"Sufrimos sordera", asegura Lilian desde su librería de San Jerónimo al 1800. A su lado, Rosita acota que "toda la mercadería" se les "llena de mugre". "Hay una sobrecarga de circulación", amplía Georgina desde su juguetería, una cuadra más al norte. "Los ómnibus son muy grandes para calles tan chicas", arriesga Norma que ve al Colegio Nuestra Señora del Huerto desde su local, en cuya esquina el miércoles pasado un colectivo de la Línea 18 pisó y mató a una profesora de la institución.
Las impresiones espontáneas que sueltan rápidamente los comerciantes, reflejan una situación que es admitida por especialistas en el tema: el centro de la ciudad se muestra hostil por la convocatoria de tránsito, que genera un sinfín de disturbios. Hay en la ciudad un vehículo cada 4 ó 5 personas, mientras que en el casco central el promedio de los transportados por auto es de 1,2, según un estudio de la Secretaría de Planeamiento Urbano de la Municipalidad.
El diagnóstico es claro. En el microcentro, por estrechas callecitas donde no pueden circular de forma paralela más de dos autos, se ven a diario -y por minuto- cientos de vehículos particulares, taxis y remises, ómnibus y transportes escolares. Cada uno de los conductores que circulan por este flujo persistente, intentan traspasar la recia ruta a fuerza de prepotencia.
Las causas, varias. Porque los santafesinos se quejan si el colectivo pasa por la puerta de su casa, pero lo quieren en la esquina. Porque no van a ningún lado caminando. Porque cuando llevan a sus hijos a la escuela pretenden dejarlo en la puerta y, de lo contrario, se suben a la vereda. Porque creció en forma desmedida el parque automotor. Porque los colectivos no pueden doblar en el poco espacio que le deparan las esquinas y, también, se suben a la vereda. Porque para no caminar los pasos que separan el espacio de libre estacionamiento y el negocio al que se dirigen, dejan el auto en doble fila. Y una larga lista de etcéteras.
Los vecinos del microcentro, ésos que tienen sus negocios y casas en las calles 25 de Mayo y San Jerónimo entre 1ra. Junta y Juan de Garay, repitieron sus pesares luego de la trágica muerte, "por aplastamiento" según la autoridad policial, de Ana Inés Haquin.
"Después de lo que pasó, no quiero ver más un colectivo por acá", soltó el enojo de una vecina de la vía que conduce diariamente a cientos de santafesinos hacia el centro cívico, y además del Colegio del Huerto, se asientan decenas de comercios y dependencias oficiales.
Ernesto agrega que "hay mucho hollín" y opina que "hay colectivos que tendrían que retirarlos de las líneas, porque son medios viejos ya". Para la dueña de una juguetería apostada en San Jerónimo al 1900, el tema "es muy preocupante: hay sobrecarga de circulación, no se respetan las reglas de tránsito, las veredas son muy angostas y, cuando hay un auto estacionado en doble fila los colectivos se suben a la vereda". A lo que agrega los pesares del "ruido y el hollín".
La experiencia como vendedor ambulante de Hugo en la zona le corroboró que "los colectivos doblan como vienen, se mandan aún cuando tienen paso los peatones". Por su parte, Norma apunta a los colectiveros que "normalmente pasan encima de la vereda, son muy grandes y en las esquinas no pueden doblar". Pero también culpa a los santafesinos que "somos medios cómodos, no queremos caminar, queremos que el auto o el bus nos deje en la puerta".
Los mismos vecinos proponen "redistribuir la circulación en el microcentro"; acentuar la educación vial; "sacar el estacionamiento medido, por lo menos una cuadra alrededor de la peatonal"; que haya semáforos o "naranjitas" en todas las esquinas; establecer horarios fijos para la circulación vehicular en la zona o "más control municipal".
En el 2005, un estudio de dos grupos de trabajo de la Universidad Tecnológica Nacional hicieron diversas propuestas para descomprimir las zonas rojas y bajar los niveles de contaminación en el microcentro.
Las conclusiones del Grupo de Estudios sobre Energía (Gese), extraídas del monitoreo que mide gases como monóxido de carbono, dióxido de azufre, nox, hidrocarburos, material particulado, ozono y ruido en 21 puntos del macro y microcentro de la ciudad; permitieron al Grupo de Estudios sobre Transporte (Getrans) ver que por esos lados "es directamente proporcional la cantidad de gases emitidos con la cantidad de vehículos que van pasando".
La propuesta de este equipo para reducir la contaminación hacía hincapié, entre otros puntos, en la peatonalización, el cambio de modos, la organización del sistema de tráfico, imponer restricciones de circulación de vehículos a determinadas horas del día, ejecutar una senda para que se use más la bicicleta y proponer medidas que incentiven el uso del transporte público.
Desde la Secretaría de Planeamiento de la Municipalidad, aseguraron que ya tienen armado un proyecto que pretende impedir el estacionamiento medido en el centro. En otro, se plasmó la idea de hacer en la zona de la Plaza del Soldado un paseo comercial "más integrado al microcentro", tal como se pensó en San Martín Sur.
Sin embargo, según dijeron, ambos se vieron frustrados por el agua que acaparó la ciudad en marzo de este año. Así, duermen por ahora en sendas carpetas que quedarán para el provecho de la próxima gestión.
Claro que hay que contemplar que cualquier propuesta que surja entrará en pugna con los intereses de cualquiera de las partes involucradas en la región. Los comerciantes se opusieron insistentemente a evitar el tráfico en la zona. Los conductores particulares quieren parar en Mendoza y San Martín, y esperar allí a que el nene compre sus zapatillas. Y los colectiveros ni piensan en dejar de atravesar esas arterias.
Conclusión: si bien la respuesta urge, son varios los que tienen que ceder y tomar conciencia de lo imperioso del asunto.
Una muerte
El fallecimiento de Ana Inés Haquín en la mañana del miércoles, porque un colectivo la atropelló cuando estaba parada en la vereda esperando cruzar, generó el alerta de los vecinos de la zona.
Con una misa de cuerpo presente y un simbólico abrazo al Colegio Nuestra Señora del Huerto, docentes y alumnas de esa institución despidieron los restos de su compañera de 48 años. Los testigos de la tragedia reclamaron para que alguna autoridad tome medidas con el tránsito de colectivos.
Sol Lauría