La candidata a presidenta por el oficialismo, Cristina Fernández de Kirchner, buscó transmitir a empresarios de firmas norteamericanas garantías del rumbo económico, en especial la continuidad de superávit fiscal y seguridad en cuanto a la provisión de energía, y puesta a seducir capitales aseguró que la Argentina es "un país para invertir".
En el recoleto escenario del hotel Waldorf Astoria, de Nueva York, Fernández de Kirchner expuso en un ciclo organizado por el Council of Americas ejes generales del modelo económico y repasó, sobre todo, los índices favorables de la economía.
La ronda de preguntas, donde se esperaban mayores precisiones, fue finalmente limitada ante la extensión que había tenido el discurso y se mantuvo en la misma esfera de definiciones generales. La limitación, a su vez, supuso un "filtrado" que dejó afuera las inquietudes principales de los presentes, generando notorias molestias: la deuda en default, las tarifas, los controles de precios y la polémica con el Indec.
Fernández de Kirchner aseguró que las claves del desarrollo económico argentino fueron la "vinculación" entre la agroexportación y la industrialización, la "solvencia fiscal", el "desendeudamiento" y "la acumulación de reservas" en el Banco Central.
"Si el año que viene volvemos a crecer, la Argentina por primera vez en casi 200 años de historia va a alcanzar un crecimiento sostenido durante seis años", afirmó, frente a los empresarios acomodados en las mesas distribuidas a lo largo del salón del piso 18 del Astoria.
Su discurso subrayó la decisión de mantener el superávit fiscal: "Nadie puede gastar más de lo que gana", graficó. La candidata aseguró que "una de las claves de este modelo de acumulación es superar la antinomia, sin sentido, entre producción del campo e industria. Era un cliché y de lo que se trata es de aplicar el principio casi clásico de diversificar la matriz de inversión para poder quedar con menor riesgo" ante los cambios globales de la economía, dijo.
"Es un buen negocio invertir en la Argentina y puede serlo aún más", afirmó. Desde las mesas la escuchaban, entre otros, los empresarios Felipe Bayón y Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy), Eduardo Eurnekian y Ernesto Gutiérrez (Aeropuertos Argentina 2000), Jorge Brito (Banco Macro), Woods Stanton (Arcos Dorados -Mc Donalds), Ivan Arancibia (ABN-AMOR) y Marcelo Figueira (PSEG Global).
Tras un repaso de los índices económicos, Fernández de Kirchner dedicó un extenso párrafo a demostrar que su eventual gestión pondría especial atención en el problema energético y a desarrollar una "matriz diversificada". "Hemos tenido problemas en materia energética", se sinceró, pero lo vinculó al crecimiento y detalló acciones destinadas a aumentar el suministro.
El tramo final apuntó a la idea de mejorar la articulación entre la economía y el mundo de la investigación. "Nunca utilizamos ese terrible potencial que tenemos para vincularlo al proceso económico y productivo", dijo en referencia al mundo académico.
El Council of Americas, cuya titular es Susan Segal, reúne a gran parte del empresariado de los Estados Unidos, muchos de los cuales tienen inversiones en la Argentina. Aunque Fernández de Kirchner disertó repetidas veces ante el auditorio del Council, la proximidad de las elecciones de octubre y sus chances de convertirse en la próxima presidenta multiplicaron el interés entre los directivos de empresas. El salón, por ello, se mostró prácticamente colmado.
Los interesados, si son miembros del Council, debieron pagar una inscripción de 250 dólares para asistir. Para los no socios, el monto fue de 400 por cabeza: la misma tarifa que se cobró a quienes se anotaron en la charla de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet. En cambio, para escuchar el martes al presidente de Ecuador, Rafael Correa, alcanzaba para los no socios con pagar 250 dólares.
Taiana y Rice
El canciller Jorge Taiana mantendrá mañana una reunión de trabajo con la secretaria de Estado de EE.UU., Condoleezza Rice, donde abordarán temas de la agenda bilateral y multilateral, entre ambos países. El temario fue delineado ayer, en una reunión con el secretario Adjunto para Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado norteamericano, Thomas Shannon, y el subsecretario para Asuntos Políticos, Nicholas Burns.
El gobierno iraní rechazó hoy las acusaciones argentinas de no cooperar en la investigación del atentado en 1994 contra la mutualista judía AMIA en Buenos Aires, que dejó 85 muertos, según la agencia de noticias Irna.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Mohamed Ali Hoseini, respondió a las acusaciones lanzadas hace dos días a Irán por el presidente Néstor Kirchner, durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU, de "no haber hecho nada para esclarecer" el atentado terrorista.
"Las declaraciones de Kirchner indican que o bien su información no está actualizada, o bien ha hecho esos comentarios por la influencia de la situación actual de su país, con unas elecciones próximas y bajo las presiones de los sionistas", dijo Hoseini en un comunicado.
En noviembre de 2006, la Justicia argentina ordenó la captura internacional de ocho ciudadanos iraníes, entre ellos el ex presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanyani, y un libanés, sobre la base de un informe de la Fiscalía que consideraba que Irán encomendó el ataque al grupo radical chií Hezbolá.
Irán se ha negado hasta ahora a entregar a las personas requeridas y ha apelado ante la Interpol la decisión de la policía internacional para que se dé prioridad a la búsqueda de los acusados.
Según el portavoz, los autores del atentado no han sido procesados debido a "la corrupción del sistema judicial de la Argentina" y señaló que, como "medida humanitaria", Irán ya se ha mostrado dispuesto a crear un comité judicial conjunto irano-argentino para aclarar el incidente.
Asimismo, Hoseini acusó a "grupos belicistas sionistas" de hacer todos los esfuerzos posibles para crear una situación política tensa en la Argentina y "mantener congelada" la relación de los dos países.
Además, Hoseini aconsejó al gobierno que dé prioridad a sus intereses nacionales, en vez de dejarse influenciar por presiones políticas.