Una radiografía del cinturón verde santafesino
La producción hortícola cayó un 70% en veinte años
En los medios, toda la semana se habló del precio del tomate. Por eso, Campolitoral investigó las condiciones de producción de verduras y hortalizas en Guadalupe, Recreo y Monte Vera. Los quinteros quieren consensuar una legislación laboral adaptada al sector e incorporar tecnología para salir de la crisis y volver a ser competitivos.

Cualquiera que recorra el cordón verde que rodea a la ciudad de Santa Fe se va a llevar una sorpresa. Al lado, y en el medio de las quintas que producen tomate, lechuga y zapallito, va a ver muchos lotes con trigo y alfalfa. La mayoría. Y si la vuelta se hace en algunas semanas, los va a encontrar sembrados con soja.

No hay que confundirse. El boom de la agricultura no está desplazando la producción de hortalizas. Para los productores, que en promedio son dueños de unas doce hectáreas en esta zona, no es rentable hacer cultivos como el trigo y la soja que necesitan grandes extensiones. En realidad, estos lotes agrícolas son uno de las señales más claras de la profunda crisis que atraviesa el sector hortícola.

A principios de la década del 80', en las quintas de Guadalupe, Angel Gallardo, Monte Vera y Recreo se cultivaban 3.500 hectáreas con hortalizas, hoy esa cantidad apenas se acerca a las 1.000 hectáreas. En el resto de los lotes, hay trigo, alfalfa, o directamente malezas. Según las cifras de la Sociedad de Quinteros, en dos décadas la producción hortícola cayó más de un 70%, y el riesgo es que la caída no se detenga.

"Hace 20 años hacíamos cinco hectáreas de tomate y hoy no llegó a un cuarto de hectárea", confiesa Fabio Notaro, un productor que tiene su quinta en Guadalupe, a cien metros del GADA.

El tomate, que esta semana estuvo en la tapa de todos los diarios por su precio, es uno de los ejemplos más gráficos. En 1979 había más de 1.000 hectáreas sembradas en el cordón verde; desde el 2004, no se superan las 150, y este año nadie se anima a asegurar que se hayan alcanzado las 50 hectáreas.

La crisis no se refleja sólo en las cifras. Quien recorra la zona va a poder ver casas abandonadas, cultivos descuidados y desprolijos; y muchos, pero muchos yuyos.

"Sembramos trigo, alfalfa o soja para hacer algo, porque la vergüenza de un productor es tener su campo sucio y lleno de malezas", explica Guillermo Beckmann, presidente de la Sociedad de Quinteros, quien agrega que en pequeñas extensiones la soja no ofrece un buen margen económico: "El año pasado sembré cinco hectáreas y me dejó 1.100 pesos, obviamente no se trata de una opción rentable", precisa.

Las causas

El cinturón verde santafesino está en crisis por tres razones. En primer lugar, el conflicto laboral entre los productores y los gremios que representan a los trabajadores rurales que alcanzó su clímax en los últimos dos años, con inspecciones, multas y piquetes.

Fastidiados, y hasta sintiéndose incomprendidos, muchos quinteros tiraron la toalla y achicaron sus esquemas productivos, o sembraron trigo y soja.

"Queremos consensuar una legislación propia para esta actividad (ver La propuesta laboral). Nadie quiere que los peones estén en negro, por eso presentamos varios proyectos para buscar un sistema de registro que sea compatible con las características de un sistema de producción intensivo que necesita mucha mano de obra pero por poco tiempo", señala Beckmann.

La segunda razón es tecnológica. Los sistemas que se utilizan en la mayoría de las quintas están atrasados y no pueden competir con las estrategias que se desarrollaron en otras regiones.

En Corrientes, por ejemplo, utilizan media sombras para proteger a los cultivos del excesivo calor. Y en La Plata hay invernaderos para ir cultivando los tomates -y otras verduras y hortalizas- a pesar de las heladas y el frío.

En otras quintas -en climas más secos- se implementaron sistemas de riego por goteo y se planifica profesionalmente la producción de hortalizas en función de la demanda esperada. "En Santa Fe los productores están pensando en sobrevivir, no tienen resto para invertir y planificar", se sincera Beckmann.

El objetivo que proponen los productores es conseguir créditos blandos para poder hacer este salto tecnológico -la Sociedad de Quinteros tiene un proyecto concreto elaborado junto al INTA- y recuperar viejos mercados.

"Necesitamos apoyo del Estado para conseguir financiamiento, no estamos hablando de subsidios sino de créditos accesibles", agrega Roque Braccia, vicepresidente de la Sociedad de Quinteros y secretario de la Producción de Recreo.

Además, las inversiones son claves para renovar los tractores -muchos son de la década del setenta- y las chatas, y comprar herramientas nuevas, "las que se usan en las quintas suelen ser muy viejas", afirma Juan Carlos Favaro, productor y docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL.

La tercera razón es el clima. Los quintas fueron afectadas por el granizo en diciembre, la inundación de marzo y las 70 heladas que trajo uno de los inviernos más crudos de los últimos años.

El tema de las inundaciones sigue siendo muy sensible para los productores, sobre todo porque todavía no existe una estructura de desagües adecuada. "No sabemos dónde está la bomba que debe ubicarse al final del callejón Roca y la zanja que se hizo en el callejón las Mandarinas escurre muy lentamente", denuncia Beckmann. Su conclusión es sencilla: si vuelve a llover con esa intensidad, las quintas y los barrios de esta zona se van a volver a inundar.

La posta

Entre los 250 productores que todavía trabajan en en el cinturón verde hay muy pocos jóvenes. "Casi no hay nadie que tenga menos de 40 años", afirma Favaro. "No hay recambio porque la nueva generación no ve un futuro claro en esta actividad", coinciden Beckmann y Braccio.

Este es otro de los indicadores que muestra el complejo dilema que atraviesa esta actividad productiva. La crisis también afecta a los trabajadores rurales y a las comunidades de Recreo, Monte Vera y Angel Gallardo.

La directora de la escuela Manuel Belgrano -de esta última localidad- Marta Fanton, dice que la cantidad de estudiantes bajo en un 20%. Además, "los chicos vienen con útiles de menor calidad, cuando los traen, y para todos el comedor que funciona en la escuela es prioritario. Esto se relaciona con la reducción del trabajo en las quintas", interpreta.

Cristian Escalante, asistente social de la comuna de Monte Vera, sostiene que hay índices de emigración significativos de la mano de obra tradicional de la zona de quintas (inmigrantes bolivianos y chaqueños, entre otros). Escalante también cuenta que muchos de los que se quedaron trabajan en la construcción y en algunas actividades industriales.

Favaro, que tiene su quinta a algunas cuadras de Angel Gallardo, agrega un último dato. "En el pueblo antes había seis o siete despensas y almacenes, ahora quedan cuatro porque no hay tanta gente", resume.

Para los productores y para toda la gente que depende del cordón verde -en esta área viven más de 20.000 personas- el desafío es que cada vez haya más despensas, más quintas, más producción, más chicos estudiando en las escuelas y más peones que puedan vivir dignamente de su trabajo.

Se sabe. Las crisis también son oportunidades. "Antes nadie venía a las reuniones de la Sociedad de Quinteros, no te daban bola", recuerda Braccio. Ahora, todos están atentos, es que a esta altura ya saben que para salir del pozo hay que pelearla todos juntos y encontrar un esquema de trabajo que sea sustentable para toda la comunidad.

El Estado, a patas.

Hace dos años y medio que el Ministerio de la Producción tiene un ámbito específico para capacitar y asistir a los productores hortícolas. Se llama Programa Frutihortícola de Santa Fe, pero el problema es que no cuenta con un auto o una camioneta para poder acercarse a las quintas. Para hacer su trabajo los ingenieros que participan del programa tiene que pedir prestado algún medio de movilidad a alguna de las otras direcciones de este ministerio.

La propuesta laboral

Los quinteros proponen armar un sistema con estampillas para hacer los aportes por cada día que trabaja el peón. "Lo presentamos hasta en el Ministerio de Trabajo de la nación. También hablamos con las comunas para crear una oficina de capacitación en dónde los trabajadores estén registrados y ante la que podamos solicitarlos y luego hacer los aportes, pero todavía no hay ningún cambio", explica Beckmann.

"Nosotros no nos podemos hacer cargo de un peón golondrina que trabaja un día o dos, y pagarle los aportes por todo el mes, no hay economía que resista eso", dicen Beckmann y Braccia.

"Todos los extremos son malos", concluye el presidente de la Sociedad de Quinteros. "Y es lógico -y por supuesto legal- que los trabajadores estén blanqueados y que cobren dignamente. Pero no hay una legislación acorde al sector hortícola -insiste-. Nunca le dieron importancia al sector", cierra.

GASTÓN NEFFEN [email protected]