Con "Tristán e Isolda"
Barenboim brilló en la apertura de la Scala
Felicitaciones. El brillante desempeño del director argentino-israelí deslumbró a los milaneses. Aquí, Barenboim es felicitado por el presidente italiano, Giorgio Napolitano. Foto: AGENCIA EFE. 

Por Beno”t Fauchet-AFP

La Scala de Milán inauguró la temporada 2007-2008 con una "Tristán e Isolda" de Richard Wagner que ilustra la maestría del argentino-israelí Daniel Barenboim y del francés Patrice Chéreau.

El estreno de esta nueva producción dio pie, como todos los 7 de diciembre, día de San Ambrosio, patrono de la ciudad, a un gran desfile de personalidades, entre ellas, los ministros italiano y francesa de Cultura, Francesco Rutelli y Christine Albanel, respectivamente.

Pero las miradas y los oídos de los melómanos estaban más atentos al trabajo de Barenboim y Chéreau, que presentan juntos esta obra hasta el 2 de enero en la Scala, más de un cuarto de siglo después de haberlo pensado por primera vez.

El director teatral ha preferido esperar hasta la madurez (63 años) para abordar esta obra maestra por temor a que esta segunda incursión personal en tierras wagnerianas quedara ensombrecida por su mítica "Ring" de Bayreuth (1976-1980). Ha hecho bien en esperar, a juzgar por el resultado, que sorprende por su fuerza tranquila, que resalta la dramaturgia musical de la obra sin desviarla nunca de su cauce.

El telón sube, en la bruma, en un impresionante decorado vertical y monumental: Richard Peduzzi, escenógrafo fiel de Chéreau, ha concebido una gran embarcación de hoy, metálica y oxidada, que agrieta un muro antiguo como el imperio romano. Como si Tristán e Isolda no pertenecieran a una tierra, a una época particulares, sino que son figuras universales a la deriva entre el amor y la muerte.

En el acto II, el barco ha desaparecido, como es lógico, pero no el muro romano, rodeado de cipreses, uno de los cuales proyecta una hermosa sombra sobre la torre de guardia. En este cuadro nocturno, aureolado con espléndidas luces frías, Chéreau, el director, concuerda el famoso dúo de amor con una sana economía de gestos y miradas.

Perfecta adecuación

El golpe de efecto acecha: Tristán responde a sus pulsiones mórbidas arrojándose contra una lanza, y la perfecta adecuación entre lo que se ve (escenario) y escucha (foso) hiela la sangre cuando de repente se hace la oscuridad.

El drama concluye en un puerto de cemento, con su espigón y su escalera de acceso, donde Tristán exhala su último suspiro en un conmovedor momento a solas con Isolda: ella tiene los rasgos de la mezzo alemana Waltraud Meier, con un vibrato pleno de emoción, que se abandona a una memorable "muerte por amor".

El reparto, en conjunto, desmiente a los teóricos de la crisis del canto wagneriano.

Con su timbre de plata, el tenor británico Ian Storey redondea a Tristán, mientras que el bajo finlandés Matti Salminen compone un rey Marke (tío de Tristán) absolutamente señorial. La mezzo norteamericana Michelle DeYoung (Brangania, doncella de Isolda) y el barítono alemán Gerd Grochowski (Kurwenal, lugarteniente de Tristán) destacan en su debut en la Scala.

Dirección dramática

A sus 65 años, Barenboim no lidia por vez primera con "Tristán" -dirigió la obra en 1981 en Bayreuth y en 1992 lo hizo en Berlín- y esto se puede oír: bajo su dirección muy dramática, finamente pulida, la Orquesta de la Scala no adolece de encantos venenosos ni de una tierna seducción.

Bajo una lluvia de flores arrojadas desde las galerías altas, el público milanés aclamó a su nuevo "maestro scaligero" (maestro de la Scala), primer director invitado de la casa sin el título, pero, sí, con los honores debidos.

Barenboim dirigirá siete representaciones hasta el próximo 2 de enero y se ha comprometido a una colaboración artística con el coliseo milanés que culminará con la dirección, en la temporada 2010-2011, de la "Tetralogía" de Wagner.

Descalzo

Daniel Barenboim dirigió descalzo la ópera "Tristán e Isolda" en La Scala, al habérsele roto uno de sus zapatos, explicó el propio músico. La prensa ya había destacado que el director había actuado sin utilizar sus habituales tradicionales zapatos de charol, pero no había trascendido el motivo. El propio Barenboim aclaró que "uno de mis zapatos se rompió y me quité los dos".

La popular ópera "Tristán e Isolda", del compositor Richard Wagner, con puesta en escena del francés Patrice Chéreau, inauguró la temporada 2007-2008 de La Scala ante un público entre el que se encontraban varios jefes de Estado.