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Hace poco más de un mes se inauguró en el barrio El Pozo una farmacia. Su instalación fue celebrada por los vecinos, ya que desde hacía años nadie apostaba al lugar y debían comprar los medicamentos en la zona céntrica de la ciudad. Pero la inseguridad no le fue ajena y su locatario evalúa la posibilidad de irse para privilegiar su vida y la de su familia.
Según pudo conocer El Litoral, el farmacéutico, desde que instaló el comercio, sufrió varios aprietes en el interior del local pero nunca un hecho de violencia como el que padeció el martes pasado cuando, cerca de las 18.30, un hombre ingresó con un arma de fuego y comenzó a pegarle sin piedad y a exigirle dinero.
En medio de los golpes, el hombre pudo levantarse, empujar a su agresor y dejarlo tirado en el piso. Cabe señalar que dentro de la farmacia había un electricista trabajando que, cuando el delincuente cayó al piso, ayudó al farmacéutico a desarmarlo porque, además del arma de fuego, poseía un cuchillo. "Si yo no saltaba, seguro que lo apuñalaba", dijo.
Consultado sobre el estado en que se encontraba el agresor, el electricista manifestó que posiblemente estaba alcoholizado. Asimismo, manifestó que cuando llegó la policía se enteraron de que había estado preso y dado en libertad pocos días atrás.
Pese al episodio, la farmacia sigue teniendo sus puertas abiertas al público. Es que, en palabras del electricista, "la gente no se merece ser atendida detrás de una reja y hay personas mayores que vienen a tomarse la presión y deben ingresar".
El hecho de violencia que debió padecer el farmacéutico del barrio fue el disparador para que los vecinos, luego de otros hechos acontecidos en el lugar, denunciaran lo inseguro que se sienten. Y en esa sensación indicaron que mucho tiene que ver la poca cantidad de policías que tiene la comisaría.
"No puede ser que tengamos solamente ocho policías, de los cuales tres sean mujeres, para controlar el barrio. El Pozo creció de tal manera que hay asentamientos nuevos y la gente ya no puede ir a disfrutar de la playa", manifestó José, describiendo a la situación como incontrolable. Y agregó: "Con tan pocos policías, los delincuentes hacen lo que quieren. Y como los chicos que están creciendo ven que nadie los para, se suman a ellos".
Arbitrar los medios para que se pueda trabajar tranquilo, como sería incrementar el número de policías de la comisaría, es para los vecinos una gran necesidad.
"El del farmacéutico no es el único caso de violencia que tenemos registrado. El viernes pasado, un repartidor de tarjetas también fue víctima de un asalto en horas de la tarde con tan mala suerte que sus agresores, al escuchar que el hombre les dijo que estaba trabajando, le cortaron parte de una oreja y le bajaron todos los dientes", narró uno de los vecinos.
Por último, los habitantes de El Pozo hicieron público que "en el barrio corre mucha droga" y es imprescindible tomar cartas en el asunto para que vuelvan a tener una vida tranquila.