Mesa de café
Pasteras y orgullo nacional

José está furioso con los uruguayos y los finlandeses. Su enojo es tan grande que hasta se olvida de hablar del medio ambiente. Para él lo que está en juego es el honor nacional, "como en Malvinas", repite. Marcial le da la razón pero con algunas objeciones. Según su punto de vista, las cosas deberían haberse hecho con más prolijidad, aunque -según su criterio- en lo fundamental el reclamo de los vecinos de Gualeguaychú es justo.

-No comparto -dice Abel-, los vecinos han sido manipulados y aterrorizados por los medios de comunicación y por un gobernador que está sucio. Por otra parte, no se puede andar cerrando las fronteras porque se les ocurra, o creer que estos actos son gratuitos.

-Si no lo hicieran, nunca les hubiesen llevado el apunte -dice José-. Los vecinos luchan contra las multinacionales y un gobierno extranjero con las únicas armas que disponen.

-El gobierno extranjero, te recuerdo -digo- es el de Uruguay adonde vos vas a pasear todos los años, y su presidente es un médico oncólogo socialista del cual me resulta difícil creer que esté decidido a envenenar a los argentinos por el simple gusto de matar gente.

-No lo hace por el gusto de matar gente -señala Marcial-, sino porque lo aprietan los intereses económicos internos y lo presionan las multinacionales.

Abel resopla y se lleva un cigarrillo a la boca: -Ahora resulta que existe el imperialismo finlandés, que el país que mantiene la calidad de vida más alta del mundo nos quiere envenenar.

-De la mano de los uruguayos, que disfrutan por anticipado el escenario de niños intoxicados por el cloro -ironizo.

-Entonces, vamos a creer que los vecinos de Gualeguaychú están locos, que protestan porque tiene ganas -dice Marcial.

-Yo no sé qué pasa por la cabeza de cada uno de ellos -respondo-, pero los casos de histeria colectiva existen y si los han convencido de que los van a envenenar se entiende su desesperación.

-Los casos de histeria colectiva son habituales en localidades chicas, sobre todo cuando a esa locura la manejan algunos pícaros, mientras se disimulan las intenciones detrás del pensamiento políticamente correcto de la época -explica Abel.

José mueve la cabeza como dando a entender que no está de acuerdo con lo que escucha. Después dice: -Lo ideal sería ponerse de acuerdo para monitorear la empresa y ver si efectivamente contamina o no.

-Eso sería lo ideal -le digo-, pero ocurre que tus amigos de Gualeguaychú se oponen a ese ideal porque su propuesta de mínima es que se vayan las pasteras, contaminen o no.

-Y ya que hablamos de contaminación -interviene Abel-, habría que preguntarse qué se hace con las pasteras que están a la vera del río Paraná, porque algunas de ellas son verdaderas cloacas.

-Que los vecinos del río Paraná acepten vivir en la mugre no justifica que los de Gualeguaychú hagan lo mismo -sentencia Marcial.

-Cualquier laboratorio prueba que las pasteras contaminan -dice José.

-No se trata de saber si contaminan o no, se trata de saber si contaminan al punto de poner en peligro la salud de las personas -respondo.

-De todos modos, Tabaré estuvo para la mona anunciando la puesta en marcha de Botnia en la cumbre de Chile.

-En realidad, quien estuvo para la mona fue Kirchner -dice Abel-, cuando decidió recibir a los piqueteros en ese ámbito y se puso al frente de su lucha.

-Tabaré dice que la orden de dar inicio a la actividad de Botnia estaba lista desde hacía semanas -digo-, pero postergaron el anuncio para no influir en la campaña electoral argentina y después para ver lo que pasaba en Chile. Ahora bien, cuando Kirchner en vez de comportarse como un presidente se comportó como un piquetero, Tabaré dio la orden de empezar a producir celulosa en Fray Bentos.

-No comparto -dicen casi al unísono José y Marcial.

Erdosain