Llegan cartas

Cenizas

Señores directores: Son las mismas historias de siempre, esas mismas historias repetidas tantas veces. Florecieron los naranjos. El parque se llenó de perfumes, de pájaros y de niños... la vida normal, la de todos los días, ésa que no sabemos si nos llena o nos harta, la vida de todos. Ella cruzó la calle titubeante, los pies alcohólicos la llevaban como marejada, la ropa vieja y raída. Se acercó y me pidió un cigarrillo con la voz entrecortada, balbuceando. Pude verle la cara entre los cabellos largos y sucios. No sé si era joven o parecía vieja, tantas arrugas de ésas que nos dan sólo los años. No sabía qué hacer con el cigarrillo, pensé que quería fuego y lo encendió temblando, quizás de vino, de frío o miedo. Se sentó a mi lado en el banco del parque, mordisqueó palabras entre pitada y pitada, creo que su nombre era algo así entre chanza o ceniza. Empezó a hablar, me dijo que tenía dos hijos, uno de tres años, otro adolescente, preso por matar a una mujer; tiene "pa' toda la vida adentro", musitó mirando a lo lejos.

Movía las manos haciendo círculos en el aire, echaba humo por la nariz, encorvada la espalda llevando el cansancio de años encima. Le quise preguntar dónde vivía, si trabajaba, qué quería, qué necesitaba... pero no hablé, tan cerca las dos en el banco pera tan lejos una de la otra, tan lejana como el sol que se ocultaba tras los eucaliptos. Vi que se paraba tambaleándose sobre las piernas, me miró de nuevo y se fue sin decir nada, con sus ojos perdidos en el vacío que solamente ella podía llenar. La vi perderse, cruzar la calle entre los automóviles, su figura parecía un pájaro malherido. La tarde fue cayendo lentamente, con la crueldad de la rutina, vaya a saber para dónde, por cuál calle, con qué rumbo, hacia qué destino... Las crónicas de los diarios son frías, estáticas, se deslizan por las maquinarias, nuestros ojos recorren las letras, las palabras.

"Una mujer en visible estado de ebriedad fue embestida por un automóvil en altas horas de la noche, sobre la avenida de circunvalación. Se desconoce su identidad...".

Su identidad era ella. Era ella con sus cabellos lacios, su mirada perdida, ese dolor que le ocultaba la edad. Su hijo quedó en la cárcel; el otro en algún lugar por allí en el mundo. Ella no sé dónde, quizás desapareció hacia lugares desconocidos donde van los que no pidieron la vida ni la muerte.

Alicia Gurdulich - Ciudad

Chicos de la "bolsita"

Señores directores: �Quiénes serán los culpables del genocidio infantil que pronto sucederá, los que estuvieron, los que están o los que vendrán? Cuando éramos niños, teníamos miedo al viejo de la bolsa; ahora tememos por la vida de los chicos de la "bolsita".

Los políticos no hacen nada por solucionarlo; la burocracia y la indiferencia por estos niños sigue su marcha; continúan hablando y prometiendo soluciones incumplidas. Mientras tanto, gran cantidad de chicos irá desapareciendo. Por Dios, no esperen más. Hagan algo por nuestra querida Argentina.

Dolly Campana - LC 1.049.195