La Iglesia española pidió perdón por la guerra civil

El presidente de la Conferencia Episcopal española, el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, pidió un "perdón" inédito ante "actuaciones concretas" de la Iglesia española durante la guerra civil (1936-39), publicaron hoy los diarios españoles.

En "muchas ocasiones hay motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo y por las personas que actuaron", pero "en otros momentos, ante actuaciones concretas, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos", declaró Blázquez.

La declaración, formulada ayer durante la apertura de la asamblea plenaria anual de los obispos españoles, marca un cambio de rumbo de la posición oficial de la Iglesia española, que había apoyado en 1937 "la cruzada cristiana" de las tropas franquistas contra el gobierno republicano de entonces.

"La Iglesia, durante la guerra civil, fue un sujeto pasivo y una víctima", había dicho en el 2000, cuando ocupaba el cargo de portavoz de la Conferencia Episcopal española monseñor Juan José Asenjo.

Blázquez evocó ampliamente en su discurso el debate despertado en España a partir de la aprobación parlamentaria de la ley llamada de la "Memoria histórica", auspiciada por el gobierno socialista para rehabilitar a las víctimas republicanas olvidadas de la guerra civil y por el franquismo (1939-75).

"Cada grupo humano -sociedad, iglesia, partidos políticos, sindicatos- tiene derecho a rememorar su historia y a cultivar su memoria colectiva, ya que de esta manera profundizan también su identidad", dijo refiriéndose sobre todo a la reciente beatificación de 498 "mártires" católicos de la guerra civil en España.

El número uno de la Iglesia española destacó, sin embargo, que este trabajo de memoria "no debe servir para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias", una crítica hecha a menudo contra la ley del gobierno socialista.

Finalmente, señaló que se debe recordar "sin ira las etapas anteriores de la historia, sin ánimo de revancha, sino con la disponibilidad de afirmar lo propio y de fomentar al mismo tiempo el respeto a lo diferente, ya que nadie tiene derecho a sofocar los legítimos sentimientos de otro ni de imponerles los propios", concluyó.

AFP