Cementerios turísticos

Guillermo Tovar (EFE)

Los cementerios, lugares que suscitan recuerdos tristes y temor a los fantasmas, también pueden ser atracción turística e histórica, como en Bogotá, donde la municipalidad publicó las guías del Cementerio Central, que incluyen en una primera fase la elipse central, en la que están las tumbas, los panteones y mausoleos de muchas de las personalidades colombianas de los últimos cien años o de las familias de blasones, con derroche de estilos arquitectónicos.

El trabajo se amplió más tarde a una segunda guía con el sector conocido como el trapecio y, después, se editó otra de los cementerios Hebreo, Alemán y Británico, apéndices del Central, que está en servicio desde 1878 y que fuera declarado monumento nacional en 1984.

El arquitecto e historiador Alberto Escovar Wilson-White subrayó que "hoy en día Bogotá es pionera en América Latina en recuperación de cementerios y en temas de legislación".

La historia de las sepulturas en la América Hispana se caracterizó por la costumbre, difícil de erradicar, de enterrar a los muertos en templos y conventos, sin muchas consideraciones de higiene.

A finales del siglo XVIII, el rey Carlos III ordenó desde España construir cementerios ubicados en las afueras de las poblaciones y prohibió las sepulturas en templos, pero la orden no fue acatada pronto. En América se construyeron cementerios a comienzos del siglo XIX en La Habana, Lima, Caracas y Montevideo, entre otras ciudades.

El primer camposanto de la entonces Santa Fe de Bogotá, fundada en 1538, lo había bendecido en 1555 el arzobispo fray Juan de los Barrios y era contiguo a la puerta de la Catedral.

En la Nueva Granada -nombre que entonces se daba a Colombia-, hubo intentos de hacer cementerios en Mompós, Cartagena, Popayán y Bucaramanga a finales del XVIII.

Sobre las guías del Central de Bogotá, de alrededor de 200 páginas cada una, Escovar manifestó que no tiene "referencias de que se hubiera publicado algo parecido".

Recordó que una parte de este camposanto fue convertida en el parque Renacimiento, al que da la bienvenida una enorme escultura ecuestre de bronce del colombiano Fernando Botero.