Cartas a la Dirección
Desgracia o suerte

Señores directores: Hoy es "el día", el día en que volví a nacer. Pensar que muchas veces me enojé con Dios y traté de culparlo de las malas decisiones en mi vida, pero qué ingenuo soy, de lo único que puedo hacerlo cargo es de que hoy tenga una nueva vida. Gracias Jesús.

No todo es una terrible desgracia o increíble suerte. Se cuenta que había una vez un caballo, un sabio y su pequeño hijo. Se ganaban la vida trabajando la tierra. Una mañana el animal se escapó y el pequeño exclamó: "íQué desgracia!". Su padre le respondió: "No digas qué desgracia y esperemos a ver qué nos trae el mañana".

Pasó un tiempo y el caballo que se había ido volvió con otro. Grande fue la sorpresa del niño y en su alegría dijo: "íQué suerte, ahora tenemos dos caballos!". No obstante, el hombre replicó: "No digas qué suerte y esperemos a ver qué nos trae el mañana".

Pasó un tiempo y el inquieto jovencito, jugando con uno de los caballos, se cayó al suelo y se quebró una pierna. "íQué desgracia!" dijo y otra vez oyó responder: "No digas qué desgracia y esperemos a ver qué nos trae el mañana".

En ese tiempo se desató una guerra donde vivían estos personajes y se dictó un decreto que obligaba a los jóvenes a ir a la contienda. Al pasar a buscar al jovencito no lo pudieron llevar, ya que su pierna estaba quebrada.

Aunque duela, no todo es una desgracia. Este fragmento que compartí con ustedes, queridos lectores, es exactamente lo que me ocurrió. Sufrí un accidente muy grave hace un año. Fue ese 22 de noviembre de 2006, en que estuve a diez segundos de morirme.

Vivía una vida desenfrenada: dinero, diversión, vicios, mujeres. Qué suerte, podría pensar alguien, no todo es color de rosas. Esa suerte me llevó a malas decisiones y esas malas decisiones me llevaron al borde de la muerte. Qué desgracia, podría pensarse, pero equivocadamente. Fue una desgracia bendita el haberme chocado ese colectivo que no impactó mi cabeza, sino mi vida. Hoy, gracias a ese accidente, soy una nueva persona. Pero más que ese accidente, lo que me ha cambiado es el poder de Dios en mi vida, su gracia y su amor. Gracias.

Pablo Mendoza. DNI: 29.722.924.