Señores directores: Soy un ciudadano común, al que Dios le otorgó el privilegio de tener muchos hijos y, más aún, un cúmulo de nietos. Defino así la personería porque el cuadro que sigue tiene relación con ello, pues se refiere a la pérdida sufrida por una familia, que uno siente como propia.
Un hecho desgraciado, ocurrido en nuestra ciudad, además de conmoverme, por el conocimiento personal que tenía de la víctima del suceso, profesora de una de mis nietas en la escuela Nuestra Señora del Huerto, me ha actualizado la orfandad en que nos encontramos los ciudadanos santafesinos, pues quienes desde hace años se reparten los beneficios del poder, atrincherados en sus oficinas a las que llaman "Municipalidad", no han hallado una fórmula tal que les otorgue mínima seguridad a los vecinos. No hablo de los problemas de asaltos y robos -que tienen su gravedad feroz, sin que los responsables en la materia acierten con el diagnóstico, que parece dejado en manos de los no siempre eficaces comentaristas televisivos-, sino que me refiero al más local y simple, de adaptar el transporte a las necesidades de los usuarios. Que dista mucho de una época ya lejana, en que los MAN y otras unidades similares transportaban mal, y si no se paraban por defectos mecánicos en mitad de camino entre Guadalupe y otros barrios, servían al transporte de pasajeros hasta el centro de la ciudad. Era una época -claro- en que la "gringuería" santafesina, para comprar zapatillas, guardapolvos o bombachas, tenía que necesariamente llegar a ese "centro" o sus inmediaciones. Pero ahora, con el desarrollo comercial de ese extremo no tan lejano de la ciudad, donde hay tiendas que superan incluso a sus similares del centro, no se justifica que no se haya sabido, o no se haya querido, diagramar un transporte en beneficio del usuario. �Han visto ustedes el esfuerzo que hace el conductor de un colectivo para doblar en la esquina, por ejemplo, de Mendoza y San Jerónimo? �Han visto cómo se amontonan los colectivos en San Jerónimo al llegar a Lisandro de la Torre? Podría citar muchos ejemplos más, pero los referidos justifican mi postura desde hace mucho tiempo, cuando sostengo que la Municipalidad "es" la calle y que mal puede administrar la ciudad quien no la conoce, no la camina, no la vive.
El accidente que costó la vida de una mujer física y espiritualmente bella no puede pasar desapercibido ni puede ser olvidado. No puede ser un accidente más. No puede quedar sólo en el obituario justo que merece como homenaje. Debe motivar a quienes vengan a regentear la ciudad, para que conozcan que hubo una vez una zona vedada y que Santa Fe, con sus calles angostas, con las escuelas que amontonan autos a la hora de salida, requiere un diagrama de tránsito que, por lo menos, nos proteja a los peatones y usuarios.
Este comentario tiene no sólo un sentido crítico al "no hacer". Es, además, profundamente, un homenaje a la memoria de la joven profesora, que dedico a su familia.
Carlos Héctor Parodi.
DNI: 6.214.514