Gran Hermano se perdió en el horizonte y Mariano Peluffo quedó como una mancha de aceite en el mar. Sin embargo, el vapor volvió y recogió algunos de los náufragos de la franja horaria de la siesta que había proporcionado satisfacciones con sus debates dedicados a Gran Hermano.
Los estrategas sublimes de Telefé, entonces, en lugar de utilizar el ingenio y lanzar un producto diferente, recuperaron la mancha de aceite y el espíritu del ciclo anterior para lanzar un refrito titulado "¿Por qué no te callas?" (lunes a viernes a las 13.30), la frase más trascendente que habría pronunciado un rey de España desde los tiempos de Carlos I, o la que tuvo mayor repercusión gracias a los criterios selectivos de los medios de comunicación.
La mixtura reunió a varios componentes de Gran Hermano, Peluffo en primer término, un panel con algunos de los mismos miembros, el debate y una vaga noción acerca de la vida privada, cuya divulgación hasta el escándalo sería la base del éxito de GH, y que aquí se continuaría. Ahora son parejas que compiten con su intimidad por artefactos del hogar y otros tesoros, o sea que se ha logrado una cruza con los programas de juego y entretenimientos.
Ya que se trata de un concepto amplio de "parejas", el programa sería sobre los "vínculos", dado que se anunció que también pueden ser jefes y subordinados, acreedores y deudores, vecinos y socios.
En el programa inicial compitieron dos binomios heterosexuales que fueron denominados "parejas consolidadas", una nueva expresión que intenta abarcar fenómenos propios de la confusión provocada por la desintegración de los lazos sociales. Antes, existían expresiones como "novios" , la ligeramente descalificadora "juntados", "amantes" y el clásico marriage blanc, por no estirarse a estadios inferiores de la civilización humana que estudian los antropólogos, y tomando como punto de partida el momento en que el hombre se conformó con una sola mujer: singulis uxoribus contenti sunt. Esta nueva institución que la tele llamó "pareja consolidada" constituye una fórmula alejada definitivamente de todo romanticismo, para acercarse a las columnas de Ámbito Financiero.
El panel lo integran Marisa Brel, la española Lola Cordero, el periodista Augusto Tartúfoli, Jorge Dorio, el humorista David Rottemberg y Pachu Peña, es decir que incluye personas dignas que, seguramente, necesitan asegurar medios de vida a su familia. Son denominados "debatistas" -un atropello al idioma-, aunque no les resulta fácil encontrar algún tema de debate.
En este anticipo de la televisión del verano, el elemento dinámico es Mariano Peluffo, a quien se considera un histórico de Gran Hermano, ya que participó en las cinco ediciones del ciclo, y en el cual se inició como lugarteniente de Soledad Silveyra. En ese entonces, su perfil era sobrio, el de un edecán, aunque fue creciendo en desenvoltura y aplomo a través de los "debates". Su exposición en la pantalla este año llegó a las 50 horas mensuales.
Es posible suponer que la tele ha procreado un nuevo monstruo, surgido hace muchos años en Cablín. En los "debates" fue aprendiendo, a golpes, el arte de la diplomacia o la administración racional de los exabruptos, como el día en que, en un "debate" de Gran Hermano, el participante Sebastián Craviotto sostuvo que los rugbiers son personas y que no actuaban como negros. Sebastián salvó la situación distinguiendo una nueva categoría de la raza humana, la de "negros del alma", según había querido decir, pero volvió a tropezar diciendo que un jugador de polo jamás cometería una violación.
Se puede percibir cierto matiz de discriminación en estas ideas, aunque sería prematuro hablar de epidemia, aun después de la disputa entre Roberto Piazza y Lucho Avilés en el programa de Tinelli, donde el modisto llamó "negro de mierda" a su detractor, y declaró que la gente de color oscuro le resultaba intolerable.