Dos millones en cuatro años
Quien no conozca el recinto del Senado se pierde de conocer un bello edificio, que en los últimos cuatro años ha recibido una inversión de unos dos millones de pesos. El cambio se nota desde el subsuelo hasta el vitral de la cubierta de la sala de reuniones.

Han desaparecido los ámbitos oscuros, los tabiques laberínticos que con toda facilidad refugian horas laborales perdidas, e invitan a sentirse mal en el trabajo y por lo tanto a trabajar menos. También se quitaron los economicistas y lamentables entrepisos de tablas, que duplican el espacio pero terminan con cualquier criterio estético.

Y debe decirse que la intervención es bastante más profunda que lo aparente. Un nuevo sistema informático que completa la digitalización de todos los procesos legislativos y administrativos, más la apertura sin mediaciones de esos expedientes a la instancia más pública posible, Internet, deja por fin las herramientas para un cambio que si no proviene de la Cámara, de los senadores y de los empleados de la planta permanente sin dudas llegará desde el exterior, por vía de la presión social que demanda calidad institucional.

La gestión no se ha completado porque la mayoría de los senadores no aceptó tratar un proyecto que consagre un inédito régimen de concursos -que debería ser la norma- que había sido acordado con el gremio y el personal legislativo. Bielsa destaca que para las obras se usaron unos dos millones de pesos en cuatro años que provienen de "ahorros propios del presupuesto de la Cámara". Dice que hubo una partida extraordinaria autorizada por Hacienda, que finalmente no pudo usarse "porque recién ahora tenemos el pliego terminado -hecho por un grupo de expertos en preservación- para intervenir en la fachada del palacio".

A esa cifra deben sumarse los 520 mil pesos para demoler el esqueleto de hormigón del fallido anexo, que ya tiene su partida asignada.

Bielsa, como arquitecta y dirigente política, se ha dado el gusto de poner en valor un edificio emblemático. �Hay vinculación entre lo que proyectan como imagen las instituciones y lo que finalmente son... La arquitectura tiene una respuesta para esto?, preguntó El Litoral.

"Hay un libro maravilloso que se llama `La Arquitectura del Poder' (de Deyan Sudjic), es un francés que cuenta cómo cada gobierno y poder se representa en la arquitectura, es muy interesante. Una vez hablé de esto con el gobernador: creo que la última intervención fuerte en términos arquitectónicos fue del peronismo. Hoy pasás por el complejo Eva Perón en Rosario y decís `esto lo hizo el peronismo'. Ves sus planes habitacionales y lo percibís, o todos sus edificios escolares y hospitales. Es la arquitectura de la preocupación social".

"La arquitectura trasciende una generación, los edificios perduran más que los hombres. Y la idea de que un despacho sea embellecido, sea amable con quien lo ocupa es para que así resulte a quien -como ciudadano- viene a la casa de los ciudadanos. Y eso está refrendado desde la arquitectura, desde este edificio, y debe estarlo desde nosotros los funcionarios y los empleados".

Las actividades culturales tienen el mismo sentido en la sala central de la Legislatura "tiene el mismo sentido: ayer tuvimos chicos de 20 años en un café literario que de otra forma no hubieran entrado nunca, porque tienen un rechazo intrínseco. Han escuchado a sus padres putearnos toda la vida. Y ahora van a volver a sus casas a contar que fueron al Senado. Acerca la institución al ciudadano. Son 60 ó 70 personas distintas cada semana".