Pasó la cuarta edición del Festival de Cine Independiente de Mar del Plata, una muestra cuidadosamente organizada, ejecutada con el criterio selectivo pertinente a este tipo de manifestaciones, el de ofrecer un contacto con el cine del mundo, ese que no ingresa a los circuitos de exhibición. Las películas llegaron, se vieron y ya se fueron: es posible que no existan nuevas oportunidades de reencontrarse con ellas. Por ejemplo, las cuatro últimas que apreció este cronista.
*"POLICÍA". El cine de Kitano es una plaga que ha llegado a Turquía y, si bien los personajes del filme no son hijos del Sol Naciente e invocan a Alá, el enfoque es parecido, al punto de que la película está dedicada al realizador japonés. Al parecer, en Turquía existe un próspero cine policial que, por supuesto, desconocemos.
Un policía, a pesar de su condición de abuelo, combate la delincuencia con un despliegue físico descomunal, y sin esforzarse demasiado. Pero mata a un joven mafioso, luego de arrancarle un brazo postizo repleto de cocaína, y será su error: la vengativa respuesta consistirá en el exterminio de su familia que es, además, numerosa: entre hijos, nueras, yernos y nietos, suman nueve ejecuciones. Además, se enamora de una joven estudiante cuarenta años menor y al mismo tiempo le anuncian que tiene dos meses de vida.
Estas calamidades reciben un tratamiento extravagante, que pone distancia con semejante horror, y tanta sangre es enjuagada con procedimientos de desmadratización, casi deportivos y muchas veces humorísticos. Este filme de Onur �nlü divierte, pero su afectación gratuita termina por resultar irritante.
*"FACING UP". La cinematografía polaca ya no ocupa un lugar privilegiado en nuestras pantallas, como en otros tiempos. El escenario de este filme de Marek Stacharski es un sórdido suburbio y sus personajes son insignificantes ladrones juveniles. Uno de ellos, el protagonista, intenta una vida distinta, pero no puede escapar de las consecuencias de sus actos: participa de una violación y conoce casualmente a su víctima, de quien se enamora. Acorralado por las amenazas de la pandilla, su relación amorosa con la traumatizada joven será imposible. Un drama urbano, del viejo género de "juventud sin rumbo", en el cual se vislumbran aspectos sombríos de la nueva realidad polaca.
*"CARTAS A UNA DICTADURA". Es una mirada a la dictadura de Oliveira Salazar, a través del descubrimiento casual de cien cartas de 1958, firmadas por mujeres portuguesas en respuesta en un pedido de adhesión de un organismo femenino de propaganda del régimen.
De sus contenidos y el testimonio actual de quienes las escribieron, van surgiendo las historias individuales y un pasado común.
En el pensamiento de estas mujeres se observa un fondo de conformismo que se ha mantenido a tantos años de la desaparición de un tirano célibe dominado por su ama de llaves. Pero hay una voz, la de una costurera de pueblo, que nos abre a otra realidad, la de una mujer que en la pobreza ha trabajado incansablemente para criar y educar hijos y nietos, porque que quería protegerlos de tareas serviles.
Hay interesante material de archivo, pero este documental de Inés de Medeiros no puede escapar de la mochila del género: los personajes que hablan a cámara en plano americano.
*"EL FLAUTISTA DE HUTZOVINA". Este documental, justamente, evita ese tratamiento de bustos parlantes, porque se plantea como un relato con el nervio de la cámara en mano. Formó parte de la sección dedicada a un cine sobre músicas ajenas al influjo de las multinacionales, y en este caso se trata del género gitano, que se presenta a través de un alocado itinerario, Eurgen Hutz, amorosamente seguido por la joven realizadora Paula Fleischer, una checa que estudió en Inglaterra, en una carrera que los lleva por Hungría, Ucrania y Rusia, y que llega hasta Siberia.
El músico vive en Nueva York, donde lidera Gogol Bordello, una banda de hip hop gitano, y busca sus raíces en un viaje en el cual visita miserables barrios donde viven los gitanos, para compartir su música. También visita a ídolos del género, uno de los cuales cuestiona furiosamente su propuesta de fusión, porque desnaturaliza las tradiciones, en un raid que concluye en Kiev, lugar de nacimiento de Eugene, donde visita a su familia y amigos del barrio, pero en especial a la abuela, su maestra de folclore gitano. Lo mejor: la película, con su ritmo y extroversión, tiene espíritu gitano.