Contrapunto
"La gran asignatura pendiente es la reforma a hacer en el Estado"
Luis Alberto Romero se propone pensar el pasado como historiador y el presente como ciudadano. El desafío es interesante, aunque en su caso se hace difícil distinguir la diferencia entre uno y otro, es decir, entre el historiador escrupuloso y el ciudadano comprometido.

-¿Qué opinión le merece el resultado electoral?

-Me parece un resultado previsible y lo veo algo así como un segundo mandato, como una elección de complementación con un cambio de nombre en la mitad. Por otra parte, creo que estaban dadas todas las condiciones para que una mayoría de la sociedad votara por la continuidad.

-¿Y esto es bueno o es malo?-No pasa nada grave; el gobierno ha sido más o menos eficiente, ha gobernado. Nuestras experiencias anteriores de crisis de autoridad en este caso no han funcionado. -¿Me puede explicar mejor su idea del segundo mandato?-Yo diría que desde el 2003 estamos gobernados por una pareja. Pero más allá de las especulaciones de cómo funciona esta pareja política -que dicho sea de paso, me parece muy interesante estudiar- quiero decir que esta elección se ha vivido como una confirmación del mandato de 2003. Se trataba de continuar o emprender un camino nuevo y no es común que se quiera emprender un camino nuevo cuando las cosas no han andado dramáticamente mal.

La construcción del poder

-Daría la impresión de que el arco opositor no estuvo a la altura de las circunstancias.

-Diría que la democracia recuperada en 1983 no anda como imaginamos en esa época iba a andar. No quiero hablar de decadencia porque antes de 1983 no había nada de qué decaer. La construcción democrática se ha hecho con poca presencia de partidos políticos.

-¿Una democracia sin partidos?-Yo diría que la política desde hace un tiempo no es una política de partidos, es una política de gobernantes en el poder y dirigentes que están en la oposición, que buscan armar algo para enfrentar al gobierno pero con una desigualdad de recursos inmensa. -Los partidos políticos están en crisis, pero las culturas políticas no se sostienen-Puede ser. Por ejemplo, hay una cultura peronista ampliamente difundida, sólo que para pasar de la cultura -que es un nivel más general de valores- a presentar una opción política hay un trecho. Esto debe tener una concreción formal que sólo lo tiene el que gobierna, pero el que no está en el gobierno está pedaleando en el aire. -Construir poder desde el poder es algo muy peronista, ¿no le parece?-Sí...lo hacen bien... -Se dice, por ejemplo, que el peronismo se construye desde el Estado, mientras que el radicalismo y el socialismo, en el siglo XX, lo hicieron desde la sociedad.-No sólo el peronismo lo hizo desde el Estado. El roquismo también se construyó desde el Estado. Lo excepcional es que un partido se haga desde la sociedad. Yo, por ejemplo, no lo pondría en un mismo nivel al radicalismo y al socialismo. El socialismo nunca fue un partido de gobierno, pero el radicalismo se construye desde afuera del Estado hasta el momento en que llega al gobierno: las intervenciones a las provincias, el sometimiento de los gobernadores es hecho por la UCR de un modo muy similar a Perón y a Roca. Yo no recuerdo que entre 1916 y 1930 el Partido Radical tuviera una opinión diferente a la de los gobernantes. -Sin embargo, se habla de un Alvear más democrático que Yrigoyen.-Es verdad, pero no en diálogo con el Partido Radical sino con otras fuerzas sociales y políticas. Por el contrario, lo que Alvear hizo fue la cosa clásica de armar su propio partido desde el gobierno junto con Leopoldo Melo. -¿Es posible pensar la política de otra manera que no fuera desde el Estado?-Podemos mirar Uruguay o Chile, y ambos tienen organizaciones políticas que están antes y después de los gobiernos. Yo creo que son son dos formas de ser de la democracia. La forma vía partido y la forma vía movimiento a través del Estado. Sí coincido en que en la cultura política del peronismo, el partido democrático no está instalado como un ideal, cosa que sí lo está en la cultura radical. Para el peronismo el partido nunca fue una necesidad.

El recuerdo de la Unión Democrática

-¿Qué opinión le merece la experiencia de la provincia de Santa Fe?

-Omito contestar lo primero que me viene a la mente como un deseo: íqué suerte que tienen! (risa). La novedad, además de la victoria de Hermes Binner, es que por primera vez desde 1983, Rosario logra imponer un candidato a gobernador...

-El peronismo acusaba al Frente Progresista que candidateó a Binner como la resurrección de la Unión Democrática.-Ahora se ha puesto de moda calificar al voto opositor como voto gorila. Creo que no son más que calificaciones de circunstancias. Es verdad que se ha establecido históricamente que la Unión Democrática representó lo peor del país, como que era algo espantoso. Es verdad que era una propuesta política a la que le faltaba punch, pero no por ello dejaba de ser una propuesta política progresista. Resulta asombroso ver lo parecidos que eran los discursos de Perón y Tamborini; eran discursos inmersos en el clima de la posguerra y favorables al Estado de bienestar. Puede que Perón haya sido más creíble que Tamborini, pero de allí a decir que la Unión Democrática representaba los vicios de la política de entonces, hay una gran distancia. -¿Qué opina del desempeño de la Coalición Cívica y de Lavagna en estas elecciones nacionales?-La primera impresión es que sumando los votos son equivalentes a los obtenidos por Cristina Fernández. -¿Y por que no acordaron?-Conozco muchísima gente que no sabía a cuál de los dos votar y terminaron votando al que estaba mejor posicionado. O sea que en la sociedad el acuerdo estaba pero no entre los dirigentes. Al respecto se me ocurre que si Lavagna y Carrió hubieran pertenecido a partidos orgánicos, éstos acuerdos habrían sido posibles. -Existía en la oposición el síndrome "Alianza" en donde juntar a todos sin discriminar provoca luego la ingobernabilidad.-Eso es una parte de la historia, no sé si la más importante. Lo que creo es que cualquiera que hubiera agarrado el gobierno en 1999 terminaba en el 2001. Es una pena que el precio lo haya pagado De a Rúa y no Duhalde a quien, efectivamente, le hubiera correspondido pagar las cuentas de la fiesta. El pecado de la Alianza está en no haberse hecho cargo de la bomba de tiempo de la economía, pero el pecado no está en haberse unido.

El futuro

-¿La Argentina puede ingresar hoy a una situación parecida a la de 2001?

-Los economistas que a mí me parecen razonables no creen que el mundo se encamine hacia una situación como la del 2001. O sea que esta onda de la prosperidad de las exportaciones va a seguir. Lo que dicen es que el margen de beneficio que el Estado logra sacar de esa coyuntura va a ir reduciéndose y que este sistema de manejar los conflictos administrando la caja del Estado va a tener menos espacio. Esto no nos lleva a una catástrofe sino a una situación de tensión creciente.

-¿Y que va a pasar cuando aumenten los conflictos?-Es probable que se haga visible que el Estado como tal tenga muy poco margen de acción, de regulación, de ordenamiento. En estos momentos el gobierno se maneja más con la autoridad que proviene de los gritos y los golpes en la mesa, que de una verdadera eficiencia de la maquinaria estatal. Me preocupa mucho más eso, que la crisis económica cíclica. Le recuerdo que la Argentina arrastra treinta o cuarenta años de deterioro creciente del Estado, que ya andaba mal cuando Alfonsín se hizo cargo del gobierno. Es allí donde veo el problema más serio para esta administración, que yo creo que es una unidad, por lo menos, me la imagino como un capítulo de un libro de historia del futuro: "Los años de los Kirchner".La gran asignatura pendiente es la reforma del Estado, un problema que los Kirchner ni siquiera se lo plantean. Creo que el gran desafío hacia el futuro es meter mano en el Estado, sobre todo en los infinitos lugares en donde las corporaciones succionan recursos del Estado. Allí está el punto débil y el problema de la Argentina.

Rogelio Alaniz