Diferentes asociaciones indigenistas se refirieron críticamente al 12 de Octubre, Día de la Raza, considerándolo una fecha oprobiosa para los denominados "habitantes originarios". Según este punto de vista la colonización y la conquista española a América se equipara a un genocidio y como tal debe condenarse.
Quienes así opinan ignoran, o no le dan la debida importancia, al hecho de que la fecha se instituyó en circunstancias históricas precisas y que su objetivo no tenía nada que ver con una supuesta reivindicación del hombre blanco sobre el aborigen. Los dirigentes que en aquellos años aprobaron esta iniciativa no creían que estaban afirmando una determinada identidad racial en desmedro de los "habitantes originarios".
Como se recordará, esta fecha fue instituida por el gobierno radical de Hipólito Yrigoyen, quien gracias a las garantías brindadas por la ley Sáenz Peña asumió la presidencia en octubre de 1916. Durante años esta decisión fue considerada progresista por sectores de izquierda y del nacionalismo. Conviene recordar al respecto que los legisladores que prepararon esta ley estaban preocupados por reivindicar la identidad hispana no ante los aborígenes sino ante los anglosajones.
En 1916 el mundo estaba hundido en la Primera Guerra Mundial. La política exterior neutralista de Yrigoyen molestaba a EE.UU. y los partidos políticos opositores reclamaban la participación de la Argentina en la guerra, al lado de los Estados Unidos para ser más precisos. A los problemas diplomáticos con los aliados se sumaban los conflictos militares con submarinos alemanes que atacaban a los barcos cargueros argentinos.
Hipólito Yrigoyen practicaba en esos años lo que algunos historiadores denominaron un nacionalismo defensivo. Las manifestaciones de esta política se expresaban en el apoyo a Santo Domingo, la solidaridad con el general Sandino en Nicaragua y su política de neutralidad en la guerra que, a decir verdad, se mantenía en la línea iniciada en 1914 por el presidente conservador Victorino de la Plaza.
Habría que señalar por último que, para una amplia mayoría de la clase dirigente, EE.UU. era una potencia cuyo poderío afectaba la economía nacional. Por entonces, la relación económica principal era con Gran Bretaña. Empinados dirigentes de la Sociedad Rural empezaban a reivindicar la consigna: "Comprar a quienes nos compran", como una manera de tomar distancia de EE.UU. y reafirmar los lazos con el Reino Unido.
En ese contexto fue promulgado el 12 de octubre como "Día de la Raza". Se trataba de afirmar la identidad hispanoamericana frente al expansionismo anglosajón. En las primeras décadas del siglo XX, la cuestión racial poseía un singular status científico en clave positivista. Autores como Ricardo Rojas o Manuel Gálvez reivindicaban a través de novelas y ensayos estas cuestiones raciales afirmando la identidad hispanoamericana como una realidad cargada de valores.
El debate acerca de los beneficios y perjuicios de la Conquista y Colonización europeas merecen debatirse y, efectivamente, se están discutiendo. Lo que se reclama es rigor y conciencia históricos.