Al margen de la crónica
Pertenecer tiene sus ventajas

En medio de una fuerte apatía de la población, transcurre la campaña electoral para las elecciones presidenciales del 28 de octubre. Si los encuestadores no mienten, la candidata oficialista, Cristina Fernández de Kirchner ganaría en primera vuelta. Ningún candidato opositor hoy discute el primer lugar sino que son varios los que dicen estar segundos y a pocos puntos de obligar a realizar un ballottage.

Desde el regreso a la democracia en 1983, nunca pareció tan cantando un resultado electoral a nivel nacional. Aquel año, con métodos aún no tan sofisticados de encuestas y con mucha fuerza militante en la calle, Raúl Alfonsín superó a Ítalo Luder en la recta final. Seis años después, Carlos Menem le ganó ajustadamente a Raúl Angeloz e inició una década de gobierno. En el medio logró la reelección imponiéndose a José Octavio Bordón. Ya en 1999, las encuestas no se equivocaron cuando vaticinaron el triunfo de Fernando de la Rúa sobre Eduardo Duhalde. Cuatro años atrás era un final de bandera verde entre cinco candidatos donde el más votado (Menem) se retiró de la segunda vuelta al observar que una gran mayoría se iba a inclinar hacia el segundo más votado, el hoy presidente Kirchner.

Hoy nada parece poner en peligro el triunfo de la actual primera dama por más que haya muchos que digan "yo no la voto". Tanto la continuidad de un modelo de crecimiento económico, la restitución de la autoridad presidencial como políticas de derechos humanos parecen ser el sustento del voto. Pero además y frente a una oposición fragmentada y mezclada, la senadora bonaerense cuenta con el apoyo de un aparato estatal que le permite movilizarse en el país y en el exterior con el uso de fondos públicos y la difusión de sus hechos por el canal estatal y cadenas televisivas donde la pauta oficial es generosa. Así, la alta intención de voto, la fragmentación de la oposición y un fuerte apoyo estatal parecen transformar a Cristina en invencible.