Salió de un zanjón en pasaje Santa Fe y Llerena
Vecinos de Ciudadela sorprendidos con la aparición de una víbora
Especialistas de la Subsecretaría de Recursos Naturales y Pesca identificaron el ejemplar como una "Curiyú", especie no venenosa que "se encuentra amenazada en su estado poblacional". Su hábitat natural no es la zona donde apareció, por lo que pretenden investigar qué pasó.

Los vecinos de Ciudadela Norte no salían de su asombro, aún varias horas después de la inaudita visión. En la mañana de ayer, una víbora de exageradas dimensiones se deslizó una cuadra hacia el norte, desde el zanjón de pasaje Santa Fe y Llerena hasta la esquina opuesta. El susto que el bicho le ocasionó a más de uno predijo su muerte, y su original magnitud -a lo largo y a lo ancho- lo llevó a un árbol desde donde todo el que pasaba lo podía ver.

"Yo no la ví cuando salió", aclara la mujer que sólo observó al reptil de "más de dos metros" sin vida. Las manos de Alba se arquean en una C bien abierta y se miran sin llegar a tocarse los dedos, como si estuviera sosteniendo un termo tan gordo que no le permite juntar siquiera las yemas, para graficar el ancho de la serpiente. El gesto es acompañado por unos ojos bien abiertos que no llegan a rozar el asombro que le produjo el encuentro con ese cuerpo con una cabeza como su mano y "con escamas como el pescado".

A un costado, Jésica mueve su cabeza como signo de aprobación y agrega que "se armó un revuelo bárbaro" entre los habitantes de la zona que querían observar el fenómeno. "La encontraron unos chicos y la ataron de un árbol, ahí empezaron a caer todos para ver esa cosa pesada, como un pedazo de carne inmensa", que llamó a tal punto la atención que "parecía una exposición". No era para menos, concluye Jésica aún con cara de sorpresa: "Creo que nunca ví una víbora tan grande".

Que todos la vean

El que tuvo la festejada idea de la exhibición fue Adrián, que junto con sus amigos de 15 años la buscó y colgó "ahí -en un árbol de la esquina de pasaje Santa Fe y Lavaisse- para que todos la vean". El trabajo no fue fácil, cuenta, "la alzamos entre tres, era muy pesada y medía como 3 metros y medio".

Vanina, luego de exacerbar las observaciones sobre "el bicho", incorpora al jardín de apreciaciones una nueva reflexión: el miedo de que aparezca otra. Es que su marido, que "vive en el campo", le dijo que "si es una hembra, la pareja anda por ahí. Seguro son dos".

�Quién la mató? �Cuánto tiempo reptó para dejar tras su notorio serpenteo una huella tan visible como las de las ruedas de un camión? Algunas preguntas no tienen respuestas cerradas y ciertas entre los vecinos que alimentan el mito y la leyenda de este reptil inaudito de tamaño desorbitante.

Una Curiyú

Desde la Sub Secretaría de Recursos Naturales y Pesca de la Provincia, el médico veterinario Daniel Hunziker identificó al ejemplar como "una Curiyú (Eunectes notaeus) de la familia de las boas", ubicada en el grupo que de las serpientes "más grandes de Argentina", que llegan a medir "5 metros de longitud".

No es venenosa y no suele andar por la zona en que los vecinos la encontraron: "Se distribuye por la región litoraleña del país, siempre siguiendo cuencas de grandes ríos, y en virtud de esto, sus hábitos son acuáticos y semi acuáticos". Por lo que desde la dependencia sospechan que alguien la acercó al lugar y la abandonó, o la extravió.

Este hecho preocupó a Hunziker que calificó la noticia como "delicada" y dio intervención a la Dirección General de Recursos Naturales y de Ecología, para que "inicie medidas tendientes a averiguar las probables causas del hallazgo".

Esta especie, concluyó el especialista, "se encuentra amenazada en su estado poblacional y su aparición en esa zona de la ciudad es poco probable de darse naturalmente, por lo que se podría tratar de una captura ilegal y liberación intencional o accidental".