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El músico Juan "Tata" Cedrón concretó un viejo anhelo en su nuevo disco "Orejitas perfumadas": rescatar en forma de canciones parte de la obra del escritor argentino Roberto Arlt, algo que mostró el pasado sábado en el teatro IFT. Cedrón, a largo de su extensa carrera, ya le había puesto melodías a obras de autores como Raúl González Tuñón, Juan Gelman y Homero Manzi.
Desde una sensibilidad profunda y un repertorio musicalmente variado en el que conviven milongas, valses y canciones interpretadas por el Cuarteto Cedrón, el compositor, que vivió durante casi tres décadas en París y volvió a radicarse en Buenos Aires hace cuatro años, musicaliza textos repletos de porteñidad y versificados por el poeta argentino Mario Paoletti.
Se trata de una idea que nació hace tiempo, cuando el Tata Cedrón era muy joven y vivía en Mar del Plata: "En esa época discutíamos con mi amigo Ricardo Piglia (el reconocido escritor) sobre su obra, él era un `arltiano' total. A partir de ahí empecé a componer buscando material, lo intenté varias veces, pero no pasó nada", evocó el músico en charla con Télam.
"Hasta que un día en París -continuó-, una chica que nos venía a escuchar todos los lunes y que ahora es mi mujer (su nombre es Antonia y tienen una hija de dos años, Azul) me trae un poema de un tal Paoletti, un argentino que vivía en España. Cuando lo leí dije `ésta es la mía', me gustó porque lo que hace no tiene pretensiones", expresó el cantante y guitarrista.
"Arrinconado", "El Rufián Melancólico", "Tacuara", "Ergueta", "Ester Primavera", "Las Fieras" o el homónimo "Orejitas perfumadas", son algunos de los 12 títulos que integran un disco conceptual, en el que aparecen algunos personajes del clásico libro "Los siete locos", que Cedrón definió como "sórdidos, terribles y fuertes".
"Todos tienen esa cosa muy arraigada de Buenos Aires. A Arlt le gustaba escribir sobre la gente que traicionaba. Una de las cosas que hace es contar el sentimiento de alguien que traiciona, de hecho su héroe es un traidor", agregó.
Sin embargo, la carga trágica de la lírica del autor de "El juguete rabioso" no se traslada al terreno musical, porque los temas fueron abordados como "mirando un poco desde afuera, no tienen un gran dramatismo", aclaró.
Si bien todos los arreglos de "Orejitas..." pertenecen al compositor, en este trabajo que elabora desde hace seis años, los músicos del cuarteto tuvieron libertad para improvisar: "Eso hace que el disco esté vivo, es algo que le dio mucho swing y es lindo que tu compañero te sorprenda y te emocione".
"Orejitas..." tuvo su versión teatral el año pasado en el Teatro Alvear, algo que le dio mucha soltura al disco, que fue presentado junto a Miguel Praino (viola), Facundo Torres (bandoneón) y Omar Moreno (contrabajo).
A la hora de definirse en el plano musical, Cedrón quiere alejarse de la etiqueta "tanguero actual" y arremetió: "Yo hago música para que la gente se asombre, se emocione. No sé lo que es actual, no hay futuro, ni pasado, ni mensaje. Yo hago canciones, en la letra está la música, pero la canción es el sonido".
"Trato de crear belleza desde el lugar donde se puede, trato de ganarme la vida, sin robarle a nadie, sin mentir ni estafar, haciendo algo sincero y de raíz", acotó el músico que ahora vive en el barrio porteño de Boedo.
En plena dictadura militar, entre el 74 y el 75, se exilió a Francia porque "quería salvaguardar mi vida y la de mi familia. Militaba en superficie y los milicos empezaban a amenazar a artistas que en los reportajes daban su opinión. Hacíamos críticas, denunciábamos que había abusos, que no había ministro de educación", evocó.
"Me fui a hacer mi obra, pero es como si nunca me hubiese ido porque siempre estuve conectado con el tango, con lo que pasaba acá. A partir del 84 empecé a venir una vez por año. Ahora volví porque se cumplió un ciclo, porque mis dos hijos viven allá y no van a volver porque tienen sus hijos".
"Me volví a casar, tengo una nena de dos años, no pensé mucho. Vivo con una mujer mucho más joven que yo que sabiendo que no era un pibe decidió tener a Azul, nuestra hija de dos años", detalló.
Con relación al perfil bajo que cultivó a lo largo de más de cuarenta años con música, señaló que no se cree una vedette, "soy un tapado, por eso el público que me escucha no se tira de los pelos, es calmo, es oscuro y secreto".
En cuanto a la influencia que el rock puede tener en la forma de encarar su obra, sobre todo en los shows en vivo, deslizó que "en realidad nosotros no somos rockeros, ellos son tangueros. Yo hice siempre tango pero toqué con la Cofradía de la Flor Solar, después hicimos algo con los padres de Los Redonditos, hay muchos músicos que se criaron con nosotros".
Romina Grosso-Télam