En el Honorable Concejo se sientan varios concejales cuyas propuestas para mejorar la ciudad en general se desconocen. Y de las que han trascendido, hay algunas que rozan el absurdo. Por ejemplo, la que ha presentado el concejal Rafael López, quien asumió en representación de Santa Fe es el Centro, y luego se "borocotizó" sumándose al oficialismo. Se dice que no hay mayor fundamentalista que un converso, y en este caso se cumple la regla. En un acto demagógico, el edil presentó la iniciativa de pasar a planta permanente a cientos de personas que hoy trabajan en el municipio con contratos temporarios de diversos tipos.
En el caso de las pasantías, si son lo que su nombre indica, el Municipio sería un gran infractor, ya que éstas tienen una duración limitada que la ley establece y representan una oportunidad de aprendizaje que se brinda a los jóvenes próximos a recibir su título profesional. Si en el municipio hay personas que trabajaron un tiempo mayor al plazo legal, significa que se ha vulnerado la normativa vigente.
Pero hay más. En consonancia con López se alineó el concejal Jorge Kiener, quien propuso la incorporación -también a planta permanente- de los beneficiarios de planes Jefes de Hogar. En una de sus pocas intervenciones directas -ya que por lo general trabajó con telecomando desde Buenos Aires-, Kiener confundió lo que fue planteado como asistencia del Estado a personas gravemente afectadas por la crisis económica de 2002, con una efectiva promesa de trabajo.
De manera irresponsable los concejales del oficialismo juegan con la ilusión de las personas de conseguir un trabajo genuino. A la vez, si el proyecto avanza, ponen en mayor riesgo las ya deficitarias arcas del municipio santafesino.
Como ocurre casi siempre, dejando a un lado criterios razonables y normas constitucionales, los que se van inflan los problemas que deberán afrontar los que llegan. Al cabo, a la cuenta de los desaguisados la habremos de pagar todos, ya se trate de un costo económico desproporcionado respecto de los ingresos del municipio o de un anómalo número de empleados para la cantidad de habitantes de la ciudad.
La misión del municipio no es generar trabajo artificial e improductivo, sino crear condiciones para la inversión y el trabajo genuinos.