"Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo", dijo John F. Kennedy, recordando a Abraham Lincoln y ésa es la apreciación real que emana del increíble conflicto con Uruguay por la instalación de su industria celulósica.
Agreguemos la situación política de nuestra América Latina, acertadamente descrita por el periodista Joaquín Morales Solá en su nota "La cumbre salvaje", del 16.11.07, mostrándonos su realidad y donde impera la mentira, la violencia, la prepotencia, el abuso de poder y conductas antisociales, que bastardean la libertad y la democracia, desvalorizan y transgreden las constituciones políticas. Es una muestra acabada del subdesarrollo y la incapacidad para realizar la previa integración de cada una de sus naciones.
En ese contexto, Uruguay y Argentina viven un serio conflicto y en el que escuchamos, leemos y miramos opiniones encontradas, donde todas aducen tener la verdad. Verdades relativas, si las hay, ante hechos objetivos. Y los principales responsables del conflicto, los gobiernos de ambas naciones, sólo muestran una incapacidad inconcebible para solucionarlo.
Hoy, y prioritariamente, se debe exigir a los gobiernos de Uruguay y de la Argentina una solución justa, responsable y coherente con la realidad, necesidades y políticas de cada uno de los pueblos. Exigimos se negocie con la verdad.
El mal que aqueja a nuestra América Latina es que vivimos fabricando "la verdad" y elevamos las versiones, opiniones, dictámenes, hechos y políticas al rango de "verdad oficial" y ello es una adulteración de la verdad para dar una engañosa ilusión de un futuro mejor. La postergación del examen objetivo de los hechos terminará degradando el espíritu y la vida de los pueblos.
Es necesario no creernos los intérpretes de la verdad, eso es de la esencia de la demagogia y de desconcertantes ideologismos. Como sostenían los griegos, decimos que todos -uruguayos, argentinos y latinoamericanos- tenemos la obligación de entender que el inevitable efecto de la demagogia es subvertir la verdad.
Es hoy imprescindible terminar con la engañosa ilusión de que estamos construyendo un mundo mejor y solucionando nuestros reales y comprometidos problemas.
Es preciso que recordemos hechos y fijemos prioridades.
La Corte Internacional de Justicia debe resolver los temas planteados por Uruguay y Argentina por el asunto de contaminación ambiental. Hoy, los gobiernos de Uruguay y de Argentina, para evitar nuevos temas conflictivos y ahondar la controversia, cuanto antes, deben establecer el control y monitoreo permanente de la cuenca del Río Uruguay por intermedio de una Comisión Conjunta, integrada exclusivamente por científicos y técnicos, incluyendo científicos de países terceros para que actúen como auditores-mediadores y donde los informes finales deben ser obligatorios para las partes.
En nuestra patria, el gobierno nacional debe proceder al control y monitoreo de emisiones contaminantes de todas las plantas industriales radicadas en el territorio nacional y, también, debe controlar y monitorear el uso de los agroquímicos que están contaminando nuestra cubierta vegetal y orgánica, nuestras cuencas acuíferas y ríos, de la tala indiscriminada de los bosques nativos y de la basura y residuos patológicos. Además del peligro ineludible de esas contaminaciones, firmamos el Protocolo de Kyoto, en consecuencia, podrá el gobierno nacional informar las políticas de Estado existentes y en ejecución para saber si se cumplen las verificaciones sobre las emisiones que causan el cambio climático.
Nada es imposible, simplemente hay que decir la verdad y realizar acciones políticas objetivas y fuertes, sobre bases científicas que las justifiquen, en pos de las metas presentes y futuras de los pueblos, para avanzar inclaudicablemente hacia los desarrollos e integraciones nacionales y una legítima integración regional.