Análisis
Convivir con la exigencia
Por Enrique Cruz (h)

Es verdad que Unión jugó mal ante Almirante Brown; es verdad que la gente se impacientó porque no vio ningún tipo de respuesta de parte del equipo; es verdad que enfrente hubo un rival mañoso, parecido al Tigre de Caruso Lombardi cuando recién ascendió y traía esa línea de juego típica de los equipos de la B Metropolitana, y también es cierto que, ante ese panorama, Unión no supo cómo jugar.

Es verdad también que, individualmente, algunos jugadores no soportaron el peso de la exigencia. Y esto es lo que más preocupa. Porque Unión va a convivir en esta temporada con la exigencia. Y frente a eso hay que tener aptitud y también actitud, por más que las cosas, en algunos partidos, no salgan. Pero los jugadores tendrán que acostumbrarse a que Unión, en este torneo, va por más; y que más allá de que hay 38 fechas para jugar antes de conseguir o quedarse afuera del objetivo, las respuestas en ese aspecto se deben empezar a brindar desde ahora.

�Qué quiero decir con esto?, que el camino es largo (algo que el hincha también deberá entender para no caer en el fácil terreno de los apuros injustos e inconducentes), pero que aquélla frase que lanzó el propio Trullet antes de empezar el torneo ("si no peleo el ascenso, lo consideraré un fracaso") exige ciertas respuestas que no se deben esperar. Es decir, se podrá jugar mal, como lo hizo Unión ante Almirante, pero la imagen de fuerza espiritual, de dientes apretados, de presencia, de pretender sobreponerse, aunque más no sea con actitud, a las situaciones negativas, no se debe abandonar jamás.

Hubo silbidos y reclamos el jueves. Se entienden si se trata de una reacción espontánea que se exterioriza al final de un partido en el que la actuación del equipo no gustó. Pero la gente tiene que entender que en la pretendida búsqueda de un objetivo mayor como es el ascenso, el hincha juega un papel preponderante. Por eso, los jugadores tienen que ser conscientes de que la imagen a transmitir debe ser firme, segura y comprometida, aún cuando un pase salga mal o un partido se complique.

Carlos Trullet, piloto de tormentas al que Unión recurrió cada vez que los proyectos deportivos se cayeron como castillo de naipes, conoce como la palma de su mano a este plantel. También a la gente. Y fue el primero en cargarse la mochila de la responsabilidad, porque entendió que había llegado la hora de rendir el máximo examen después del tiempo de gracia que tuvo en la temporada que pasó. A él se le podrá reprochar que en este partido no le salió bien ponerlo a Carabajal de "5" (que había jugado bien en Defensa y Justicia), pero nunca que le falta grandeza. Fue el primero en admitir que en este torneo -que dura 38 fechas aclaro- va por todo. Y ahí está su gran compromiso con el club que quiere y con la gente. Algo que, por si alguno no lo sabe, se está consiguiendo: el equipo está en el lote de punta desde el mismo arranque.