EDITORIAL
El año de la eterna campaña

Costó décadas, mucho dolor y demasiadas pérdidas humanas lograr que, de una vez por todas, la democracia echara raíces profundas en una Argentina acostumbrada durante la mayor parte de su historia a soportar golpes militares y gobiernos autoritarios.

Hasta 1983, seguramente pocos creían en la posibilidad de que una generación pudiera nacer y crecer en este país sin conocer gobiernos de facto, sin presenciar derramamientos de sangre y acostumbrándose a la posibilidad de elegir libremente a través del voto. Sin embargo, esto que para tantos constituyó un sueño, hoy es una realidad.>

De allí que este derecho fundamental de elegir representantes a través de las urnas debe ser debidamente valorado y preservado.>

Sin embargo, en este largo proceso de aprendizaje ciudadano e institucional existen aún ciertas características del sistema electoral que podrían mejorarse.>

La decisión del actual gobierno provincial de eliminar la ley de lemas fue sin dudas acertada. De hecho, durante años aquel sistema permitió que accedieran a cargos públicos numerosos candidatos que no habían sido los más votados por la gente.>

Pero el actual sistema de internas obligatorias, abiertas y simultáneas puso a la dirigencia política en un proceso de campaña electoral constante que se inició a principios de año y que seguramente continuará hasta noviembre, una vez finalizados los comicios presidenciales.>

Durante todo 2007, políticos y gobernantes estuvieron embarcados en estrategias electorales, alianzas, debates y gastos propagandísticos que ocuparon la mayor parte de los esfuerzos y consumieron energías que bien pudieron destinarse a tomar decisiones institucionales.>

Tanto es así, que hasta los mismos candidatos se quejan por lo bajo de esta eterna campaña, que provoca profundo agotamiento no sólo entre los políticos sino, sobre todo, en un electorado que ya comienza a sufrir el lógico cansancio de tanto discurso y tanta presencia mediática.>

Seguramente jamás se sabrá con certeza cuánto dinero se destinó durante este año a la propaganda política. Las cifras que los candidatos pusieron a disposición de organizaciones que trabajan por la transparencia institucional son sin lugar a dudas simbólicas -por no decir mentirosas-. Algunos, incluso, se negaron a brindar esta información que debería estar al alcance de la ciudadanía toda.>

Además, tampoco queda claro en el marco de la campaña electoral a cuánto ascendieron los gastos realizados desde el Estado -municipal, provincial y nacional-, a través de las arcas públicas que se nutren de los impuestos que pagan los contribuyentes.>

En definitiva, y respetando siempre este fundamental derecho a elegir a través del voto, será necesario realizar una serie de correcciones en el sistema electoral de la provincia para evitar tanto desgaste de tiempo, energía y recursos. La ciudadanía, seguramente, estará agradecida.>