Las personas de más de cuarenta seguramente recordarán un programa de televisión donde Walt Disney, uno de los más importantes creadores de dibujos animados, revelaba las maravillas de Disneylandia, la ciudad de la fantasía creada e ideada bajo el eslogan: "Los sueños se pueden volver realidad".
Desde hace unos meses, el edificio del Indec parece ser la Disneylandia argentina. La ceguera de un gobierno que ¿cree? que la inflación no existe, que cada día hay menos pobres y que los salarios aumentan mucho más rápido que los precios se hace realidad sólo en los papeles, intentando crear la ilusión de una mejora en la calidad de vida de la población.
Pero este espejismo se estrella con una realidad que distinguen millones de ciudadanos cada día, cuando van a adquirir los productos esenciales y básicos para su alimentación, vestido, transporte, comunicaciones, salud, entre otros.
Y esta situación que no refleja el Indec es señalada por las asociaciones de consumidores y especialistas en la materia que, al revelar los precios, divisan -particularmente en los últimos cuatro meses- un proceso de aceleración de la inflación que preocupa y para el cual es necesario tomar medidas urgentes y precisas antes de que la situación se salga de madre.
Para citar algunos ejemplos de las condiciones que existen fuera de Disneylandia, en el país real, mostraremos los resultados de Adelco nacional, que sigue la evolución de los precios de 22 productos para alimentación y de 6 de higiene a través de dos canastas de compra. La primera se compone de productos de marcas reconocidas y la segunda, con los productos más económicos encontrados en las góndolas. Esta encuesta se efectúa mensualmente desde hace 15 años y toma siempre los mismos productos en los mismos supermercados.
Los precios de productos de consumo básico relevados en supermercados e hipermercados de la ciudad de Buenos Aires registraron los siguientes incrementos de precios acumulados. Desde el 1° de enero al 26 de setiembre pasado, la canasta de marcas baratas aumentó el 32,38 %, pasando de 82,42 a 109,11 pesos, y la canasta de marcas líderes aumentó un 26,40 %, pasando de 104,18 a 131,68 pesos.
Desde Adelco Santa Fe también hemos efectuado un relevamiento de precios en el mes de setiembre, siendo la canasta básica alimentaria de 540 pesos y la canasta básica total, de 1.162 pesos.
La primera de ellas marca los requerimientos mínimos alimentarios de una familia de cuatro miembros, compuesto por un jefe varón de 35 años; su esposa de 31 años, un hijo de 5 y una hija de 8 años, y la segunda agrega bienes y servicios no alimentarios.
De tal suerte que las familias de cuatro integrantes que no reciben ingresos mensuales mayores al valor de la canasta básica alimentaria son indigentes. Es decir, no cubren las necesidades mínimas de alimentos para tener una nutrición adecuada. Y los que no perciben ingresos mayores al valor de la canasta básica total son considerados pobres.
En consecuencia y de acuerdo con nuestro estudio, la canasta básica alimentaria para una familia de cuatro miembros tiene en Santa Fe un valor de 540 pesos contra los 445 pesos que publica el Indec y la canasta básica total es de 1.162 pesos contra los 952,20 pesos que publica el Indec. Según nuestro cálculo, ambas canastas están un 22 % más caras que lo difundido por el Indec.
Para que no queden dudas, es importante que cada consumidor conozca algunos de los precios que ha utilizado el Indec para construir su fantasía y observe con sus propios ojos si puede encontrarlos en algún establecimiento comercial. Éstos son: pan francés, $ 2,71 el kg; harina de trigo común, $ 1,02 el kg; asado, $ 8,10 el kg; nalga, a $ 11,27 el kg; pollo entero, $ 4,67 el kg; leche entera en sachet, $ 1,62 el litro; queso cuartirolo, $ 14,06 el kg; papa, $ 1,45 el kg; cebolla, $ 1,36 el kg; tomate redondo, $ 3,66 el kg, y yerba mate, $ 2,61 el kg.
Dra. Claudia González Dato/Ing. Luis Lombó (Adelco)