El trabajo sucio de Néstor y los primeros pasos de Cristina

Hugo E. Grimaldi (DyN)

Parece una mera formalidad, pero lo cierto es que el procedimiento no ha sido evaluado todavía en clave política. Y bien valdría la pena hacerlo, porque a los ojos del gran público la designación de los ministros de Cristina de Kirchner y el modo de comunicarlo, se pareció más a un acto de gobierno del presidente actual, que a una potestad que la Constitución le reserva a su sucesora.

En rigor de verdad, la decisión de efectuar el anuncio 25 días antes de la asunción resultó más que adecuada, aunque fue tomada desde una posición defensiva, porque rescató a la presidenta electa del primer brete serio de la transición, el mismo en el que la metió la decisión de Miguel Peirano de hacer trascender que no seguiría al frente del Ministerio de Economía.

Así, el adelanto de nombres le permitió a la actual primera dama retomar la iniciativa y despegarse de las presiones a las que había sido sometida por el posicionamiento que buscaron de inmediato la UIA y la CGT para imponer nombres y estilos (los industriales desde el lobby de los atriles y los socios de Hugo Moyano en la calle y a los palazos), de cara al futuro Acuerdo Social.

Pero lo cierto es que las formas podrían ser calificadas, al menos, como desprolijas. En primer lugar, por la ausencia de la propia Cristina, aunque no tanto por el vocero, ya que Alberto Fernández será su próximo jefe de Gabinete. Y luego, por la forma de convocar a los medios, por el escenario elegido (la Casa Rosada) y por el hecho de que el anuncio y la nómina hoy forman parte de la página de Internet de la Presidencia de la Nación.

Pese al hermetismo, quedó en claro que las decisiones centrales se tomarán en Olivos de a dos, aunque voces del cristianismo dicen que la futura presidenta se reservará siempre la última palabra cuando esté en funciones, tanto como ahora quienes hablan de "pacto tácito", dicen que la misma la tiene su esposo.

Sin embargo, en el caso de la grilla de ministros, que hace a las funciones del futuro, parece haber pesado más la opinión de Néstor a la hora de resguardar las lealtades, aunque los allegados susurran que, para contrapesar, la actual primera dama metió baza en la designación de los nuevos funcionarios.

Este fue el caso de Martín Lousteau al frente de Economía, la sorpresa de la lista ministerial, un probable excelente ejecutor de la partitura económica que más le gusta escuchar a la pareja presidencial, aunque es sabido que se encuentra bastante alejado de la ideología del Grupo Fénix, la misma que ha venido dominando hasta ahora, promotora del consumismo, la inflación, la inversión pública y los dislates energéticos, todo en nombre de la producción nacional.

En otro orden, Lousteau ha sabido cultivar ciertos contactos en el exterior que le permitirán a la Argentina mayor fluidez con los organismos internacionales y un mayor acercamiento al mundo aunque, en rigor de verdad, la situación de desarraigo hoy es tan crítica que cualquiera, con un poco de sentido común, podría remendarla rápidamente. El nuevo ministro deberá moverse creativamente entre esos dos límites, para no parecer ni un pro-mercado ni un ultra-estatista. Sus ideas sobre los beneficios de la articulación pública-privada le abren cierto crédito, a favor de una capacidad técnica más versátil que la de sus dos antecesores inmediatos. Sin embargo, en este marco de sombra kirchneresca que se vislumbra, sabido como es que le gusta al presidente la economía, éste será el verdadero tapón que deberá saber acondicionar el joven economista para no tener problemas.

Néstor, como "escudero" de su pareja, impulsó dos medidas más estructurales que podrían catalogarse como de típico trabajo sucio, aunque se presume que no serán las últimas, porque el horizonte tarifario aguarda turno para ser develado en su totalidad. En la ocasión se decidió imponer una importante suba de retenciones a los cereales y el petróleo, dos medidas que en conjunto están destinadas a generar cierto blindaje fiscal hacia adelante y a moderar los precios y, en el caso de los combustibles, a equilibrar el abastecimiento interno, aunque hay entre ambas decisiones algunas diferencias centrales.

Si bien en los dos casos se habla de "apropiación de la renta" con un léxico (otra vez, las formas) que atrasa 30 años, las ganancias de los cerealeros fueron castigadas con un claro propósito fiscal, ya que a favor de los precios en alza existe una oferta exportadora creciente. Sin embargo, en hidrocarburos los precios suben, pero la producción local disminuye, mientras que se reducen los incentivos para exportar, con lo cual no queda claro cuál podría ser el beneficio neto para el Tesoro, sobre todo si se piensa que en un par de años, sin exploración ni descubrimientos, la Argentina puede llegar a ser importadora neta de petróleo y sus derivados. "La tentación fiscal existe, pero no es determinante. Con lo que se hizo se buscó restar argumentos a las petroleras, para que no aumenten los precios internos. Es probable que la nafta del surtidor no suba, pero no hay retenciones que valgan para evitar el shock que se va a producir si tenemos que importar petróleo a 100 dólares el barril", ha dicho el titular del Instituto Argentino de Energía General Mosconi, Jorge Lapeña.

Entre la danza de nombres del nuevo gabinete y las consecuencias de las medidas económicas, pasó algo inadvertida una encuesta de OPSM sobre la opinión de la gente (800 casos), ante el anuncio del equipo ministerial. Pese a la gran indiferencia registrada (50,5%), de la misma vale rescatar la perla que surge de una pregunta, que desde la consultora de Enrique Zuleta Puceiro se dijo que había sido mal formulada, producto del apuro, pero que, al haberla hecho, dejó en claro cierto desorden en las ideas de una parte de la sociedad.

Mientras 55,3% señaló que el rumbo general del gobierno de Néstor Kirchner y su continuidad hacia el futuro le resultaba "positivo" o "muy positivo" y algo menos (50,8%) en cuanto a la conformidad con la situación económica, casi la misma cantidad de gente (54,6%) opinó en otra pregunta de dos respuestas, casi de ballottage, referida al gabinete, que Cristina debería haber hecho "cambios profundos, para cambiar (sic) el rumbo del actual gobierno", número que se condice con otro (53%) que reflejó la opinión de quienes esperaban que la futura presidenta no mantuviera a la mayoría de los ministros actuales. Pese a todo, 58,3% señaló que el futuro del país será promisorio.

En medio de todos estos vaivenes, el gobierno eligió silenciar las críticas de los opositores y pegó a mansalva contra Mauricio Macri y Elisa Carrió, para generar fronda que tape el bosque. Una vez más, por omisión, la senadora Kirchner avaló la movida, con un silencio bien diferente al del vicepresidente electo, Julio Cobos, quien todavía está esperando que el kirchnerismo le muestre la plataforma electoral.