Escondiendo la basura debajo de la alfombra

La institucionalidad ha quedado en Córdoba a la vera del camino y el país político ha actuado casi como si no sucediera nada. Salvo los protagonistas centrales de la historia, bochincheros hasta por su propia naturaleza geográfica, el resto de los dirigentes oficialistas y de la oposición se han comportado en los días pasados como si estuvieran asistiendo en silencio a una suerte de "reality", mirado desde afuera, casi un divertimento para saber quién ha sido nominado y quién deberá abandonar el juego.

En todo caso, el gobierno nacional ya tiene suficiente experiencia en esas lides, porque la primera reacción del presidente Néstor Kirchner en estos cuatro años de mandato ha sido, en cada oportunidad en que se le ha movido el piso, callar y esperar acovachado hasta que pase la tormenta.

La actitud gubernamental ha resultado simétrica en todos los temas en los que necesitó darle a la opinión pública una definición inmediata, desde aquel incomprensible retiro patagónico en medio de la catástrofe de Cromañón, pasando por los casos de Skanska, Miceli y la valija con los dólares en un avión oficial, hasta el agresivo episodio que involucró al "pingüino" Daniel Varizat, en Río Gallegos, el 17 de agosto.

Tras los controvertidos comicios cordobeses, este último silencio de más de 48 horas y apenas algunas referencias tangenciales e interpretativas en los discursos presidenciales sobre lo "cristalinas" que deben ser las elecciones, han sido siempre parte de su modo de actuar: dejar que los temas decanten primero, verificar luego los daños con encuestas en la mano y recién después salir a tomar una posición. Negar la realidad y luego barrer debajo de la alfombra no parece ser lo que en general se espera de los gobernantes, si aún la definición de gobernar es "mandar con autoridad o regir algo". Adicionalmente, en estos días, todo el gobierno cuenta los días que faltan para que llegue el 28 de octubre, ya que está claro que, hasta ahora, los grandes distritos se muestran refractarios al gobierno nacional. El caso de Hermes Binner en Santa Fe fue el penúltimo ejemplo, ya que le pasó por encima al peronismo que estaba cansado de ganar elecciones en la provincia, y luego surgieron con más fuerza en el horizonte las consecuencias políticas del caso Córdoba.

Lo concreto es que allí el gobierno se quedó sin el pan y sin la torta por el simple hecho de jugar a dos puntas y de apoyar a los dos principales contendores con sus propias líneas internas, Julio De Vido a Juan Schiaretti y Alberto Fernández a Luis Juez.

Aunque después de mostrar los dientes, el gobernador José Manuel de la Sota le haya puesto paños fríos a la situación y el intendente de Córdoba haya llamado salomónicamente a votar en blanco, la opinión pública parece haber interpretado que el gobierno nacional actuó de modo poco claro, situación que ha puesto en crisis la imagen de Cristina Fernández de Kirchner en la provincia mediterránea.

Pero, aparte de las mañas ya conocidas en cuanto al proceder oficial, ha llamado mucho más la atención la tibieza de la oposición en el caso cordobés, con declaraciones poco convincentes y hasta de compromiso en algunos casos, con más preocupación declamada que ocupación de espacios visibles. Cosas de las vedettes, ninguno se atrevió, por ejemplo, a salir a la calle con el candidato Luis Juez, acaso porque lo consideran impredecible. íY vaya que tenían argumentos para salir en defensa de la institucionalidad!

En medio del aquelarre cordobés de complicada resolución, la campaña nacional del oficialismo siguió como si nada durante la semana pasada, en un operativo conjunto del matrimonio Kirchner para intentar seducir a los empresarios. Lo comenzó Cristina el miércoles, con la asistencia a un almuerzo que organizó Idea, la misma entidad que, pese a su rol académico y no de lobby, fue varias veces ninguneada por el presidente durante estos cuatro años.

Con alfombra roja, en agradecimiento formal de una presencia que mucho se valoró por lo antedicho, los hombres de negocios escucharon masivamente (hubo que agregar casi 200 cubiertos) y con mucho interés a la primera dama, quien, no obstante, no cerró con propuestas de fuste ni uno solo de sus comentarios económicos, que fueron más bien generales y de tono menor para las expectativas que había generado, enmarcados en los grandes temas que se le consultaron. A la hora de evaluar el fondo de la cuestión, en estricto off the record, algunos asistentes admitieron que se sentían algo defraudados.

El ánimo de encolumnamiento con el gobierno fue más difícil de perforar en la reunión que al día siguiente hizo la Unión Industrial Argentina para darle marco al Día de la Industria, una reunión que, lejos de ser plural como merecía una celebración de ese calibre, fue dedicada en exclusiva al agasajo al presidente saliente, ya que la UIA ha sido beneficiada en estos cuatro años por las patas más promocionadas del modelo (tipo de cambio, protección, etcétera), más allá de que ahora recibe en comodato un terreno en Parque Patricios para construir un probablemente monumental centro de exposiciones.

Desde ya que tampoco, sin siquiera espíritu corporativo, los empresarios han querido pronunciarse públicamente sobre las situaciones de las petroleras Esso y Shell, en este último caso, con un cerco del gobierno a varias puntas y con el rumor creciente de que se estaría gestando un desembarco venezolano en el área de la comercialización de combustibles.

En cada una de estas puestas en escena, donde cada cual atiende su propio juego (hasta la CGT presionó con apoyar a Alberto Rodríguez Saá, si no les daban cargos en las listas), Cristina primero y su esposo al día siguiente negaron la posibilidad de que la crisis energética sea responsabilidad del gobierno y defendieron al unísono el rol del Indec, aunque siempre hablaron de cambiar la metodología hacia adelante y no decir qué hacer con las flagrantes manipulaciones que se han realizado hacia atrás.

Esta situación sigue siendo otro de los puntos flacos de la campaña electoral de la senadora, no tanto por el golpe al bolsillo que mes a mes sufren los consumidores por encima de los índices oficiales, sino porque la candidata no sólo demuestra que no pasa con frecuencia por el supermercado, sino porque ha vuelto a hablar del ajuste CER como fundamento para no calcular las cifras verdaderas, sin tomar en cuenta que los bonos con ajuste por inflación son parte de la cartera de las AFJP, cuyos tenedores también son votantes.

Hugo E.Grimaldi (DyN)