Hoy se cumplen diez años de la muerte del reconocido cineasta entrerriano Fernando Ayala, quien conformó una dupla creativa y productiva con Héctor Olivera, de la cual surgieron filmes como "El jefe" y "Plata dulce".
Considerado con Leopoldo Torre Nilsson como uno de los transformadores del cine local en los años 50, Ayala fue un gran admirador de René Clair e hizo suya aquella frase del maestro: "Lo mejor posible para el mayor número posible".
Ayala nació el 2 de julio de 1920 en Gualeguay, Entre Ríos, y realizó sus estudios secundarios en el Colegio Ward de Ramos Mejía, donde durante tres años consecutivos se destacó como el mejor alumno de su camada.
Años después, abandonó la carrera de abogacía para incorporarse a lo que era su verdadera vocación: el cine. Comenzó como ayudante de Francisco Mugica y continuó con Tulio Demichelli, hasta que en 1954 el productor Alberto de Maio le brindó la oportunidad de dirigir su primera película.
Así surgió "Ayer fue primavera", comedia dramática que lo instaló definitivamente en la primera línea de los realizadores argentinos, algo que fue ratificado al año siguiente por "Los tallos amargos".
En abril de 1956, fundó con Héctor Olivera -con quien había compartido en 1948 en Chile el rodaje de "Esperanza"- la productora Aries Cinematográfica Argentina, que se transformó en una de las más importantes productoras y distribuidoras locales, con 112 largometrajes en su haber.
Desde entonces, todas sus películas como director fueron realizadas para su propio sello a partir de "El jefe" (1958), basada en un cuento de David Viñas e incluida entre las diez películas más significativas del cine nacional.
En esta primera etapa en blanco y negro se destacaron: "El candidato" (1959), "Primero yo" (1963), "Con gusto a rabia" (1964) y "Paula cautiva" (1963), con un guión compartido con Beatriz Guido, una de sus mejores y más representativas películas.