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El Papa reivindicó hoy el domingo como el Día del Señor y denunció que en la sociedad occidental esta jornada se ha transformado en "fin de semana, en tiempo libre" y que aunque el tiempo libre es necesario "si no tiene un centro, que es el encuentro con Dios, acaba con ser un tiempo perdido", aseguró.
Benedicto XVI hizo esta manifestación en la homilía que pronunció en la misa que celebró en la catedral de San Esteban, a la que asistieron varios miles de personas -unas 15.000, según la policía- de la que una gran mayoría siguió el oficio desde la plaza y calles adyacentes, bajo una incesante lluvia y en un día desapacible.
El Pontífice comenzó la homilía recordando la frase de los primeros cristianos "sine dominico non possumus", sin el Día del Señor no podemos vivir, y agregó que esas palabras siguen teniendo vigor en esta época, ya que el hombre -dijo- necesita un "centro, un orden interior y una relación con Aquel que sostiene nuestra vida".
Si eso no se da, la vida está vacía, subrayó el Obispo de Roma, que agregó que para los cristianos el domingo no es sólo un día de precepto, sino una necesidad.
El Papa Ratzinger, que en estos días de estancia en Austria ha hablado de los problemas que afectan a la sociedad occidental, agregó hoy que la "alocada vida" que hoy se vive "no da tranquilidad a las personas y se acaba con la vida perdida".
"En nuestra sociedad occidental, el domingo se ha transformado en fin de semana, en tiempo libre. El tiempo libre, especialmente con las prisas con que se vive es por supuesto una cosa necesaria, pero si ese tiempo no tiene un centro interior, del que salga una orientación, acaba por ser un tiempo perdido, que no nos refuerza ni nos cambia", denunció el Papa.
Benedicto XVI insistió en que el tiempo libre necesita de "un centro, el encuentro con quien es nuestro origen y nuestra meta".
El Papa teólogo añadió que el domingo tiene que ser la jornada de la gratitud y de la alegría por la creación y que en esta época "en la que las intervenciones del hombre ponen al mundo en peligro" es necesario más que nunca darle esa dimensión al séptimo día.
Estas advertencias al hombre de que con sus intervenciones sobre la naturaleza la está exponiendo a numerosos peligros las hizo un día después de que afirmara en el santuario de Mariazell, a 150 kilómetros al sureste de Roma, que si el hombre no distingue la verdad, la ciencia puede destruir el mundo.
El Papa visitó Mariazell en la festividad de la Natividad de la Virgen (8 de setiembre) y hoy en homenaje a la Virgen la música que acompañó al oficio en la catedral de San Esteban fue la conocida como "Missa Cellensis", compuesta por Joseph Haydn en 1782 en honor de María.
A la misa asistieron representantes de la Alianza para el Domingo, grupo que trata que en Austria se reconozca esta jornada como día de reposo, completamente festivo.
Benedicto XVI dio personalmente la comunión a numeros fieles, entre ellos una madre que acudió con su pequeño hijo en brazos, al que el Papa bendijo.
Tras la misa, el Pontífice salió a la plaza de la catedral, donde fue acogido con aplausos y vítores por los presentes, a los que dijo que había compuesto una oración a la Virgen de Mariazell.
También acogió a un grupo de niños, miembros de la Pontificia Obra de la Infancia Misionera, a los que agradeció la labor que realizan y a los que entregó una carta.
EFE-AFP