se mantuvo intacto salvo que cambió el nombre de sus titulares. Lo mismo que en su momento le permitió a Menem ejercer su liderazgo es lo que ahora le permite a Beder Herrera ganar la provincia con más del 40 por ciento de los votos.>
La Rioja y San Luis históricamente han partido de situaciones parecidas, pero hoy sus escenarios sociales son diferentes. Mientras San Luis se ha modernizado en ciertos sentidos, La Rioja se ha mantenido en sus niveles de atraso, y el índice más elocuente de ello se expresa en los altos niveles de pobreza: el 80 por ciento, según las cifras oficiales.>
Carlos Menem considera que fue derrotado porque el oficialismo manipuló de manera discrecional los recursos públicos, sin advertir que en realidad fue víctima de las mismas prácticas que él ejerció durante treinta años en la provincia. Lo que la elección en La Rioja vino a confirmar es que los liderazgos no responden a virtudes mágicas o carismáticas de los candidatos, sino al control del presupuesto.>
En San Luis habría que preguntarse hasta dónde una provincia que ha crecido y se ha diversificado puede sostener un sistema político tradicional ejercido por un liderazgo familiar. Los estudios sociológicos y políticos sostienen que la renovación de la sociedad facilita la renovación política e institucional, un cambio que no se produce automáticamente y cuyos beneficios recién pueden apreciarse en el mediano plazo.>
Correspondería señalar, por último, que estos hábitos clientelares funcionan no sólo porque existen caudillos populistas que se valen de ellos para construir su poder, sino porque cuentan con la tolerancia del Estado nacional. Dicho con otras palabras, el populismo político ejercido a través de la manipulación de las instituciones y el uso y abuso de los recursos presupuestarios es un problema de las provincias atrasadas. Pero es también un problema nacional, en tanto que desde las más altas responsabilidades institucionales existe una cultura política que facilita estas estrategias de reproducción del poder.>