En relatos, poesías, letras, se suceden a menudo pequeñas rupturas, mínimos accidentes elaborados, temerarias composiciones, que obligan al lector a detenerse, estupefacto. Aun avezados exploradores de páginas, así, abortan rotundamente su dinámica frente a un escrito, a causa de construcciones que generan una sensación de impacto insólita, un efecto inmediato de perplejidad, asombro, consternación: para que ello ocurra, dos términos, contradictorios u opuestos, se unen en un sintagma, a priori forzadamente; se amuchan o, más bien, chocan, dando lugar a una figura retórica que supone, en esencia, un desafío de orden lógico: el oxímoron.
Rodolfo Walsh abre su "Operación Masacre" con una frase perturbadora, que alguien deja caer en un bar: "hay un fusilado que vive"; en "Tiempo", Alejandra Pizarnik escribe: "yo no sé de la infancia/más que un miedo luminoso". Expresiones como "caigo en el aferrarme", "como el disfraz que me desnuda" y "viajeros perdidos entre tanto no partir" pertenecen a Hugo Mujica; Leo Ferré describía, en su momento, una "soledad habitada y poblada"; del clásico "oxímoron borgeano" (uno de sus libros se titula "Historia de la Eternidad") puede citarse el bello y trágico: "vida y muerte han faltado a mi vida" (aun a riesgo de que técnicamente pueda no ser considerado como tal).
Hay, por supuesto, otros casos más mundanos o coloquiales, que buscan, además de cierta sorpresa, la complicidad o el humor, agrupando términos que se entienden como inconciliables y que explotan esa imposibilidad o tensión (claro, hasta que la expresión se cristaliza por el uso): "silencio atronador", "luz oscura", "lleno de nada" y "tensa calma" son de uso corriente. En otros, como "inteligencia militar", "periodismo cultural", "historia novelada" y "ciencia ficción" se cifra una toma de postura relacionada con lo ideológico e inclusive una crítica (ácida, sarcástica) a la morfología de algunos sub-géneros.
Antes que otra cosa, entonces, un oxímoron es una construcción que urge a detenernos, en un esfuerzo por aprehender y hacer inteligible la intención del autor. Pero éste implica, en lo fundamental, una relación con otras figuras y una lectura de índole figurativa o metafórica, atravesada, a su vez, por la ironía y la paradoja.
Formación con fines estilísticos y, simultáneamente, arrebato derivado del arbitrio del habla, el oxímoron bordea lo paradojal, fusiona caracteres entendidos como contrarios y confluye en una amalgama que abre -como en un hipertexto- múltiples posibilidades interpretativas, algunas de enorme belleza. La antinomia semántica o el absurdo aparente son superados por la sugestión que estalla, producto de la colisión terminológica, para felicidad de aquellos que ven en el lenguaje una extraordinaria maravilla que necesita, más que otra cosa, una mano sensible y un oído atento. �Habremos aportado algo, al menos con el título de esta nota?