Economía: no hacer nada que asuste

El pueblo eligió como presidente a quien le ofreció mayor margen de previsibilidad en la economía que viene. Pero ahora está pendiente de las primeras decisiones. Y una de las cuestiones que mayor preocupación genera es saber qué hará Cristina Fernández con la inflación. Está finalizando un año en el que el tema fue causa de inquietud y desconfianza en la sociedad, al advertir el uso de distintos canales para "dibujar" un índice que la realidad invalida mes a mes.

Hay varios aspectos que el tema pone sobre el tapete. Por ejemplo: el futuro del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec), vapuleado por funcionarios kirchneristas que obligaron a los técnicos a desvirtuar públicamente una medición. La pérdida de credibilidad se acentuó cuando se comprobó que los índices del interior triplicaban a los de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Y si bien es cierto que los métodos de las mediciones no son idénticos, también se sabe que se trastrueca el índice porteño porque es el que sirve para la estadística oficial con la que el gobierno maneja su presupuesto y la deuda actualizada por el CER.

En consecuencia, lo que se plantea es un cambio de metodología. A raíz de las polémicas, el gobierno prepara nuevos índices que examinen la suba de precios en las canastas de bienes y servicios. Es probable que cuando asuma el nuevo gobierno, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) sea más estricto con respecto a las fluctuaciones de los precios en el mercado interno. Por ejemplo, debería tenerse en cuenta tanto la estacionalidad como la desestacionalización de los productos, conforme lo hacen otros organismos en el mundo.

Otro aspecto que debe sincerarse es la nómina de productos a monitorear. La controversia será mayor si se mantienen las variaciones en los aranceles de obras sociales y colegios privados. Deberían interesar más aquellos bienes o servicios de alcance popular. De seguro, recetas aparecerán a diario para que Economía compre la mejor en el corto plazo. Si no se logra frenar la expectativa inflacionaria -ayudará la continuidad de un modelo- el gobierno puede pagar un alto costo social. Es por eso que ya piensa en mover las retenciones y en frenar el gasto público, como primeras medidas para el "colchón" de Cristina.

En tanto, otros temas son inevitables en la agenda; por ejemplo, como mejorar el superávit fiscal, las relaciones con el campo y con la Iglesia, la reinserción en el mundo financiero internacional -acordando con los grupos acreedores-, la crisis energética, y el sinceramiento tarifario que se perfila como un inexorable disparador inflacionario.

En el contexto interno, y en el corto plazo, nadie hará nada que asuste. Todos buscan indicios de estabilidad. Hasta hoy, nadie espera grandes medidas estructurales, por ejemplo, respecto de la inflación, pero no cabe duda de que se le tiene que poner un techo. Hay, por lo tanto, un "trabajo sucio" que hacer. Y todos están buscando que alguien se anime.