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Todos la recuerdan como la protagonista de bellas películas filmadas por grandes directores de Hollywood y, también, porque protagonizó uno de los cuentos de hadas del S. XX. Grace Kelly, la bella heroína de tantos filmes, se casaba con el príncipe Rainiero. Y fueron felices y comieron perdices. Todo concluyó dramáticamente en la mañana del 13 de setiembre de 1982, cuando el coche deportivo que conducía la princesa Grace se desbarrancó. La leyenda comenzaba con su deceso al día siguiente. Ana María Zancada la recuerda.
Fue uno de los cuentos de hadas del S. XX. La bella heroína se casaba con el príncipe y fueron felices y comieron perdices. Pero hubo entretelones que no figuraron en la historia oficial que se vendió a los medios. Tal vez no importaba demasiado. El público quería disfrutar la ilusión y en ese momento los oscuros detalles no importaban.
La historia siguió su curso, la princesa fue mamá y la vida en Mónaco seguía siendo una perfecta combinación de belleza y paraíso.
Pero todo se quebró dramáticamente en la mañana del 13 de setiembre de 1982, cuando el coche deportivo que conducía la princesa Grace se desbarrancó. Con ella iba su hija Stefanie que sólo resultó con heridas leves. Grace sufrió una gravísima hemorragia cerebral que determinó su deceso al día siguiente.
Cuando comenzó su carrera como actriz Grace Kelly no podía imaginar que sería esto lo que la llevaría a ocupar un trono. La realidad superó sus sueños más audaces.
Su porte, su elegancia, su belleza serena, sus ojos claros entre arrobadores e incitantes hicieron perder la cabeza a Ray Milland, el inexpresivo y maduro Gary Cooper, William Holden, Bing Crosby; uno de los galanes más codiciados del momento: Clark Gable; el aplomado Gary Grant, James Stewart resistió apenas. En realidad todos los galanes que trataron con ella la amaron, pero no todos se enamoraron de ella.
También hubo oposición de mamá y papá y en el ínterin apareció Rainiero. En 1954 Grace encabezaba la delegación de Hollywood en el Festival de Cannes. Para esos días la Revista París Match, planeó una sesión de fotos con la actriz y el príncipe de Mónaco.
Grace asistió de mala gana y casi se retira cuando tuvo que esperar más de una hora a su Alteza. Pero ya el destino estaba marcado. Finalmente se encontraron, recorrieron los jardines del palacio, el zoo privado, las colecciones de pinturas, de porcelanas. El diálogo era fluido, ameno. El príncipe hablaba un inglés de clase alta, sin afectación, mientras sometía a la bella actriz a un indisimulado análisis.
�Qué te pareció el príncipe? Le preguntaron. Encantador, respondió ella, sin otro comentario. Grace siguió con su carrera. "El cisne" fue premonitorio en muchos aspectos. Basándose en las fotografías del encuentro, la prensa europea comenzó a especular con un romance que fue rotundamente desmentido por ambas partes. Pero lo que nadie sabía era que la pareja no había dejado de comunicarse, lo hacían a través de cartas que personal de estricta confianza era el encargado de hacer llegar a destino.
Rainiero necesitaba casarse, había pasado los 32 años y no se decidía por ninguna de las bellezas que lo miraban con ambiciones desleales. Pero su Alteza Serenísima ya estaba decidido. Sólo faltaban algunos detalles de lo que sería el contrato matrimonial. La familia esta vez no opuso reparos. Incluso cuando el Sr. Kelly supo que la tradición marcaba que la novia debía aportar una dote al matrimonio. Fue de dos millones de dólares. Grace también tuvo que someterse a un control ginecológico para demostrar que podía engendrar herederos.
Todo salió bien. La actriz se despidió de Hollyood con una comedia brillante, "Alta Sociedad", y se convirtió en la princesa Gracia Patricia de Mónaco. El 19 de abril de 1956, Grace entró en la catedral de San Nicolás del brazo de su papá, llevaba un vestido diseñado por Helen Rose, la autora del vestuario de "El cisne", que pesaba más de lo deseado, dado los 320 metros de encaje de Valenciennes, entre otras cosas.
Pero el mundo estaba feliz. La familia Kelly estaba feliz. Las damas de honor no eran todas vírgenes, como establecía el protocolo, pero nadie reclamó nada. Grace y Rainiero comenzaron a vivir su historia de amor.
Tal vez muchas veces su mesurada sonrisa no era mas que la máscara con que trataba de ocultar una desolada tristeza. Hasta el accidente fatal del 19 de setiembre. Entre los hierros retorcidos y humeantes del Rover quedaba roto para siempre uno de los cuentos de hadas del siglo que lo alimentó.
Mónaco no podía entender lo que sucedía. Durante tres días el ataúd permaneció en la Catedral. El 21 de setiembre, Grace fue enterrada en la cripta de los Grimaldi, junto a los príncipes y princesas que rodean en semicírculo el altar. La lápida no hace mención a su condición de princesa: "Gracia Patricia, esposa del Príncipe Rainiero III, murió en el año del Señor 1982".
Su vida fue intensa, llena de éxitos, belleza y glamour. Ocupó los niveles más altos del estrato social, fue conocida en el mundo entero. De todos sus años vividos a pleno, �cuántos instantes de verdadera felicidad habrá podido disfrutar? Nunca lo sabremos. Nos queda sí, su imagen serena, de mujer casi perfecta, cerrando el último capítulo de su vida.
ANA MARIA ZANCADA