Si la imagen de la Cicciolina figura en algún rincón de la añoranza colectiva, en la memoria sin duda estará coleccionada su aparición en "Cicciolina number one" (1), aquella película sin relación con el turf donde compartía intimidades con caballos. Tuvieron que pasar muchos años para que a través de una delegación artística argentina se revelara el secreto de la desmesurada escena zoofílica, y desmesurada en diversos sentidos si se consideran los atributos del caballo. "No era yo, y tampoco se puede", confesó la actriz porno visitada en su casa ante sus admiradores Marley, Florencia Peña, Humberto Tortonese y Elizabeth Vernacci.
Estaban en Roma y en lugar de recorrer los tesoros artísticos del Vaticano, peregrinaron a la vivienda de la Cicciolina, que conserva su estampa de novia, toda de blanco y con la corona de flores en la cabeza, esa tez pálida que contrasta con sus labios pintados al rojo furioso y un cuerpo botticelliano que, con los años, la fueron asemejando a nuestra Silvia Suller.
Fue el momento principal de "Viaje de locos" (Telefé, los jueves a las 22), donde se han reeditado las visitas al extranjero de Marley y Florencia Peña, que formalizaron una pareja que se constituyó casualmente durante el ciclo "Por el mundo", cuando el animador se desplazaba con distintos acompañantes y encontró en la menuda actriz la partenaire ideal para sus juegos pavotes. Se trataba del alma gemela con la cual compartir relinchos y una falta absoluta de inhibiciones.
Si alguna vez hubo, al menos, una espontaneidad real en esa unión a primera vista, ya pasó: ahora repiten una rutina exitosa, y con la misma aceptación que marcaron los 17 puntos de rating de la entrega inicial. Luego de la incursión por Egipto con el modisto Jorge Ibáñez y Georgina Barbarossa, el segundo envío fue dedicado a Roma, en un viaje por Italia cuya próxima parada será Sicilia, el jueves que viene. En el nuevo ciclo llevan dos invitados, siempre de la farándula, y una actriz cómica que completa la idea, ahora dominante, de que estamos en un programa de sketchs humorísticos que bien puede grabarse en un estudio con una escenografía de pirámides pintadas en el fondo, sin necesidad de subirse a un avión.
Como se sabe, la diversión consiste en una serie de bobadas, furcios calculados, menús con alimañas, risotadas porque sí, comentarios burlones sobre los nativos y un habla común donde abundan las palabras que la gente no quiere escuchar en boca de sus hijos pequeños, al menos cuando se sientan a la mesa. Sin embargo, se admite que, disimulando esos aspectos, en las viejas crónicas viajeras de Marley existía cierto atractivo de documental turístico más bien lunático, que registraba aspectos poco divulgados del lugar visitado, con información transmitida por boca del conductor.
Ahora cambió: ese factor residual de interés fue extirpado, y han quedado las boberías, y multiplicadas por cuatro. Hablan atropelladamente, dicen lo que primero pasa por sus cabezas o aquello que tienen sobre los hombros, y todos al mismo tiempo, sin que se les entienda, y sin que nadie tenga interés en realizar el esfuerzo, ya que permanentemente repican las palabras "tetas", "culos", "pedos" y "soretes", así como otras que habitualmente les hacen compañía cuando de empobrecer el discurso se trata. Entre los temas de conversación se incluyeron la regularidad intestinal de cada uno y las picazones en las partes pudendas, dramáticamente ilustrados a través de gestos.
Pasaron de largo el Coliseo ("era terrible, el deporte era matar gente"), la Fontana di Trevi, la Plaza de San Pedro (donde "el papa Pío IV o Pío VI, no recuerdo, hizo tapar los genitales de las estatuas", según el comentario histórico de Marley) y otros escenarios históricos a los cuales se les concedió menos importancia que al departamento de la Cicciolina.
(1) 1986, dirección de Ricardo Schicchi. La película también puede ser encontrada como "Horse power" y "Orge romane". En su filmografía figura entre "Banane al cioccolato" y "Carne bollente"