Al margen de la crónica
Somos campeones otra vez

Hacía tiempo que no vivíamos una ironía semejante: Argentina, un país futbolero, conservador y machista al extremo, obtuvo un nuevo campeonato mundial. ¿Qué tiene eso de irónico? el hecho de que haya sido de la mano de "Los Dogos", como se denomina el conjunto nacional integrado por jugadores que se confiesan homosexuales.

Los nuevos campeones vencieron al seleccionado de Inglaterra en el mundial de fútbol gay disputado en Buenos Aires y por eso, nuestro país al igual que en 1986 en México -último campeonato mundial ganado por la selección mayor- levantó la copa más preciada, mal que le pese a muchos.

Como era de esperar, todos o casi, los "futbólogos" que hay que soportar en los miles de programas sobre ese deporte o conductores y panelistas de televisión y radio -en los espacios llamados de interés general- no se ahorraron comentarios sobre el certamen.

Los discursos que se escucharon, además de poco serios, de tendencia homofóbica y de dejar en ridículo a los jugadores siempre que pudieron -si bien hay temas que dan para la humorada- demostraron una vez más lo lejos que está la sociedad argentina de representar y ser un lugar para todos.

Nunca antes vimos a periodistas preguntarles al Cholo Simeone o a Pablo Aimar, por ejemplo, ¿no irán para atrás en la final?, ¿te caiste y te quebraste la muñeca?, ¿quién hizo la camiseta del equipo, es rosa?.

Tampoco evitaron decir cosas como "la homosexualidad es una enfermedad con la que se nace", "el fútbol que juegan los normales...", "ellos también tienen derecho a jugar si quieren".

Sería bueno preguntarles a los dueños de esos comentarios desde dónde miran o en qué lugar se colocan para decir lo que dicen o qué consideran normal.

Mal que les pese a los futbólogos, como a tantos otros, somos campeones y fue un buen momento para que un equipo revolee la camiseta y los prejuicios.