Erdosain
-Después de veinticinco años se van los peronistas de la ciudad- comenta con tono triunfalista Abel mientras saborea el primer café de la mañana.
-Espero que no tengamos que volver dentro de veinticinco días- responde José que esta vez ha cambiado el cortado por un liso.
-La ciudad está tan mal -interviene Marcial- que las nuevas autoridades con poco que hagan ya son Gardel.
-El problema en la Argentina -continúa José- es que los únicos que hacemos "poco" somos los peronistas, el resto directamente no hace nada o lo poco que hace lo hace mal. Como decía el General: "Nosotros no somos tan buenos, pero los que nos quieren reemplazar son tan malos que terminamos quedando como muy buenos"- sentencia José mientras se pelea con una aceituna negra.
-Pienso que al santafesino común y corriente lo que le importa es que el gobierno, no interesa del signo que sea, le resuelva los temas concretos de su vida, es decir, la seguridad, el trabajo...- digo conciliador.
-No es mucho lo que pide la gente de la calle -agrega Marcial- la ciudad más limpia, más segura, con servicios públicos que funcionen...
-No es mucho, pero hay que hacer mucho para lograr tan poco- sentencia Abel, que siempre se jacta de leer los discursos de Winston Churchill.
-La ciudad de Santa Fe anda mal y en los últimos años se ha empobrecido aceleradamente, tanto es así que yo diría sin temor a exagerar que hoy esta ciudad constituye el problema social más serio de la provincia- digo convencido.
-�No estás exagerando?- pregunta José.
-Para nada -respondo- y es más, me quedo corto, Santa Fe ha perdido inversiones, obras, emprendimientos y desde hace por lo menos una década las políticas provinciales se han orientado de manera alevosa a favorecer a Rosario.
-Lo único que nos falta ahora es armar un conflicto Rosario versus Santa Fe- interrumpe Marcial.
-Además no te olvidés -señala José- que desde 1983 los gobiernos han sido de Santa Fe, no de Rosario.
-Justamente -respondo- porque eran de Santa Fe querían quedar bien con Rosario. Los peronistas no se resignan a perder en Rosario y creyeron que dándole el oro y el moro a los rosarinos se iban a ganar sus simpatías y no se dieron cuenta de que por ese camino lo único que hacían era darle más recursos a los socialistas para que siguieran gobernando; y de paso rompían el equilibrio de la provincia.
-Para colmo, a los socialistas no hay con que darles -reflexiona Abel-, gobiernan bien, trabajan y no roban.
-Admitamos que Rosario siempre fue más grande que Santa Fe- acota Marcial.
-Siempre fue más rica pero fue tres veces más rica, no setenta veces más rica como es ahora, respondo.
-Según tu razonamiento -resume Abel- ahora que el gobernador es de Rosario habría más posibilidades para que Santa Fe sea mejor atendida.
-Es muy probable -contesto- pero además Binner sabe, o debe saber, que la ciudad de Santa Fe no puede quedar a la intemperie, que por lo menos necesita en términos proporcionales las mismas inversiones que recibió Rosario.
-O sea que quien va a gobernar la ciudad va a ser Binner y no Barletta- dice José con sonrisa traviesa.
-Esa es una consideración que no tiene lugar -responde Abel como leche hervida-, la personalidad de Barletta es lo suficientemente fuerte como para no permitir que nadie gobierne en su nombre. De lo que se trata es que el gobierno provincial brinde recursos a Santa Fe como antes se los brindó a Rosario.
-Y yo diría -señala Marcial- que a Rosario mismo le conviene que Santa Fe no se venga abajo, porque si ello ocurriera Rosario sería el principal centro urbano que pagaría las consecuencias de esa desestabilización.
-En definitiva -dice Abel- los socialistas y los radicales van a hacer con Santa Fe lo que los peronistas no fueron capaces de hacer.
-No comparto- contesta José.