Pedro Elías
El postre más típico de Cataluña es, sin lugar a dudas, la crema catalana. Además de su buen sabor, es altamente nutritiva, gracias a sus elevados aportes de vitaminas y minerales. Este dulce tan popular se elabora de una forma muy parecida a una crema pastelera, con la particularidad de que se cubre con azúcar que es quemado y caramelizado con una plancha de hierro, de ahí el singular nombre de "crema quemada".
Sus orígenes proceden de la cocina judía. Los hebreos fueron grandes aficionados a las magníficas y dulces combinaciones de leche y huevos. La tradición de comer crema catalana en Cataluña se extendió popularmente en las fiestas de San José.
Lo más característico de esta receta es el caramelo tostado que corona la crema. Para quemarla, se cubre con azúcar en polvo y, con una plancha de hierro al rojo vivo que se pasa por encima, se tuesta el azúcar hasta que toma el color dorado del caramelo. Este postre puede servirse, además, de diferentes maneras, rodeado con crema, bizcochos o simplemente solo.
De acuerdo a la forma o al sistema que se utilice para espesar la crema, se pueden obtener diferentes resultados:
Además de su sabor, la crema catalana posee muchas propiedades, aunque eso no significa que podamos abusar de ella. Es un plato muy rico en vitamina A y calcio. Presenta todas las vitaminas del grupo B y nos proporcionará lípidos y variedad de proteínas.
Como garantiza máxima energía por las grasas procedentes de los huevos y los azúcares, es adecuado acompañarla de un plato menos consistente, como, por ejemplo, verduras. Es también recomendado su consumo moderado para personas que tienen alto el colesterol.
Poner la leche y el azúcar en un bol y mezclar. Añadir la vainilla, la canela y la cáscara de limón. Tapar con un plástico y dejar macerar toda la noche. Retirar la vainilla, la canela y la piel de limón. Separar las claras de las yemas. Batir las yemas y añadirlas a la leche.
Disolver la harina en dos cucharadas de leche. Añadir a la mezcla de huevos y leche. Batir con un batidor de varillas. Pasar la mezcla a una olla y cocer a fuego suave, sin dejar de remover hasta que espese. Verter en recipientes individuales y dejar enfriar.
Espolvorear la superficie con el azúcar y quemar con una plancha de hierro caliente en toda su superficie.